Inicio Cultura El Panorama Cultural en Mérida

El Panorama Cultural en Mérida

19
0

Visitas: 47

Mientras preparábamos esta nota para su publicación, su autor nos hizo llegar la respuesta que recibió a las preguntas que expone, por lo que decidimos incorporar ese texto a la nota original. Lo encontrará líneas abajo, bajo el título «Donde Dice, Debe Decir.»

Consideramos que ambos textos son importantes para dejar en claro la problemática que muchos autores yucatecos viven en estos días cuando desean publicar sus obras, a manera de que se dirija la necesaria atención y recursos hacia todos aquellos que han demostrado que desean enriquecer el panorama cultural de nuestro estado y, al mismo tiempo, señalar a aquellos que parecieran no estar haciéndolo sino en beneficio de aquellos que conocen.

Juzgue, pues, el lector la validez de la ponencia de Adán Echeverría, uno de nuestros talentos yucatecos.

Panorama_1 

El panorama cultural en Mérida

y la necesidad de mirar hacia afuera

Me parece que el panorama cultural en Mérida, Yucatán, está creciendo mucho. El trabajo que vienen desarrollando los promotores de cultura, junto con los grupos independientes, más las escuelas de escritores, los diferentes foros como Tapanco, La rendija, Macondo, la misma Escuela Superior de Artes de Yucatán, y sus áreas de dramaturgia y artes visuales, o de música, han hecho que el crecimiento cultural en Yucatán se perciba.

Cada mes, si es que no cada semana, hay alguna actividad que realizar, alguna muestra de teatro, alguna galería que inaugure la obra de algún artista visual. ¿Qué es lo que creo que falta? Falta crítica, dejar de aplaudirse los unos a los otros. Falta menos víscera en las críticas, readecuar las soberbias y alejarnos de las vengancitas estúpidas. Aún existen esos pequeños fanfarrones que creen que lo saben todo, y que lo pueden todo. Aún existen, como personajes de pueblo del siglo XIX, pequeños que viven de quién fue su abuelo, su padre, su mami y, entonces, otros les hacen la corte y les dicen: “Vaya, vos sí que heredasteis el talento de la familia para el periodismo; Yo conocí a tu madre, excelente primera bailarina, vos salisteis con todo su talento; Oye, qué bien pintas, tu padre debe estar encantando, ahí en la gloria de Dios.” Y cosas por el estilo.

El genio no se mama, se construye. Pondré algunos ejemplos históricos:

Hay que revisar el nacimiento del Instituto de Cultura de Yucatán, junto con el nacimiento de Bellas Artes, en el estado de Yucatán, el cual se aleja apenas a los años 60. Los grupos de escritores estaban bajo el gobierno de Juan Duch Collel, un español avecindado en Yucatán que logró en aquellos años la presencia de incluso Pedro Salinas. Conforme los años fueron sucediéndose, cerraron las puertas a los jóvenes.

El primer impulso se da con los talleres de la Universidad, de donde salieron un número interesante de cuadernillos que aún se consiguen en la librería de la Universidad: Roger Campos para revisar poesía, y Joaquín Bestard (recién fallecido), para revisar narrativa.

Sin embargo, igual comenzó el impulso de talleres literarios en la Casa de FONAPÁS, que era una agencia federal cuyas oficinas se encontraban en lo que hoy es la Casa de la Cultura (o de las Artesanías, ahí por el edificio de Monjas, en la calle 63); estos talleres fueron impartidos por lo que poco a poco fue consolidándose a nivel federal como la Sociedad General de Escritores de México (SOGEM); uno de estos talleristas vino a Mérida, y agrupó a dichos jóvenes para fundar el Centro Yucateco de Escritores, A.C.; entre los miembros fundadores se encuentran Beatriz Rodríguez Guillermo, Jorge Lara, Roger Metri, Jorge Cortés Ancona, Óscar Sauri, Claudia Sosa, Melba Alfaro, Luis Alcocer (quien al día de hoy es presidente de la misma agrupación).

Luego de esto se sucedieron muchas incorrecciones y alejamientos, que más tuvieron que ver con rencillas particulares (pleitos por poder, por vanidad, por sexo, por presupuestos, como siempre); muchas de ellas eran respecto a la postura de algunos sobre las filiaciones sexuales de los integrantes. Era sabido que los personajes de la Universidad rechazaban que un homosexual llegara a un puesto de gobierno en el ámbito cultural. Así que, cuando Jorge Esma Bazán (un dramaturgo yucateco de mediana talla que intentó consolidarse a nivel nacional, pero jamás pudo conseguirlo) volvió del Distrito Federal, a su regreso a Mérida se desempeñó en Cultura. Él había abierto la mente a muchos personajes del aparato gubernamental para no tener esas barreras homofóbicas como otros, y llegó a ser nombrado Director del Instituto de Cultura de Yucatán. Con su gestión, las cosas cambiaron radicalmente, porque la apertura fue amplísima. Entonces el mismo CYE (Centro Yucateco de Escritores) cambió radicalmente.

Personajes como Jorge Cortés Ancona decidieron separarse del grupo original y, en vez de apoyo, comenzaron a poner impedimentos. Ahí comenzó una lucha únicamente por los presupuestos. Esto ocurría en los años 80 y 90.

En 1993 se funda Navegaciones Zur, y también se funda El Juglar, un suplemento cultural del ya desaparecido ‘Diario del Sureste’, órgano oficial del gobierno. Política y cultura comienzan a caminar de la mano.

Posteriormente se funda la licenciatura en Literatura en la UADY, y luego se funda esa misma licenciatura en la Universidad Modelo. Estamos entrando a los años 2000, cuando tiene su nacimiento la Red Literaria del Sureste. Más adelante se fundarán las dos Escuelas: la de Escritores, que originalmente dependería de la SOGEM, y la de Creación Literaria, que depende de Bellas Artes.

Con el paso de los años ha vuelto a ocurrir lo mismo: al día de hoy, la primera escuela, la de la «Sogem», está tomada por integrantes del CYE, y la de Creación Literaria está tomada por los integrantes de la Red Literaria del Sureste; hay escritores a los que les vale totalmente ese drama que se traen unos con otros, y dan clase en ambas Escuelas.

Pero Mérida ha crecido y esa batalla, con el tiempo, fue perdiendo sentido. Son muchos los que han venido a vivir a Yucatán y que no han entrado en esa disputa generacional, ni de grupismos, o al menos así pareciera. Sin embargo, la batalla sigue existiendo y las descalificaciones, como las premiaciones de unos (como jurados) sobre otros (sus agremiados) se siguen repitiendo, como sucedió hace apenas unos pocos meses con el Premio de Poesía de Prohispen, que durante dos años seguidos ha premiado a integrantes de la Red Literaria del Sureste, siendo jurados precisamente personajes de la misma agrupación.

Hay autores (escritores) que habitan otras plataformas ajenas a esas rencillas, que parecieran estar ajenos a dichas actividades y a dichas batallas. Sin embargo, aunque no se den cuenta, son afectados.

En un reciente intercambio de correspondencia, el Lic. Jorge Cortés Ancona me dijo que los integrantes de la antología «Karst, escritores de la península de Yucatán en 2016» no son conocidos por la Subdirección de Literatura, porque son ellos los que no se han acercado a la misma, cuando debiera ser todo lo contrario.

Las ediciones que aparecen en Sedeculta siguen siendo de personajes de la Red Literaria del Sureste; pocos son los escritores del CYE, y los que, no perteneciendo a dichos grupos, logran ganar un premio son poquísimos.

Sin embargo, no hay foros donde se expliquen las convocatorias, no hay directorios de escritores, no hay catálogos que relacionen a los nuevos escritores, a los escritores con mediana trayectoria, a los escritores con una trayectoria más amplia, para que las ediciones tengan esa misma categorización.

Los integrantes del Consejo Editorial son, en su mayoría, personajes de la Red Literaria del Sureste; algunos de ellos, por vivir pegados a los presupuestos de cultura, ahí permanecen durante años.

El número de escritores yucatecos, o radicados en Yucatán, se encuentra entre los 150 y 200 autores para este 2017. Uno los puede categorizar, respecto a su trayectoria, como Iniciados, De Mediana Trayectoria, y de Amplia Trayectoria, no por su edad.

Por ejemplo, Óscar Sauri, quien fuera incluso director de literatura, podría considerarse de Amplia Trayectoria: se ha hecho a sí mismo homenajes bajo el amparo y apapacho de alguien como Irving Berlín Villafaña, que también se ha dado premios a sí mismo. Pero, ¿recordamos alguna de las obras de Óscar Sauri?

Lo mismo ocurre, por ejemplo, con Claudia Sosa: ¿cuál es su obra? Lo mismo con Víctor Garduño, quien tiene un libro de cuentos que ha publicado en dos ocasiones en un lapso de más de diez años. Los otros: misterios. La realidad es que dichas obras (la de Víctor, Sauri, Sosa) no trascienden las fronteras yucatecas porque no se promocionan, no se dan a leer, no se hace crítica sobre ella.

Ya son muchas las generaciones que se han graduado de las dos Universidades, y los estudiantes que se han graduado no se han atrevido a hacer crítica sobre las revistas, los portales de literatura, la obra de los escritores. Si han aparecido como Tesis, se han quedado ahí, guardadas en las bibliotecas.

Recientemente, en la revista «delatripa» publicamos un excelente trabajo de Cristina Leirana sobre la literatura infantil en Yucatán. Trabajos como éstos hacen falta en Yucatán. Un análisis de la dramaturgia, no solo un recuento, un análisis de los cuentistas, un análisis de la obra poética, pero eso aún no ocurre.

Apenas se elaboran algunas reseñas, pero estas quedan en los portales, no son retomadas, no son debatidas, no son confrontadas contra el tiempo, contra los lectores, como influencias en nuevas generaciones. Y cuando «se debate» en Mérida, solo se ataca personalmente.

La realidad es esa: una persecución de presupuestos para becas, proyectos, publicación de libros y entrega de premios, pero muy poco sobre la crítica a la literatura de Yucatán, sobre su comparación con otras literaturas, sobre su influencia.

La literatura yucateca está viva. En dos años – 2015 y 2016 – se han hecho dos antologías; una de ellas es Casi una isla, que al final dejó fuera a muchos autores que entraban en la edad pero que, por cuestiones de presupuestos y amiguismos, no cuajó en forma. Mario Pineda y yo hemos antologado a aquellos autores de los que teníamos conocimiento, ya sea porque se han acercado al taller literario, o porque han participado en nuestros proyectos de revista. Sin embargo, ambas iniciativas – la de Marco Murillo y Jorge Manzanilla, como la de Mario Pineda y mía – debían ser apoyadas por la Sedeculta.

Jorge Cortés Ancona me escribió enviando un «Dictamen» en el que se niega el apoyo a la publicación, porque carece de calidad. Una antología que ha sido impresa en una revista en Guanajuato, con autores que publican en revistas nacionales, que han ganado premios por sus obras, y Jorge Cortés Ancona dice que Ángel Fuentes Balam, o Daniel Medina Rosado no tienen calidad con respecto a la obra poética de Alegría Agosto, a quien recientemente editó Sedeculta Yucatán.

Estas actividades deberían ser absorbidas por dichos servidores públicos. Tengo noticia de una nueva antología de cuento editada por Sedeculta, del taller de Víctor Garduño, pero es difícil acercarse a ella desde Ensenada, Baja California. Lo que se necesita es la distribución de los libros, las lecturas, las presentaciones, las publicaciones hacia afuera del estado.

La narrativa escrita por mujeres, por ejemplo, lleva una línea muy clara que puede seguirse: Carolina Luna, luego Patricia Garfias, y ahora Violeta Azcona Mazun. Ni Patricia Garfias ni Violeta Azcona tienen libros que puedan leerse a nivel nacional porque la Sedeculta ha fallado a este respecto: no ha permitido ni privilegiado la reunión de esa obra.

Cuando en el período 2006-2009 realicé para el Instituto de Cultura «Novísimos escritores yucatecos», incluimos autores de poesía, narrativa y ensayo. Cuando el CYE tuvo la oportunidad de publicar «Litoral del relámpago», se agruparon narradores y poetas.

La antología «Casi una isla» marca en este sentido un franco retroceso, porque no incluyeron a los narradores de esa generación. Además, dicha antología dejó fuera a muchos autores de poesía como Esaú Cituk Andueza y Mario Pineda. Mario, que incluso ganó el premio de poesía joven Jorge Lara quedó fuera por cuestiones de presupuestos, al definirse qué no tenía la estética que necesitaba dicha antología.

La antología Karst, a la que le fue negada la publicación por parte del Consejo Editorial cuando se buscaba una coedición Tijuana-Mérida, incluye 21 autores, narradores y poetas nacidos o avecindados en la Península de Yucatán. El veredicto fue que no tenía calidad, dejando a un grupo de 21 autores sin el apoyo institucional.

Autores yucatecos actuales a seguir: los narradores Carolina Luna, Carlos Martín Briceño, Roberto Azcorra, Will Rodríguez, Violeta Azcona; Poetas a seguir: Manuel Iris, Ileana Garma, aunque para ambos hay que revisar sus textos y alejar un poco la soberbia que los reviste y muchas declaraciones absurdas que realizan en pro de quedar bien con quien puede brindarles un apoyo en cuestiones culturales, ya que ambos aplican el «habla bien de quien te puede ayudar a merecer». Hay que revisar detenidamente a Jorge Lara, a Álvaro Chanona Yza, al mismo Ángel Fuentes Balam, a Daniel Medina, a Ángel Augusto Uicab. Y esperemos que pronto puedan editarle un libro en físico a Violeta Azcona, a Daniel Medina Rosado, a Ángel Augusto Uicab, a Jhonny Eúan.

Si la Sedeculta en su área de Literatura se dedicara a establecer un directorio creciente, una búsqueda de autores yucatecos, la literatura yucateca saldría ganando. Con las nuevas plataformas tecnológicas, bien podrían catalogarse a los autores Iniciales, a los de Mediana Trayectoria y a los de Amplia Trayectoria, considerando Premios y Becas (estatales y nacionales), Publicaciones Personales, Publicaciones Colectivas, Publicaciones en Físico (estatales y nacionales, tanto como de autor, o por medio de un consejo editorial), Publicaciones en PDF, Apariciones en publicaciones periódicas en físico, en PDF o virtuales (sólo en línea), en portales nacionales como en portales internacionales, ya que dichos directorios o catálogos solo podrían hacerle bien a nuestra literatura yucateca o mexicana.

En México, como en toda América Latina, los escritores no pueden vivir de ser escritores. Hay que definir muy bien el tipo de escritor que se es. Es decir, en una antología de cuentos de Scott Fitzgerald se menciona que con la venta de uno de sus cuentos el autor se pudo comprar una casa. Eso nunca ocurrirá en nuestro país con los escritores. El Premio Aguascalientes de Poesía otorga 250 mil pesos, y la más pequeña casa del Infonavit cuesta 350 mil pesos.

Recientemente, la revista Tierra Adentro, donde he publicado textos desde el año 2004, me comentó que no podía publicarme mientras no pudieran pagarme. Como soy becario del Conacyt, no puedo darme de alta en Hacienda, ni cambiar todos mis datos fiscales para poder acceder a un pago de 2400 pesos por un cuento que iban a publicarme en enero de 2017. Esas fueron las noticias que Bernardo Esquinca, el editor de la revista Tierra Adentro, me señalara. Una absurda forma de cerrarle la puerta a los creadores.

Los presupuestos en Cultura son muy pocos, y muchos los que se dicen escritores, y los que son escritores. Por tal motivo, la batalla por los presupuestos se vuelve una descalificación infame. Son 32 entidades federativas; hay alrededor de 200 escritores en Yucatán cuyas edades fluctúan entre los 80 y los 16 años. La batalla presupuestal es totalmente estúpida, porque de inicio está mal enfocada; por otro lado, muchas obras que se pudieran financiar con becas o presupuestos federales o estatal no llegan a materializarse. Es decir, autores becados no terminan sus proyectos porque no hay supervisión para que lo hagan, y lo peor es que ni siquiera publican la obra por la que fueron becados. Eso lo he visto con muchas personas, muchos «artistas». Cuando fui becario del Fonca en 2005, éramos cinco becarios en novela: solo dos publicamos nuestra obra, una chica de Sonora y yo; de los otros tres, ni siquiera pude saber si terminaron la obra por la que fueron becados, porque no la publicaron.

En nuestro país, necesitamos trabajar en algo que nos permita obtener un sueldo y que éste además nos permita escribir. Lo cierto es que, si pudiéramos tener un trabajo con el sueldo que necesitamos para vivir, lo más pegado al interés que tenemos – en este caso la literatura – sería mucho mejor. Se pueden impartir talleres, se puede promover la literatura, se puede trabajar como agente literario, profesor, de asignatura, investigador, se puede perseguir premios y becas, vivir de ellos, si tenemos el empacho para ello; continuar con los estudios, y generarte una amplia cultura. Pero pocos son los que viven de sus regalías por la venta de sus libros.

Falta mucho. Las direcciones de literatura de los estados dejan de lado la posibilidad de tener Programas Interdisciplinarios de Servicio Social. Si cada Dirección de Literatura tuviera un grupo de estudiantes cumpliendo su Servicio Social interdisciplinario para cada autor que publican, estos autores – por lo menos durante las 480 horas que tarda el Servicio Social – pudieran tener participación con la sociedad. Pero pretenden que todo parezca una imposibilidad de presupuestos, de gastos presupuestales.

Ejemplificaré de nuevo: En 2015, apareció la multi mencionada antología «Casi una isla» en Yucatán. Los compiladores, Jorge Manzanilla y Marco Murillo, viven fuera de México, estudian el posgrado en el extranjero. Sin embargo, la mayoría de los autores antologados viven en Mérida, o en México. La subdirección de Literatura y Promoción Editorial de la Sedeculta, a cargo de Jorge Cortés Ancona, bien podría disponer de un equipo de tres o cuatro estudiantes de Servicio Social – uno de la carrera de Diseño, otro de Comunicación, uno de Historia, Antropología Social, o incluso de Psicología – y hacerles toda una campaña publicitaria a los autores, al libro mismo, para que se promoviera en la radio, la prensa, la televisión yucateca, e incluso la nacional, durante 3 meses sin descanso, con la finalidad de que se interesen por la obra. Pero no lo hacen. Entonces ¿quién conoce el libro «Casi una isla«? Solo los autores y los que nos dedicamos a la literatura.

Lo mismo ocurre con cada libro que Sedeculta publica: su esfuerzo y su apoyo terminan en eso, en ver la publicación, en intentar una sola presentación, y nada más. Eso es una pena. Se necesita mucho más: Necesitan promover a sus autores, promover sus libros; pero, pegados a los presupuestos operativos anuales (POAs), solo se dedican a cumplir con lo que ya se ha establecido, sin apostar por la creatividad. Son incapaces de mirar los beneficios de los programas de Servicio Social que, en México, son parte de los requisitos en casi todas las universidades para obtener el grado. ¿Por qué no aprovecharlo?

Adán Echeverría

Donde Dice, Debe Decir

Agradezco enormemente la lectura hecha por el Lic. Jorge Cortés Ancona de mis palabras, evidente por su pronta «respuesta» publicada en el periódico Por Esto! el martes 7 de enero de 2017. Gracias a ello, hay que señalar que, en mi texto, donde dice “Pedro Salinas” debe decir “Pedro Garfias”, y donde dice “subdirección” debe decir “jefatura.” Los demás puntos (de los 9, ya que el licenciado requiere precisión), sólo retórica para negar lo evidente.

El tema de la constante rencilla por presupuestos entre integrantes del CYE y la Red Literaria del Sureste tiene muchos años, y hay muchísima evidencia publicada al respecto. Baste pasarse no más de una hora revisando el internet, o ir con calma a la hemeroteca ahí en Mérida. Tan cierto como lo expresa Irma Torregrosa: «Qué flojera repetir algo que ya todos sabemos. Tiene razón en muchas cosas, eso sí; sin embargo, el que escribe (lo que sea que escriba), escribe a pesar de todas estas cosas. Que es difícil, lo es. Pero al final lo que importa, en mi humilde opinión, es la literatura, la poesía, en fin. Todo el contexto que se menciona es en Yucatán y a nivel nacional. Es verdad, hace falta crítica a la literatura de Yucatán, vamos, en México hace falta crítica; pero este artículo no es eso, es simplemente «un recuento de algo que se ha cantado desde hace mucho y en muchas ocasiones». (El subrayado es mío).

En su numeral 2, el licenciado Jorge Cortés Ancona señala «Nunca puse impedimentos a ningún grupo literario, como señala sin fundamento alguno. (…) Un somero repaso histórico de lo acontecido hasta la fecha puede demostrar la falsedad de la aseveración.»

Usted, lector, para no dejarse engañar, puede revisar esta nota: «El escritor radicado en Chihuahua Jorge Guerrero de la Torre denuncia que la Secretaría de la Cultura y las Artes (SEDECULTA) por conducto del departamento de Fomento Literario y Promoción Editorial le notificó en 2013 que su novela había sido aprobada, pero el pasado 18 de junio de 2014, Jorge Cortés Ancona jefe del departamento de Fomento Literario y Promoción Editorial de la SEDECULTA le dijo que siempre no estaba aprobada por el Consejo Editorial». (Léala acá: http://www.elpueblo.com/notas/Escritor-acusa-fraude-en-Sedeculta). Allí se evidencia lo que el licenciado Cortés Ancona indica como inexistente: que, como portavoz del Consejo Editorial, aprueba y desaprueba las ediciones de libros en Sedeculta.

En su numeral 5, el licenciado Cortés Ancona aclara: «(…) el puesto que me corresponde desempeñar implica atender a escritores, pero también a bibliotecarios, promotores y mediadores de lectura, investigadores, editores y, en particular, a los lectores de todas las edades. Se procura atender en lo general a la población yucateca, sin privilegios de ninguna índole.» Cosa que debería hacer, y por eso yo escribí: «Si la Sedeculta en su área de Literatura se dedicara a establecer un directorio creciente, una búsqueda de autores yucatecos, la literatura yucateca saldría ganando.» No veo cómo señalar lo anterior puede ser malo, si es una propuesta para mejorar el trabajo que desempeña.

Sin embargo, Cortés Ancona deja en claro en un correo electrónico que me envía, que son los escritores quienes deben acercarse a su oficina, que son los que deben conocer el «Decreto número 64, publicado en el Diario Oficial del Gobierno del Estado de Yucatán de fecha 10 de mayo de 2013 (suplemento).» Y en eso se equivoca rotundamente.

Los escritores existen sin los departamentos de literatura, pero los departamentos de literatura no tienen razón de ser si no es para apoyar, conocer, difundir, el trabajo de los escritores de cada región. Qué cómodo es estar sentado en una oficina, cobrar un salario del presupuesto público, y luego decir: «Publico a los que vienen a mí, y se acercan a mi departamento, yo no tengo que moverme. Me basta con los que me conocen, saben el camino, y se acercan.»

Queda claro, querido lector, que solo se acercarán los amigos, y los amigos de los amigos, y los que caminan en los sectores donde haya amigos de los amigos de los amigos de aquellos cercanos al departamento de Literatura. Todos los demás que sean escritores, pero que no tienen ese conocimiento, por la poquísima promoción que existe, entonces no se acercarán; lo anterior, más allá de las historias que existen de quienes se han acercado, como ahora lo hicieron 21 autores de la antología Karst, y que fueron rechazados.

En lo relativo al numeral 6, que habla sobre el Consejo Editorial, valdría la pena revisar: «La literatura yucateca nos ha dado a conocer como estado y da sentido de pertenencia a todos los habitantes de esta tierra y nos debe dar universalidad. Con ese propósito establecemos el Consejo Editorial de la SEDECULTA, reconociendo que la expresión literaria tiene un profundo valor social y económico. Hoy formamos un Consejo Editorial plural, con muy buenos lectores y escritores, que estoy seguro pondrán manos a la obra en impulsar la producción literaria para que esté a la altura de su pasado, de las circunstancias, de los lectores, los escritores y sobre todo cumpla con las expectativas de nuestra sociedad. Esto también debe inyectar una nueva dinámica cultural en la economía, con más y mejores empleos e ingresos para quienes se dedican al diseño, a la corrección de estilo, a los editores, los promotores culturales y por supuesto, a los escritores. Asimismo, la producción editorial debe estar fincada en un sólido respaldo de la audiencia, del mercado, de los lectores como espectadores cautivos, que deberá ir también de la mano de una estrategia integral de fomento a la lectura, para que no sólo se editen más libros, sino que también sea leída una mayor cantidad de nuestros productos editoriales. De igual forma, la producción editorial estará articulada dentro las políticas de fomento cultural de Yucatán para dar a conocer en México y el Mundo lo que se escribe y lo que se hace en esta tierra.» (Tomado de acá: http://www.yucatan.gob.mx/blog/ver_articulo.php?id=245). Esas fueron las expectativas, buenas, serias, altas, pero que no se han cumplido. Rescatemos «para que no sólo se editen más libros, sino que también sea leída una mayor cantidad de nuestros productos editoriales.«

En vez de defender al Consejo Editorial, el licenciado Cortés Ancona – que escribe cosas como: «En mi condición de secretario ejecutivo del Consejo Editorial de la Secretaría de la Cultura y las Artes» – debería demostrar cómo mide «que sea leída una mayor cantidad de los productos literarios» publicados por su departamento con los recursos públicos. En la internet no se puede encontrar ni siquiera un Catálogo que muestre y evidencie todos los libros que la Sedeculta ha publicado, el tiraje que tuvieron, las ventas, las donaciones, los intercambios. En un correo que me envía me dice: “Tu novela Arena, está agotada.” ¿Y eso qué? Debería decirme, a mí y a todos los que tenemos libros publicados en esa dependencia, en qué tiempo se agotó la edición, lo que te impulsaría a pensar que te están leyendo y, si te están leyendo, entonces el Consejo Editorial igual debería validar las reimpresiones de las obras. Pero eso no ocurre.

Dice que mi redacción es confusa, que son falsas mis afirmaciones, pero luego aclara: «El Dr. Echeverría ha sometido a dictamen del Consejo Editorial del extinto Instituto de Cultura de Yucatán su novela “Arena” y, años después, en el Consejo Editorial de la Sedeculta, su libro de cuentos “Compañeros todos”. Ambos fueron coeditados con editoriales propuestas por el mencionado autor; la primera obra con Atemporia (de Coahuila) y la segunda con Ficticia (de la Ciudad de México). Además, se editó su libro para niños “Las sombras de Fabián”, ganadora de un premio estatal convocado por el Instituto de Cultura de Yucatán en 2011.» Reconoce que dos de mis libros de prosa se leen y distribuyen a nivel nacional, y que mi obra infantil, es digna de recibir premios y de ser editada. Sin embargo, en su Dictamen sobre la antología Karst señala, junto con el Consejo Editorial, que la selección de 21 autores que hice está desequilibrada: «Hay diferencias cualitativas entre los trabajos de los autores seleccionados y, en ocasiones, entre los mismos textos de un solo autor. Esta divergencia no ayuda a la adecuada apreciación de quienes tienen un buen nivel en sus textos.»

Sin embargo, Jorge Cortés Ancona parece no tener memoria: la antología «Casi una isla«, que fue publicada por Sedeculta, fue presentada en un primer texto, y posteriormente fue totalmente modificada, al grado de quitar autores y de meter a otros. Es decir, si el Consejo Editorial señala «diferencias cualitativas entre los trabajos de los autores seleccionados», bien pudieron haberse revisado, con el fin de mejorar los textos, como la antología misma.

Además, como bien apunta el licenciado Cortés Ancona, lo cual agradezco, dos de mis libros se hicieron en coediciones con editoriales de distribución nacional que yo mismo conseguí. Justo como ahora había conseguido la Coedición de la antología Karst, con una editorial radicada en Tijuana, con la idea de promover a 21 escritores de la península de Yucatán, al otro lado del país. Pero el Consejo Editorial, en un dictamen que me hizo llegar Cortés Ancona, mismo que carece de firmas, decide que «no se autoriza su publicación a cargo de la Secretaría de la Cultura y las Artes.» Por lo tanto, lo que comento sobre el Consejo Editorial de Sedeculta no es ni indebido, ni es injusto: Entregan un dictamen que no firma nadie y son incluso acusados por escritores que no viven en Yucatán por autorizar y desautorizar de manera arbitraria, como vimos arriba en la nota del escritor Jorge Guerrero de la Torre.

En su numeral 7, Cortés Ancona expresa: «Es falsa su aseveración de que ‘las ediciones que aparecen en Sedeculta siguen siendo de personajes de la Red Literaria del Sureste, pocos escritores del CYE.’”

Baste un acercamiento rápido de nuevo a la internet para evidenciar lo que el licenciado Cortés Ancona insiste en querer ocultar: La Red Literaria del Sureste (leer acá a sus integrantes http://redliterariadelsureste.blogspot.mx/), está integrada entre otros por: Jorge Cortés Ancona, Agustín Abreu, Marco Antonio Murillo, Miguel Ángel Civeira, Rodrigo Quijano Arjona, José Castillo, Rosely Quijano, Rodrigo Ordóñez, Carlos Castillo Novelo, entre otros; han creado otro portal en internet y han reducido el número, claro, después de que Cortés Ancona ha publicado a muchos de ellos.

Estos son algunos de los libros que se han publicado de escritores que forman y formaron parte en cualquiera de sus épocas de la Red Literaria del Sureste, editados desde que Jorge Cortés Ancona comenzara a trabajar en lo que hoy es Sedeculta, antes Instituto de Cultura de Yucatán: 1) Los reflejos de Agustín Abreu, 2) Méster de José Díaz Cervera; 3) Garabato de José Castillo Baeza, 4) La sal enferma de Rodrigo Quijano, 5) Los olvidos de la literatura yucateca de principios de siglo XX: Pedro I. Pérez Piña, (gran libro) de Rosely Quijano León; 6) La persistencia del tiempo, de Rodrigo Ordóñez, 7) Casi una isla de Marco A. Murillo, que reúne el trabajo de 9 autores de poesía, 7 de los mismos o forman parte o están relacionados con la Red Literaria del Sureste; 8) Lobo sin luna, Joaquín Tamayo.

En una rápida revisada nos encontramos con estos 8 libros de autores relacionados a la Red Literaria del Sureste. Mientras tanto, de los escritores que han formado parte del CYE han publicado a Carolina Luna, Víctor Garduño, Melba Alfaro, Brenda Alcocer y… paren de contar. Bien valdría el análisis literario y crítico de cada una de las obras acá expuestas. Pero que no diga Jorge Cortés Ancona que no existe esa tendencia, y que no se sienta atacado (habla incluso de animadversión de mi parte) ante lo que –repito– es más que evidente. La pluralidad es necesaria, pero lo es igual transparentar las decisiones.

Ahora sí le pregunto:

¿Por qué no hacer públicos los dictámenes del Consejo Editorial de cada una de las obras que se deciden publicar o que son rechazadas? Seguro estoy que los escritores validarían los porqués de tales decisiones, y podrían afinar sus trabajos en el futuro.

¿Por qué no vienen firmados por el presidente del Consejo Editorial, y con firmas al calce de todos los integrantes del mismo?

¿Por qué nadie se hace responsable de los dictámenes? Es triste que el Consejo Editorial, amparado en el Decreto 64, bla, bla, bla, funcione como «un misterioso grupo de intelectuales» que, al parecer, ¿no puede escribir su dictamen tal cual le ha parecido y firmarlo?

El dictamen de la antología Karst que me hicieron llegar es de risa: «Pone un epígrafe, pero no abunda sobre él» y otras nimiedades de esa índole. Todas ellas pudieron ser revisadas y mejoradas porque, sobre la calidad de los trabajos, el dictamen dice: “varios de los autores antologados ofrecen propuestas valiosas.» Por tanto, para las posibles fallas de redacción, existen correctores de estilo, existen editores que pueden hacer el trabajo de limpieza. Ya parece que a la Sedeculta todos los libros que le llegan son publicados «exactamente como fue entregado el archivo original.» Hicieron una limpieza de textos y autores para «Casi una isla», pero tajantemente le dijeron que no a 21 autores avecindados en la península de Yucatán.

Dice también, que ¡claro que hace uso del Servicio Social formando grupos interdisciplinarios! Sin embargo, la percepción es que sigue siendo poquísimo el conocimiento que se tiene en otras regiones del país sobre los escritores nacidos o avecindados en Yucatán en la última década.

Adán Echeverría

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.