El Oficio del Mal, de Robert Galbraith

By on noviembre 22, 2018

Libros

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Aquellos que hayan leído los dos libros anteriores de Robert Galbraith (seudónimo de la gran escritora inglesa J.K. Rowling) –El canto del cuco y El gusano de sedarelatándonos los casos de Cormoran Strike y su secretaria Robin Ellacott, revestidos de la tensión sentimental que abraza a ambos, encontrarán en El Oficio del Mal, tercer capítulo en la saga, no solamente la más complicada investigación que Strike ha emprendido, sino también el grado máximo de intimidad de sus protagonistas, algo que el autor maneja con singular destreza.

Robin recibe un paquete que, al ser abierto, contiene la pierna de una mujer; evidentemente quien la envió cometió un delito, dejando un cadáver como consecuencia, y además quiso aludir a la ausencia de la misma extremidad que Strike no posee debido a la explosión de un dispositivo durante sus días en la guerra del Golfo. Cormoran atribuye la autoría a alguien que lo conoce de sus días como soldado, alguien que lo considera su enemigo; pero, por su trabajo en la milicia –también era investigador– muchos podrían ser los perpetradores del crimen.

El asesino, convertido ya irremediablemente en psicópata, busca vengarse de Strike infligiendo el máximo dolor y pena posibles, y apunta sus baterías hacia Robin, quien se encuentra sumamente distraída entre los preparativos de su ceremonia religiosa y las constantes peleas con su prometido debido a sus celos por trabajar con el detective, combinadas con su emoción por haber sido ascendida a ayudante de investigadora por su jefe. Más víctimas se acumulan, Strike ve reducidas sus opciones, mientras su economía y su credibilidad también se van evaporando, y las arenas del tiempo se deslizan por la clepsidra, hacia un clímax que pudiera acabar con la vida de la incipiente investigadora, clavando una daga en el corazón de Cormoran.

Siendo esta la tercera aventura que escribe Galbraith, al comparar la primera entrega con la tensión que destila El Oficio del Mal es evidente que su estilo es cada vez más pulido y, además, que no tiene empacho en presentar situaciones desagradables en aras de ofrecer una historia creíble, abundante en hechos ciertos que como sociedad tal vez no alcancemos a saber o comprender; ejemplo de lo anterior es leer que existen grupos de gente que desean amputarse extremidades sanas tan solo para satisfacer sus filias y fobias, algunos de ellos prefiriendo usar sillas de ruedas y acceder los “beneficios” de las personas de capacidades diferentes, secretamente envidiando al mismísimo Strike quien, como nosotros, no se explica cómo existe gente así.

Robert Galbraith, que también escribió algunos libros previamente como J.K. Rowling. (Photo by Dan Hallman/Invision/AP)

Robert Galbraith, que también escribió algunos libros previamente como J.K. Rowling. (Photo by Dan Hallman/Invision/AP)

Si en El gusano de seda leímos los detalles bizarros de un asesinato, en El Oficio del Mal el autor nos presenta los insanos pensamientos de un psicópata, junto con las patologías de los otros sospechosos de los crímenes, que incluyen la pedofilia y otras linduras que Galbraith no duda en exponer a sus lectores, presentándonos un crudísimo escenario londinense, lejísimos de la fantasía de Hogwarts.

Dentro de todo lo anterior, la fragilidad emocional de Robin ante el acoso y reclamos de su prometido abre escenarios románticos que la acercan a Strike, lo que hace que pasemos las páginas frenéticamente, ansiosos por saber si asistiremos a una historia rosa en la que Amor Omnia Vincit, o si perderemos a la persona en que el investigador ha puesto toda su confianza.

El Oficio del Mal demuestra que Robert Galbraith ha adquirido velocidad inercial, catapultando a sus personajes a nuevos límites conforme leemos más sobre sus aventuras y desventuras lo cual, para nosotros que hemos seguido esa trayectoria, es una excelente noticia. Excelente novela detectivesca contemporánea, sin duda. Léala y sorpréndase.

S. Alvarado D.

sergio.alvarado.diaz@hotmail.com

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