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El fardo funerario de la tumba 1 de Calakmul – IX

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Arqueología Maya

PROCESOS DE INTERVENCIÓN EN EL TALLER LABORATORIO (1994 – 2005)

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FARDO FUNERARIO

La litera mortuoria1 fue trasladada a la CNCPC, en el mes de noviembre de 1994; sin embargo, por motivos institucionales se comenzó a trabajar en ella hasta el mes de abril del año siguiente. Se instaló en el taller de conservación de material pétreo (área en donde se trabajó ininterrumpidamente por once años) donde se eliminó el cajón de madera que contenía el fardo. Posteriormente, parihuelas y bulto fueron colocados sobre una placa de acrílico transparente con la intención de poder observar su estado de conservación desde la parte inferior y permitir, además, la toma de las radiografías. Desgraciadamente, el desorden del material impidió realizar una adecuada observación, lo que limitó las propuestas de conservación, como se verá posteriormente.

Otro de los inconvenientes del manejo de la litera fue la gran dimensión de la placa de acrílico debido a que dificultaba la manipulación y el acceso a ciertas zonas del fardo y a la litera en general; situación que lamentablemente, en ese momento y por razones de orden económico, no hizo posible la adquisición de una placa de acrílico que se ajustara a las necesidades del material y de los procesos a realizar. Pese a ello, es importante señalar este aspecto para que en futuros trabajos sea contemplado desde un inicio un presupuesto mínimo indispensable (60,000 pesos aproximadamente).

Por otro lado, es preciso aclarar que este tipo de procesos, desde la extracción in situ hasta la instalación en taller, causaron movimientos internos en la litera. A ciencia cierta resulta muy difícil cuantificar o incluso cualificar el grado de desplazamiento de algunos materiales contenidos en el fardo; aunque a partir del análisis radiográfico pudo comprobarse que gran parte del material óseo conservaba su posición anatómica. Vale la pena recordar, además, que en la cámara hubo un proceso de bioturbación importante que alteró la posición de casi todos los materiales.

A continuación y en función de una mejor comprensión de los procesos efectuados, después de decir que la litera fue colocada sobre una placa de triplay forrada con papel y plástico, como parte de una mesa fija2, se describirán una por una, las intervenciones que se realizaron de 1994 a 2005. A saber:

A. Radiografías. Las tomas radiográficas se efectuaron para definir en qué posición debía eliminarse el empaque del levantamiento in situ (compuesto de resina de poliestireno expandible ya endurecida, aluminio y papel kraft). Esto se debió a que la remoción del empaque podía hacerse en decúbito dorsal o ventral (el fardo en esos momentos se encontraba en decúbito dorsal; posición en la cual se encontró en la cripta). Así, existían dos posibilidades para abordar el problema: en el primer caso si se observaba que los materiales internos se encontraban sumamente revueltos, era factible trabajar el fardo en decúbito ventral aprovechando la rigidez del empaque y así solucionar desde un principio los problemas de limpieza y consolidación en el área inferior; por otra parte, si los materiales mantenían hasta cierto punto una coherencia espacial, era necesario conservarla, por lo que el pensar en voltear la litera traería consigo una evidente trastocación del orden. Como se puede observar en las placas, existía un orden que claramente había que conservar y registrar, por lo que se decidió intervenir con el personaje en decúbito dorsal.

La observación realizada permitió definir, entonces, las condiciones generales en las que se encontraba el material, y principalmente, se pudo observar con bastante precisión el área del bulto que estaba totalmente, cubierta por el envoltorio de látex área pélvica y extremidades inferiores y a la cual no se podía tener acceso más que por algunas perforaciones que presentaba el fardo.

Los materiales que pudieron observarse con la radiografía fueron: a) Huesos largos: principalmente los dos fémures, en posición anatómica, ambos fracturados pero casi completos; asimismo, se detectaron los huesos de los brazos. Este tipo de huesos presentaban una pared (tejido compacto) sumamente definida pero que variaba según el grosor del hueso del que se trataba. Por otra parte, fue posible distinguir el tejido esponjoso de las epífisis y del hueso mismo, si bien en las primeras la existencia de tejido compacto era casi nula. b) Huesos cortos: en su gran mayoría se observaron los huesos pertenecientes a pies y manos, estando estos últimos esparcidos por todo el interior del fardo, en especial en el área del abdomen. El tejido compacto se observaba definido pero el tejido esponjoso era escaso. c) Huesos planos: la escasez de costillas era muy evidente, así como una clara compresión de los huesos correspondientes al cráneo; de igual modo fue notoria la ausencia total de huesos faciales y piezas dentarias. Durante la observación de la placa fue realmente alarmante la evidente falta de los huesos pélvicos, vértebras, costillas, huesos de pantorrilla y rodilla (tibias, peronés y rótulas).3 Asimismo, se corroboró la dispersión de los huesos de los antebrazos, mismos que se localizaron en otros puntos de la tumba. d) Pectoral: fue posible observar tres de los cuatro pendientes que se habían registrado durante el trabajo en campo, éstos estaban, como ya se dijo, ubicados en el área torácica. Este tipo de material se pudo observar en las radiografías de forma definida y nítida. e) Jadeita: se observaron cuatro cuentas que por sus características formales correspondían al resto de las cuentas de jadeíta que fueron encontradas en la tumba. También fue posible detectar una cuenta de gran tamaño con perforación cónica que, por su ubicación, nos remitía a la idea de la llamada cuenta bucal. f) Concha: en el área pélvica se observaba una forma elíptica, definida y no tan densa como el hueso, posteriormente se vió que se trataba de la concha bivalva con perforaciones que estaba embebida en paleosuelo. Por otro lado, se detectaron algunas cuentas que pudieran ser manufacturadas con Spondylus (esto se infirió por las dimensiones y características formales que pudieron observarse y así comparar con otros ejemplares encontrados en la tumba). g) Fragmentos del propio envoltorio: en lo que corresponde al fardo se observaron claramente sucesivas superposiciones plegadas del material envolvente en lo que corresponde al área craneal (sucesión de capas). De la misma manera se notó que la continuidad del fardo se interrumpía a partir del área craneal hasta reaparecer en la región abdominal, extendiéndose hasta los pies. h) Paleosuelo: se encontró extensivamente dentro y fuera del envoltorio, sumamente fracturado. No aparecía sólo en sitios muy localizados. Debido a su densidad los fragmentos se observaban como zonas blancas, impidiendo el reconocimiento de otros materiales. Aparentemente englobaba algunas zonas de la materia prima del fardo.

B. Instrumentación de una cámara de humedad. Con el fin de recrear las condiciones ambientales registradas en la cripta se construyó una cámara cerrada que pudiera mantener un ambiente húmedo propicio para la conservación de los materiales. Para generar el ambiente húmedo necesario, se utilizó un humidificador eléctrico y se instaló un higrómetro de carátula que permitiera tener una lectura constante de las condiciones internas de esta cámara. El promedio de humedad relativa en el que se mantuvo la litera en la cámara por casi seis años fue de ±70%, porcentaje que aún podría considerarse bajo en relación con los promedios obtenidos en la tumba, que fueron de 84.6%, aproximadamente. Pese a ello, se consideró que puesto que la litera se mantuvo empacada durante cerca de seis meses en la resina de poliuretano –perdiendo humedad paulatinamente–, devolverle 80% de HR de golpe era sumamente brusco y por ende contraproducente en términos de la expansión volumétrica de los materiales (además de las dificultades que esto implicaba en el sentido de mantener, en la ciudad de México, esa humedad en temporada de secas).

En cuanto a la temperatura no se contempló como un factor que realmente afectara en este caso las condiciones de conservación de los materiales4, ya que aunque se encontraron in situ habría repercusiones evidentes en función del calor y su relación con la humedad, en los talleres de la CNCPC no era posible reproducir el ciclo natural de ascenso y descenso original de la temperatura, por lo que se decidió controlar sólo una de las variantes (la que sí era posible manejar).

Después de sellar bien la cámara y establecer un control de HR constante, se introdujeron muestras de material óseo, madera y fardo. Dichas muestras se observaron durante dos semanas hasta verificar que no existieron cambios en sus dimensiones, apariencia, textura, dureza y resistencia.5

C. Eliminación de la espuma de poliuretano expandible. El empaque realizado in situ y manufacturado a base de espuma de poliuretano cumplió con sus funciones tanto para la extracción de los materiales de la tumba como durante su transporte y manipulación. Su eliminación se realizó de manera mecánica por medio de seguetas, bisturí, X-acto, etc., hasta llegar a la zona de la capa aislante misma que se retiró manualmente hasta descubrir completamente el material. Así, se comenzó a trabajar por la parte superior en áreas de 10 cm lineales sin descubrir la capa aislante; primero en el área superior (en dirección oeste con respecto a la cripta) hasta avanzar 60 cm aproximadamente. Después de constatar que el material se encontraba estable y que las muestras de hueso, fardo y madera que se colocaron en la cámara se comportaban adecuadamente, se continuó descubriendo por el área de los pies hasta que se liberó totalmente.

D. Limpieza superficial. Se efectuó una limpieza superficial con brochuelos y brochas de cerda blanda hasta eliminar todo el material de debris que se encontraba sobre la superficie del envoltorio ya que, como se dijo, el fardo no se tocó in situ; asimismo, se retiró el sascab que protegió el área torácica durante la extracción y el traslado. Todo el material se levantó con recogedor y se colocó en una cubeta para su posterior cernido. Una vez limpio el envoltorio se iniciaron las observaciones del interior y se comenzó a programar la ejecución de los pasos posteriores.

E. Limpieza en húmedo. Se efectuaron numerosas pruebas de limpieza con solventes polares y no polares, con combinaciones de éstos, así como con agua. Se definió que la profundidad de la limpieza debía alcanzar al polvo atrapado en los microporos del látex, mas no la pátina del material6. Esto se consiguió mediante el uso de hisopos humedecidos con agua destilada-alcohol 50-50 en volumen, casi sin necesidad de fricción y fundamentalmente, sin que se notara ningún tipo de reblandecimiento de la materia prima, cosa que sí ocurría con el agua destilada sin mezclas.

Como se dijo en el apartado anterior, el agua puede alterar en gran medida la superficie de las resinas terpénicas7, sin embargo, era evidente que la capa superficial del fardo estaba ya alterada –semimineralizada– y, en realidad las cantidades de agua destilada que hacían contacto con el látex eran casi ridículas porque el hisopo se rodaba casi seco. Además, trabajar con solventes polares en una cámara sellada hubiera resultado sumamente tóxico, pero afortunadamente no fue necesario emplearlos en ese momento.

Después de realizar la limpieza general, se eliminaron las concreciones de tierra por medio de goteo de agua-alcohol 50-50 en volumen. Una vez reblandecida la capa se trabajaba mecánicamente con bisturí (es importante hacer notar que las zonas que estaban bajo estas costras se encontraban exfoliadas). También se removieron manchas blancas derivadas de la concreción del enjarre, y/o, la cal de las paredes de la cripta.

En general, la limpieza consistió en eliminar un velo blanquecino presente en toda la superficie y que provenía de la disolución del material calcáreo. En partes muy oscuras (que generalmente coincidían con las áreas roídas) se observó la presencia de un material grasoso y de color negro que fue imposible identificar.

En ocasiones, de forma paralela se realizó una limpieza en seco en áreas de pequeñas hendiduras, perforaciones, pliegues del fardo, etc. Con esto logramos obtener un mayor acercamiento a la apariencia formal de la litera, fundamentalmente en las áreas de contacto entre las bandas de las que está constituido el envoltorio, en las improntas de textil y palma sobre el látex y en las huellas de cortes de la madera.

Durante la limpieza se pensó en la necesidad de recrear un sistema de coordenadas en el área ocupada por la litera, de modo que los materiales que se tuvieran que retirar de su posición pudieran ser ubicados una vez que estuvieran fuera del envoltorio. Esto con la finalidad de realizar una limpieza extensiva. De esta manera el sistema de coordenadas facilitaba el registro y la comprensión de la relación espacial entre los diversos materiales. Para ello se trazó una retícula formada por cuadros de 10 x 10 cm en una mesa adyacente a la cámara de humedad. También se construyó un bastidor de madera con soportes de 20 cm de altura que presentaba la misma cuadrícula y que se colocaba sobre la litera. Para ubicar un elemento se empleaba una plomada y, con pinzas o guantes, se retiraba el material y se colocaba sobre la cuadrícula anexa.

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1 El término «litera» es empleado aquí solamente por el parecido que tiene este objeto con lo que actualmente reconocemos como camilla o litera.

2 Las dimensiones de la misma son 2.40 m de largo x 1.20 m de ancho.

3 En comunicación personal (diciembre de 1995) el antropólogo físico Andrés del Ángel explicó que cada tipo de hueso requiere una intensidad especifica de penetración de los rayos X, por lo que se puede explicar así la aparente ausencia de algunos huesos que después pudieron inventariarse, como los dientes, por ejemplo. Desgraciadamente no fue posible realizar tomas con diferentes grados de penetración ya que esto implicaba un gasto excesivo y un equipo radiográfico especializado, con el cual no se cuenta en la CNCPC. Las placas radiográficas, en este caso, se tomaron a 70 Kvs. x 120 MA/seg.

4 Para Paul Coremans, la acción de la temperatura aislada se relaciona básicamente con la expansión y contracción de los materiales dentro de variaciones diurnas extremosas. En este caso la constante de humedad proporciona un equilibrio de los niveles diurnos de temperatura, ya que ni se pierde ni se incrementa el nivel de HR en la cámara, impidiendo la contracción por pérdida de agua y la expansión por exceso de ésta. Cf. Coremans, 1969.

5 Un investigador que trate de determinar el deterioro producido sobre un patrimonio dado, e intente imponer métodos de preservación para evitar más deterioro, tendrá que circunscribirse a un espacio determinado, casi siempre menor que el de la zona climática que influye sobre los bienes (microclima). Cf Coremans, 1969.

6 La pátina no es otra cosa que el conjunto de las alteraciones normales que afectan el aspecto de una obra sin desfigurarla, es el efecto normal del tiempo sobre la materia… no es un concepto físico o químico, sino un concepto crítico… Cf. Philippot, 1969. Así, el problema esencial de toda la limpieza es el respecto a este concepto, ya que la limpieza debería ser por definición «la búsqueda del equilibrio entre la materia y la imagen que permite una fidelidad con el original». De aquí se deriva la premisa de que la limpieza nunca, en raros casos, debe ser total, ya que si se pierde todo efecto del tiempo en el bien, éste pierde su esencia histórica e incluso su valor estético. Es decir, la falta de conciliación entre los elementos técnicos y los estético-históricos puede desfigurar irremediablemente una obra, tanto en materia como en imagen. Cf Philippot, 1969. también se puede definir pátina «como el paso del tiempo en una obra». Cf Brandi, 1988, 29-34.

7Cf. Peña, 1993.

 

Renata Schneider

Continuará la próxima semana…

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