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Rodolfo Menéndez
Quiso un genio a la más bella
de las virtudes premiar:
en el templo de la Fama
fue el certamen general.
El Valor primero acude:
de la Justicia detrás,
en amigable consorcio,
Prudencia y Templanza van.
Entran, asidas del brazo,
la honradez y la verdad;
y la Esperanza sonriente,
junto a la Paciencia está.
Indecisa, la Modestia
pasó del templo al umbral,
y es su asiento en el certamen
de la Tolerancia al par.
Hermosísimas virtudes
al genio muestran la faz
y él indaga alegremente:
–“¿Han venido todas ya…?
–“Todas, Señor, menos una,
que no concurre jamás
a sitio donde se pueda
conocer su noble afán.”
–“¿Qué misión tiene en el mundo
esa virtud?” –»Consolar
las penas, los infortunios
de la pobre humanidad.”
–“¡Verla quiero! ¿Do reside…?”
–“Si empeñoso la buscáis,
id donde se vierten lágrimas,
y luto y miserias hay.”
–“Su nombre, su nombre al punto”,
dijo el ser angelical;
y las virtudes en coro
repiten: –“¡La Caridad!”
–Ante Dios mismo la abona
su santo y sublime anhelo:
Caridad, hija del cielo,
tuya es la triunfal corona.
El Salón Literario. Mérida, año I, núm. 3, 31 de marzo de 1898, pp. 109-110.
[Compilación y transcripción de José Juan Cervera Fernández]





























