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Cuidado con la Xenofobia

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Editorial

La Real Academia Española define xenofobia como la “Fobia a lo extranjero o a los extranjeros”. Fobia, a su vez, es 1) Aversión exagerada a alguien o a algo, o, 2) Temor angustioso e incontrolable ante ciertos actos, ideas, objetos o situaciones, que se sabe absurdo y se aproxima a la obsesión.

En fechas recientes hemos sabido (en algunas ocasiones las hemos visto a través de publicaciones en las redes sociales) en nuestro xtokoy solar de numerosas manifestaciones de extranjeros que pretenden aplicar sus propias reglas sobre nuestros coterráneos.

Algunos cerrando playas y sus accesos, pensando que son exclusivas; otros, impidiendo que la gente se estacione ¡en la acera de enfrente de sus casas! Uno más desbaratando un local comercial porque no le gustaba que usaran bocinas y música para promoverse; otros impidiendo el estacionamiento en la vía pública que así lo permite. Los ejemplos abundan.

Es necesario reconocer y aplaudir que en todos los casos las denuncias ciudadanas han sido atendidas y hemos visto que la ley se aplique sin cortapisas y de manera expedita en favor de los agraviados.

El camino que esos ciudadanos yucatecos han elegido ha sido el de la ley, exponiendo su caso a las autoridades y a la opinión pública, es decir, han elegido el camino de la paz y el imperio de la ley antes que el de la confrontación.

Hasta aquí todo bien…

Lo que no está bien es azuzar a los yucatecos, emprendiendo cruzadas en las que se invita a expulsar a gringos, canadienses y cualquier otro foráneo (incluyendo a paisanos mexicanos) que han decidido vivir en la ciudad y estado más tranquilos de México. Tampoco es correcto vandalizar o amenazar a esos negocios que los atienden.

Cierto es que la inmigración ha alcanzado niveles impactantes que se traducen en la inmensa oferta de terrenos y opciones inmobiliarias, muchas de ellas con precios francamente escandalosos, que parecen ser exitosas a juzgar por los numerosos desarrollos habitacionales que se observan en las costas, la ciudad y en las zonas conurbadas.

Las consecuencias de esa explosión migratoria se observan en el inclemente aumento en las temperaturas, en los microclimas que se han creado ante la incesante agresión al Medio Ambiente y, más escandaloso aún, en el desquiciante tráfico que pulula por las calles y nuestro anillo periférico.

Puesto que no se espera que esa inmigración disminuya, toca exigir a nuestras autoridades de todos los niveles que encuentren pronto la manera de mejorar las condiciones de vida de todos los que habitamos en el estado de Yucatán, con mejores vialidades, servicios, seguridad, bajo el marco de la ley y la justicia. El crecimiento debe ser con límites y con racionalidad.

No todos los extranjeros son malos, los hay muy buenos, con muy buena educación y maneras; todos conocemos alguien así. Como en todos lados, que alguien venga del llamado Primer Mundo, o del norte, centro o cualquier otra región de nuestro atribulado país, no lo hace garante de inteligencia o preparación; muchos de ellos son muy ignorantes, como hemos presenciado.

Ante aquellos malos extranjeros y foráneos, la estrategia está ahí: denúnciese y hágase la exigencia de que se aplique la ley.

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