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Charles M. Schulz, papá de Snoopy y Charlie Brown

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En la película “Kill Bill”, su director Quentin Tarantino realiza una conexión humorística en una escena que ocurre en el bar: la banda comandada por Lucy Liu llega, siendo atendidos por un mesero calvo vestido de naranja, a quien los mafiosos llaman “Charlie Brown”, debido a su parecido con el entrañable personaje creado por Charles M. Schultz.

Esa referencia causa risas en quienes crecimos siguiendo las aventuras de la banda encabezada por Charlie en la saga Peanuts que Charles comenzó a publicar en el año 1950, una propuesta que iba más allá del humorismo ligero, introduciendo niños que pensaban como adultos, reflexionando sobre el fracaso (marca de Charlie Brown), la ansiedad, el rechazo y la esperanza.

Los chistes de Peanuts convivían con la introspección, creando un humor melancólico, con un estilo gráfico minimalista donde la expresividad no dependía de la complejidad visual. El desafío humorístico era enorme cuando se abordaban tópicos como la soledad, el fracaso repetido, la identidad, la fe y la duda, para proclamar un mensaje: la dignidad reside en seguir intentándolo.

La trepidante ola digital de las redes sociales sigue suprimiendo los tesoros que marcan vidas, para dar espacio a la inmediatez mediática. Charlie Brown y Snoopy siguen siendo una excepción a esta regla, al menos hasta ahora, pues su calidad y trascendencia los siguen colocando dentro de los parámetros recurrentes en las efemérides culturales, aunque más como productos cool que siguen despertando simpatía que como obra gráfica, que es mucho más profunda en su narrativa.

La calidad de la tira Peanuts combina excelente dibujo con un excelente guion donde el encanto de los personajes se magnifica con la inteligencia en sus diálogos, donde la trama siempre planteaba temas reflexivos, sin forzar la búsqueda del humor, sino desafiando a los lectores a buscar más allá del trazo la recompensa, quizá por ello principalmente en mercado latino, fuera tachada como elitista, como pretenciosa, pero lo suficientemente graciosa y entrañable por el diseño de todo el reparto.

Charlie Brown era cabezón, pelón e inseguro, lleno de dudas sobre la existencia, sobre las responsabilidades en sus relaciones con su familia, sus amigos y colegas más cercanos, incluyendo a su alocada mascota Snoopy, un perro muy inteligente cuya imaginación es desbordante.

Lucy era dominante pero frágil; Linus era filosófico, representando distintas dimensiones de la experiencia humana. Descubrí a los personajes cuando niño y me encantaron, sobre todo Snoopy, que siempre tenía ocurrencias divertidas, como cuando imaginaba que su casa era un avión, él era un piloto aviador en guerra contra el Barón Rojo, todo en el techo de su casita de madera.

No entendía el trasfondo de todas las aventuras, las leía y me hacían reír porque en los dibujos las reacciones, las gesticulaciones faciales, los gestos y movimientos eran dinámicos, muy bien marcados. Fue hasta que retomé sus aventuras, muchos años después, que entendí la magnitud del talento de don Charles M. Schulz.

Peanuts se publicó por más de 50 años en más de 2600 periódicos, siendo traducido a decenas de idiomas, con una audiencia estimada en cientos de millones de lectores. Por si fuera poco, especiales televisivos como “A Charlie Brown Christmas” redefinieron los programas animados convirtiéndose en clásicos culturales. Con Peanuts, don Carlos transformó el comic al explorar la psicología, la filosofía cotidiana y la vulnerabilidad humana con una sencillez que resultó revolucionaria.

Mi decisión de convertirme en caricaturista, de estudiar dibujo, de practicar a diario, y de buscar siempre fusionar un buen trazo con buenas ideas se debe a artistas como don Carlos Schulz, al genio francés Alfred Uderzo, creador de Asteryx; Quino, padre de Mafalda y dibujante excepcional, y don Eduardo del Río, RIUS. John Romita es otro de mis héroes, con él más por su dibujo, que era fabuloso. Creo existe un punto de unión con los otros mencionados: todos fueron bendecidos por Dios con un especial talento, son maestros totales.

Con su estilo, Schulz nos enseñó que el comic puede ser literatura, que la simplicidad puede ser profundamente sofisticada, y que el humor puede coexistir con la tristeza.

Por ello escribo este texto: para rendir honores a los grandes maestros que con su arte hacen de este un mundo más alegre.

Creando personajes imperfectos, don Charles los hizo más reales. Charlie Brown no deja de fallar, Snoopy nunca abandona sus fantasías, ambos siguen adelante, compartiendo la vulnerabilidad compartida como experiencia universal.

Descanse en paz, don Charles M. Schulz.

YouTube Video

Peanuts Greatest Hits – Linus And Lucy (Vince Guaraldi Trio)

RICARDO PAT

riczeppelin@gmail.com

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