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Argolla (ii)

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La nostalgia de los buenos tiempos

En 1956 peleé con aquel que le decían Abuch Pisté, colaborando para la iglesia. No más de cuatro rounds se boxeaba, era amateur. ¿Te acuerdas de aquél que le decían Roo, un flaco él que era albañil? Pues una vez subió a pelear y al primer golpe que le dieron se agachó y se puso a llorar por el dolor… En ese tiempo don Tránsito Centeno organizaba las peleas y me prometió que si le ganaba a Abuch me quitaría de basurero. No era yo basurero de la calle, del pueblo, era basurero de la guillotina; éramos dos basureros y la ‘basura’ eran retazos de madera que salía del torno. Los recogía, los metía en un tambor que cuando se llenaba se lo llevaban para moler o para alimentar la caldera. Ramón Larrache, que era de Progreso, era el operador de la guillotina. Quién sabe cómo llegaron allá él y su hermano, pero se fueron. Entonces, en que gané esa pelea, don Tran cumplió su promesa y me quitó de basurero.”

“Me cambiaron de área el doce de marzo del ’54. Antes era yo eventual, dos años estuve así donde hacía de todo: pintaba las casas de los empleados, de los ingenieros; chapeaba toda la avenida desde la salida al Cuyo hasta la salida a la Sierra. Donde me manden, ése era mi trabajo hasta que una vez se inundó la ‘tamalera’ que está cerca de El Cuyo, antes de llegar a Moctezuma. Eran los años 50s. Como en ese tiempo llovía mucho, se inundó; así estuvo como tres meses y no podía pasar el truck, ni podía salir el producto porque estaba inundado. Era una vía de Cauville con un tractor que jalaba las góndolas que, cuando se inundaba, no podía pasar con su carga. No había puente ni carretera para llegar al Cuyo, donde lo embarcaban, y de ahí a Veracruz y en camiones hasta Tlalnepantla, en el estado de México, donde estaban las bodegas de la empresa. Jaime Contreras me dijo que me necesitaban, pero para ir el monte a cortar leña en el km siete que serviría para alimentar las calderas y generar vapor para darle energía a la prensa, a la secadora, a la ensambladora Gilda y a la Tolva. No había Lignum ese tiempo y había que mantener caliente a 200 libras permanentes la temperatura de la caldera para que no haya un bajón. Le metían, además de la leña, ‘cocotazos’, la basura de las guillotinas y todo el desperdicio de la madera para darle mantenimiento a la caldera. La chimenea tenía como ochenta metros de alto. Un señor de apellido Salazar y don Valentín Valdez, el papá de Longa, eran los que preparaban los químicos. Como no había corriente en aquel tiempo, por medio de turbinas la fabricaban con vapor que se bombeaba a los dinamos. Quixo Rosado trabajaba allá, la empresa lo mandó a estudiar a Mérida y cuando venía a la Colonia lo empleaban. Estaban también el mocho Salazar y don Verita, el papá de Manuelita, que años trabajó allá. Don Chucho Góngora fue nuestro jefe de la brigada que fuimos a cortar leña al monte. Los compañeros que estaban conmigo eran José Chi, Carioca (Arcadio Manzanero), el hijo de Chichis (Máximo Cetina), don Sierrita que vivía a la salía del Cuyo. Tu papá, Ariel, creo no había entrado a trabajar a la fábrica. Recuerda que eran los años 50s del siglo ppdo.” En efecto, mi papá llegó a Col.Yuc. el 6 de enero de 1952, dos años después.

Luego trabajé con el Torbellino –así que ves, hasta hoy no sé cómo se llama este paisano– que era operador de la guillotina uno. Como te digo, gané aquella pelea y don Tránsito Centeno me cumplió. Ese mismo mes me mandaron a la prensa. Ahí se trabajaban doce horas diarias. El hijo de Chichis era nuevo, Juan Couoh, el Alacrán Gómez también; puro joven trabajaba allá, para que aguanten la jornada que era de doce horas, de seis a seis. Se descansaba un día a la semana. En ese departamento eran solamente dos turnos y cada de seis meses se cambiaba, se trabajaba seis meses de mañana y seis de tarde-noche. Se ganaba bien porque se pagaba al destajo. Era por marcadas, no puedes perder tiempo, era un trabajo continuo; ya después fueron tres turnos de ocho horas. Muchos pidieron ir allá porque era bueno el sueldo: $9.57 diario. Mi primer salario fue de $ 66.99. ahí me accidenté, majé mi dedo, hasta hoy así quedó,” dice al tiempo que me muestra su mano con su dedo rígido. “Reventó mi dedo. La prensa tenía 220º de temperatura así que, además de quemado, reventado quedó mi dedo. Cuando bajó la prensa no me fijé y me accidenté, estaba reteniendo la chapa para que no se vuele, bajó la prensa y sucedió el accidente. Esa vez estaba tan molesto que le menté la madre a don Carlos Hernández. Ahí se lesionó también Mundo Canto.”

Continuará…

L.C.C. ARIEL LÓPEZ TEJERO

vicentelote63@gmail.com

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