América: Otro Éxodo en Marcha

By on octubre 25, 2018

Editorial

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Como en la narración en el Éxodo bíblico de hace más de dos milenios, renace ahora un movimiento humano actual, razonado con idénticos propósitos: andar y superar retos, cualesquiera que estos sean, hasta hallar un sitio digno para vivir.

La población de algunos países centroamericanos, vecinos y copartícipes de un drama social, recorre hoy carreteras y caminos, llevando a cuestas hijos y angustias en la búsqueda del sitio idóneo donde puedan radicar. Esa gran migración aspira a lograr aceptación como fuerza de trabajo, para establecerse, laborar y convivir en un espacio digno, que dé estabilidad a sus familias.

Esto está ocurriendo ahora en América, el continente de las esperanzas, según su “Descubridor” español y colegas seguidores que, desde el primer momento, dieron inicio al saqueo de bienes de los antiguos americanos y la posterior explotación, que se pensó terminada con las independencias políticas, que no fue más que una forma diferente de continuar explotando y exprimiendo la fuerza del trabajo de los americanos originarios, en alianza con los criollos.

Cambian los nombres, los sistemas, los gobiernos. En las plazas públicas se erigen estatuas y monumentos a héroes locales, otros grandes personajes y sucesos, pero la explotación continúa.

Permanecen la visión corta, la falta de planeación, el abuso contra los humildes y desposeídos. Todo grupo privilegiado, poseedor del poder y riquezas insultantes, tiembla cada vez que se alza una bandera de justicia social, democracia, participación en la riqueza colectiva y los bienes nacionales.

El acceso al trabajo digno y justamente remunerado, a la educación, servicios médicos y sociales, a la vivienda, y la alimentación avanza, sí, pero a paso de tortuga, en tanto las necesidades de las poblaciones marchan al galope.

Cada niño que nace no trae consigo la bendición de Dios, sino que ya es portador de cruces de miseria.

Los grandes consorcios, esos sí bien organizados, drenan las riquezas de los países de América, y envían sus crecientes ganancias a paraísos financieros ubicados en países que los poderes trasnacionales bien conocen y en los que a diario especulan.

La esclavitud en estos tiempos es, además de física, financiera. El saqueo de recursos naturales continúa, la dependencia, el consumismo obligado o inducido por todos los medios de comunicación, influye y ahoga a las clases más humildes.

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Y cuando eso ocurre, familias con la misma problemática coinciden, se reúnen e invaden los caminos y carreteras, por los cuales tal volumen creciente de población necesitada se convierte en enorme serpiente humana sobre el asfalto, y con su presencia despierta censuras, pero no recibe comprensión y apoyo de quienes deben asumir decisiones trascendentes.

Las únicas declaraciones hasta ahora que suenan eventualmente como amenazas han sido para demeritar las razones o motivos del éxodo, no en abrir la oferta de programas o acciones para desalentarlo.

Amenazas sí, de eso hay bastantes, desde los centros de gran poder económico. Oferta de soluciones: CERO.

La solidaridad entre humildes y sus sentimientos nobles es lo que se está viendo florecer a ambos lados de los caminos que este éxodo histórico del Siglo XXI va recorriendo día a día.

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