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A la luna

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Gertrudis Tenorio Zavala

Tú, compañera del triste,

que en el alto cielo brillas

sin que blancas nubecillas

opaquen tu suave luz.

Sólo tú siempre me miras

vagando donde los muertos

en sus sepulcros desiertos

llevan por marca una cruz.

 

Una vez, luna querida,

te vi en las noches de enero,

y tú, mi canto primero

supiste tierna inspirar.

Cuando tu luz bienhechora

bañaba entonces mi frente

y era una niña inocente,

¡feliz! Sin saber llorar.

 

Mientras la brisa apacible

suspiraba entre las flores,

ajena de los dolores

te vi, extasiada lucir,

luna, y entonces al verte

feliz mi vida cantaba

y tu hermosa luz bañaba

mi enlutado porvenir.

 

Al brillar los bellos días

de esa dicha pasajera,

la dulce ilusión primera

halagó mi juventud.

¡Ella voló! y suspirando

en el mundo fementido,

lloré el tiempo ya perdido

de inocencia y de quietud.

 

Perdí mis plácidos sueños,

y lamenté sus dolores,

que es un desierto sin flores

sin esperanzas vivir;

y sigo siempre cruzando

mar inmenso y proceloso.

¡Seré el náufrago afanoso

que va a la playa a morir!

 

Ay triste, sola vagando

de mi vida en el desierto,

ya suspiro por un muerto,

ya un placer que no volvió

Y sólo tú, luna, alumbras

con luz suave y argentina

a quien, triste peregrina,

ha perdido cuanto amó.

 

La Revista de Mérida. Periódico de Literatura y Variedades. Mérida, tomo I, 1869, p. 47.

[Compilación y transcripción de José Juan Cervera Fernández]

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