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Jorge Cen, Herrero y Artista
“…de las cosas hechas con la basura, con el desperdicio y el polvo de sí mismas. El mundo se muerde la cola y empieza donde acaba.”
Ninfas en la niebla – Cuentos brevísimos de Alfonso Reyes
Edit. Universidad Autónoma de Nuevo León.
El tianguis de la colonia Francisco I. Madero es un ente vivo. Posee sus propias razones y principios de existencia. Así como un día se detiene una camioneta y remata todo lo que en ella cabe – desde puertas, láminas, ropa, juguetes o muebles de oficina – también hay oferentes que dan carácter, presencia y ser, y que solo en este lugar los podremos encontrar. Uno de ellos es Jorge Cen, herrero, artesano, artista.
Mirar todas las veces lo que esta persona ofrece en su mesa es preguntarse cómo a partir de una pieza insignificante – una tuerca, una bisagra, una roldana, un balero – a la que paulatinamente se van agregando piezas de objetos que aparentemente han concluido con su vida útil o ya es inexistente, a partir de la paciente labor, comienzan a surgir y conformarse nuevos objetos.

Jorge dice que su fuerte es la herrería artística. Elabora objetos de ayuda para la elaboración de algún platillo o que van encima de las mesas para complementar el servicio en el hogar o la fonda. Además, hace adornos y elementos decorativos para las mesas de centro de la sala o recibidor, esquineros o centros de entretenimiento o para la habitación; artefactos o elementos que hemos visto en algunas ferias artesanales: helicópteros, molinos de vientos, de los que conocemos popularmente como veletas, motocicletas, vehículos, percheros de pie, maceteros, asadores, servilleteros, etc.
Los artículos más y menos cotizados oscilan de 30 a 220 pesos.
Frecuenta los centros de acopio o reciclaje del poniente, que ahora abundan por toda la geografía citadina. Antes, toda la basura se vertía en el basurero municipal, donde había imperios familiares y grupos de poder dedicados a la pepena. Ahora, los centros de acopio son algunos de los muchos filtros por los que pasa la basura, cadena que comienza con el mismo personal de los camiones recolectores de las empresas concesionarias.
Un filtro más son los cientos de personas que se dedican a la recolección de la propia basura: cartón, papel, archivo muerto, latas de aluminio, PET. Sería interminable relacionar y desagregar las características de la basura que aceptan los centros de acopio. Es una impresión personal: la situación económica empuja a muchas personas a dedicarse a la pepena; somos un pueblo dedicado a la pepena. Casi le atinan los economistas al decir que hay empleo total.
Jorge Cen acude a los centros de acopio, donde llegan los objetos inimaginables y donde le conocen y le permiten revisar, seleccionar y adquirir las piezas que necesitan para lo que serán sus obras artesanales.
Le pregunto si se considera artesano cuando, obviamente, por el solo hecho de elaborar sus piezas lo es. Pero él no se considera tal. Baja la cabeza y me contesta: “No sé. Las personas tendrán su opinión.”

La primera impresión que se obtiene de Jorge es la modestia, es una persona sencilla, siempre amable con los que acuden a su puesto. Siempre está ofreciendo explicaciones sobre las características de sus trabajos elaborados. Es serio. Cuando enseña la veleta, o el helicóptero, golpea uno de sus mecanismos para que el cliente observe que dota de movimiento a sus hélices, o que las aspas de la veleta giran según la dirección del viento; si no lo hicieran, dejarían de ser lo que representa, empujado por su timón cola.
Herrero artístico, artesano, artista, salvo la mejor opinión de los que lean esta nota, queda a su consideración etiquetarlo y clasificarlo, lo que no será exacto, pues aquello en lo que se le quiera ubicar es incompleto y complementario de las otras disciplinas.

Ya construidas y ensambladas las partes, mirando todo el objeto en sus unidades, puede que bien poca hallemos o no encontremos razón para que la carcasa del motor de un ventilador de pedestal sea la cabina de helicóptero, o que un motor amarrado sea el tanque de una Harley Davison, o bien que el envase vacío de una lata-barril de cerveza funja como el tanque giratorio de una revolvedora de cemento
Le pregunta es ¿dónde, a partir de qué pieza y parte comienza a visualizar y tomar forma el objeto que realizara? ¿Cuál es la pieza angular sobre la cual se elevará, continuará o ascenderá un automóvil, una veleta, una moto, una avioneta? ¿Cómo los escultores, a partir de ideas preconcebidas o a partir de un bloque de mármol o cantera, hacen surgir una escultura? Columnas, una sensual, simbólica forma humana; un concepto sublime de la belleza. Donde los demás vemos un bloque amorfo de roca, otros vieron a la Venus de Milo, a la Victoria Alada de Samotracia, al David, al Discóbolo. El orfebre Benvenuto Cellini vio arte decorativo donde los demás solo vieron piedras o metales en bruto.
Si miramos a Jorge Cen desde la óptica de la herrería, dice que bien puede hacer unos protectores sencillos, pero en el caso de una puerta o una ventana, el trabajo ya es más elaborado, de medidas y cortes exactos, milimétricos y escuadrados. Ahora sí, como dice el refrán: “zapatero a tus zapatos, y herrero a sus…”

Le queda como orgullo personal el reconocimiento que le hacen maestros herreros, estos que sí entienden de estructuras para bodegas o postes para anuncios espectaculares, quienes le compran sus piezas-objetos, su arte, y que le dicen: “Nunca podré hacer las cosa que tú haces.”
Jorge, ya con las piezas o con un stock de partes, se tarda hasta una semana en elaborar sus objetos de artesanía. En tanto, vaga por los centros de acopio, colectando lo que puede necesitar y, entre ello, piezas de metal que mejor las vende tal cual – aldabas, carrillos, esas piezas que servían y aún sirven para colocar una soga y sacar agua del pozo, cadena, máquinas para pelar naranjas dulces, cuchillos, etc.

Y como todo principio, y como metáfora de su actividad – artes, artesanía –, la pieza fundamental que desencadenó todo fue que un día un viejo maestro herrero de la colonia acudió a él y le empeñó el equipo de soldadura y nunca más lo fue a recuperar. Tuvo ahí asentado el equipo. Supo entonces que aquel herrero había fallecido. Nunca nadie reclamó la máquina. Entonces surgió el hecho de soldar y reparar una pieza metálica en su domicilio. Y de ahí se arrancó para hacer muchas cosas más.
Allí, en el lugar donde le encontré en el tianguis de la Madero, ha estado más de diez años. A un costado de las canchas de usos múltiples. Frente a la secundaria. Debajo de un árbol joven, de escasos siete años, de ramón, coloca sus mesas y un toldo. Allí está cada sábado y domingo.
En este puesto se pueden conseguir, además de las piezas antes dichas, buenos libros y objetos que en cualquier otra parte costarían un dineral.
Hijo de “Vulcano’’ y “Minerva”, diosa de las artesanías, Jorge es una persona que ejerce el arte ancestral de la fragua, el yunque y el martillo, y del equipo de corriente continua para soldar. Ha creado una página en Facebook para exhibir sus trabajos y donde, además del muestrario, se puede encontrar el catálogo de sus trabajos: herrería artística jorge cen.
Texto y Fotos: Juan José Caamal Canul






























Para un servidor felicidades a Jorge Cen sí es un artista.
El Quijote es toda una obra de arte del reciclaje.