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Gertrudis Tenorio Zavala
–Dime: ¿por qué, Laura mía,
exhalas triste suspiro,
si en este bello retiro
la vida sólo es amor?
¿Por qué lloras si te adoro,
tierna, inocente paloma,
si te dan sombra y aroma
el verde campo y la flor?
–¿No has visto, Enrique adorado,
un roble que en su ventura
al sentir el aura pura
por sus hojas resbalar,
descubre que entre las ramas
un ave guarda su nido,
y junto a su amor querido
se le escucha suspirar?
¿Por qué suspira si vive
el árbol de sus amores
y tiene un nido de flores
en el roble encantador?
¿Por qué suspira infelice,
por qué tristemente llora
si mañana con la aurora
cantará su dulce amor?
¡Ay, infeliz! Porque teme
que al lucir el claro día
le quede de su alegría
sólo un recuerdo de ayer.
Porque teme que su amante,
no cual ora enamorado,
alce el vuelo enajenado
a buscar otro placer.
Yo no temo que la muerte
me arranque cruel de tus brazos,
y que destroce los lazos
que dulces me unen a ti,
porque al menos, al dejarte,
mil suspiros daré al viento,
y al sentir mi último aliento
llorarás triste por mí.
Pero sí temo que un día
de mí vivas olvidado,
y vea sólo en el pasado
marchita una pobre flor;
Y por eso en mis ensueños
al gozar de tu ternura,
fuera mi triste ventura
que se apagara mi amor.
1866.
Violetas. Periódico Literario. Tomo I. Veracruz, Imprenta del Progreso, 1869, p. 144.
[Compilación y transcripción de José Juan Cervera Fernández]





























