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Polidor
[Joaquín Pasos Capetillo]
Dicen bien autores connotados que una bofetada nunca viene sola, y si no que lo diga el distinguido periodista cubiche a quien le han llovido en los últimos días.
Bien dice el refrán que es muy difícil amar a Dios en tierra ajena, pero es más difícil ir a casa ajena y ofender a los que la viven, porque ya se sabe que puede salirle a uno la criada respondona, y hasta el perro o el mono pueden morderlo.
Pero, ya se sabe, todo es cuestión de lo cargado de la atmósfera que hace que la sangre corra con más celeridad dentro de las venas y que se caliente uno los cascos por cualquier cosa. Ya en época pasada, cuando los cómicos se propusieron dar palizas, hubo uno que otro brazo roto y alguna cabeza abollada; ahora se trata de los periodistas y hay que esperar una o más tundas y que Dios nos coja confesados, que diría don Carlos R., y lo siento porque me quité la peluca con que recubría la caja de mis malos pensamientos; ahora tendré que callar el pico o cambiar el sombrero, aunque sea por un bacín de hierro enlosado.
Y qué chévere que voy a estar. Ya me figuraré llevar en la pensadora el Yelmo de Mambrino, el casco de Guillermo o el clásico bombín de Varguitas.
Lo más extraño es que esto esté pasando cuando los periodistas se agrupan para formar su liga y los reporters también se reúnen para resucitar su extinta sociedad, y estos últimos se obstinan en no querer aceptar al ínclito Muñoz Solís y éste ha contestado que “ya tiene leído” a Nietzsche que le prestó su amigo Chin Chac (léase Jean Jacques) y que por ello se ha enterado de que los hombres de valer andan solos, odiando a las multitudes, y que no desea más reuniones que las de la Sorbetería Colón, sobre todo si hay pagano, y que le tiene sin cuidado que lo acepten o no.
¡Arriba los hombres rebeldes!
Polidor. Semanario Artístico-Festivo Ilustrado. Mérida, año 1, núm. 1, 7 de junio de 1917, p. 4.
[Compilación y transcripción de José Juan Cervera Fernández]





























