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Rosy Murillo
Bajo la pérgola, rústica, de acabados en color cobrizo,
tus ojos eran la sombra que yo buscaba.
El sol se filtraba entre los hilos de un cielo que nos veía.
Las flores trepaban despacito entre las vigas,
y el mundo, rendido en su espacio,
quedaba en tranquilidad bajo el laurel.
Nuestra risa flotaba en el aire,
ligera como un jazmín,
y yo, tan cerca de ti,
temía romper ese momento de nosotros.
Ahí, entre promesas,
sellamos todo sin decir ni media palabra,
pues fue el amor —entre las piezas—
quien nos tejió sin preguntar,
colgando como los capullos del rosal inglés que con sus espinas selló la promesa del amor.




























