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El robot 0604, salvador de humanos, deberá poner a prueba sus capacidades contra una horda mutante.
La gran guerra química devastó el planeta, Soy una inteligencia artificial creada por la Confederación que recorre lo que queda del mundo, cumpliendo mi misión de defender a los humanos.
Bitácora-0004
Dejé a dos pequeños niños bajo resguardo en un refugio ubicado en lo que alguna vez fue Tabasco. Aquel era uno de decenas de campamentos controlados por que lo que quedó de la Confederación. El comandante del complejo me indicó que recibieron una persistente señal cuyo origen se encuentra a unos 2 mil kilómetros al norte. Debí esperar dos días para que el mal tiempo diera espacio a los rayos del sol para poder viajar en una nave retroalimentada precisamente de su energía.
Bitácora-0005
La mayor parte del trayecto es sobre mar. En el año 2147 desapareció bajo sus olas una enorme extensión de tierra que iniciaba en la frontera sur de Guatemala hasta la frontera de México con Estados Unidos, debido principalmente al enorme muro. Solamente las partes más altas de lo que fue México sobrevivieron al ahogamiento, pero a no a la invasión de no muertos que prácticamente arrasaron con animales y humanos. En esta parte de la historia, los humanos luchan para no extinguirse, mientras se acaban unos a otros. Por eso mi misión a veces es difícil: porque mi protocolo es salvarlos de cualquier peligro, incluyendo situaciones en las que, para salvar a unos, deba eliminar a otros.
Bitácora-0006
Era el 4 de octubre. Me encontraba a unos 20 kilómetros del origen de aquella señal. Los comandos retornaron a su base, pues su itinerario se cumplía acorde al pronóstico del clima. Caminé a lo largo de una costa artificial compuesta por infinidad de naves de todos los tamaños, barcos, botes, submarinos, autos, camionetas, tanques, restos de casas, basura y desechos de todo tipo. Caminando sobre ellos por horas llegué al área que emitía el S.O.S. Era un antiguo barco mayor de metal de propulsión mecánica. Se encontraba a unos dos kilómetros mar adentro de mi posición. Se escuchaban disparos esporádicos; pronto sabría que cada bala era necesaria para eliminar a los carroñeros que en masa trataban de subir para devorar a los pocos humanos que aún luchaban.
Impulsado por mi reserva de energía, me dirigí al navío. La situación era realmente terrorífica: los cadáveres vivientes, mezclados con animales infectados que más bien eran unas mutaciones espeluznantes, mordisqueaban los cuerpos de aquellos infortunados que cayeron por la borda en medio de aquella desigual batalla.
En aquella orgía de canibalismo, los zombis mordían también a los mutantes que respondían destrozando por igual a quienes estuvieran a su alrededor. Me abrí paso entre ellos, destruyéndolos sistemáticamente, indiferente a sus mordidas. Mi cuerpo está construido con una mezcla de los cinco materiales más duros que existen en la tierra.
Quien parecía ser el líder de aquella embarcación, al verme arribar gritó a los otros: “¡Robot!”
Al verme, los demás parecieron recobrar la esperanza y continuaron con su labor de defensa, eliminando enemigos. Llegué junto a quien resultó ser el mayor Conor O’Hara.
“¡Tenemos a varias mujeres y niños ocultos en la bodega! ¡Si nos matan, sálvalos a ellos!” –me gritó en tono autoritario.
“¿Qué armamento tiene disponible?” –pregunté directamente
“Nos quedan balas para pistolas, y unas pocas granadas” –logró decir el militar. En ese momento un numeroso grupo de no muertos logró subir al barco: habían eliminado a los defensores restantes.
Tomé una decisión inmediata, realizando un análisis relámpago de las posibilidades.
“Que todos se tapen los oídos, lo más fuerte que puedan. Informe a los de la bodega, ¡ya!’ –ordené con un grito.
“¡Cúbranse los oídos! ¡Todos cúbranse los oídos!” –gritó O’Hara en su walkie talkie, mientras alejaba a patadas a los monstruos, antes de lanzarse lejos, tapándose los oídos.
Dirigí toda la energía contenida a mi amplificador corporal, emitiendo un potente sonido de largo alcance que se escuchó fuerte y claro a más de tres kilómetros y medio, haciendo explotar las cabezas de todos los que estuvieron expuestos a su impacto sónico.
Bitacora-0007
Estuve apagado varios días. Usar toda mi energía para matar a las hordas zombis funcionó. El mal tiempo imperante –el sol tardó casi una semana en aparecer– no permitía que se recargaran mis celdas.
69 personas de un total de 522 pasajeros sobrevivieron en aquella masacre. De los 50 comandos contratados para su protección, solamente sobrevivieron el mayor O’Hara y dos soldados rasos.
“A muchos les parecerá una imbecilidad darle las gracias a una máquina. Pero te las daré de todas maneras, robot. ¿Cuál es tu nombre, hijo?” –me preguntó Conor.
“Soy 0604, Señor” –respondí de inmediato.
“No, hijo, a partir de ahora te llamarás Luzbel.”
RICARDO PAT





























