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Permítannos escribir la cifra del título: 600 000 000 000. Como podrán observar, es una cifra con muchos ceros. Es más de la mitad de un billón, que es un millón de millones, o sea, 1 000 000 000 000, una cantidad cuya aplicación en gasto es difícil de imaginar, pero que seguramente mejoraría la vida de los mexicanos.
Agreguemos un poco más de contexto: el presupuesto 2026 de gastos de México es de 10.1 billones de pesos, por lo que 0.6 billones representan casi el 6% (5.94%).
De este tamaño (600 mil millones de pesos robados) es el atraco a la nación tan solo por el huachicol fiscal que se dio durante el sexenio del presidente que prometió no robar, no mentir, y no traicionar a los mexicanos; el mismo presidente que nos dijo que no hay atraco a la nación que no sea del conocimiento o no lleve el visto bueno de la presidencia de la República.
A estos 600 mil millones hay que agregar todos los sobrecostos de Dos Bocas (que ya triplicaron su presupuesto original de 8 mil millones de dólares, o sea, de 144 mil millones de pesos a 432 mil millones de pesos) o los sobrecostos del Tren Maya (que costó poco más de 500 mil millones de pesos, medio billón de pesos). Mexicana de Aviación, Gas Bienestar, Segalmex, y los “grandes” proyectos del cuestionado mandatario se agregan a esta lista de pérdidas financieras y, por consiguiente, daños al erario y pérdidas que se cargan a todos los mexicanos.
Si a usted no le genera indignación esta escandalosa danza de cifras que los ladrones de siempre –tricolores, azules y ahora guindas, son los mismos de siempre–, lo invitamos a que observe su medio entorno y valore si está recibiendo servicios de salud a su entera satisfacción, si vive seguro y puede trasladarse por la nación sin preocupaciones, si los ingresos adicionales que percibe han redundado en bienestar económico y mejores condiciones de vida en su ciudad, estado y, sobre todo, en su familia.
“No tienen llenadera” fue otra de las frases que espetó el expresidente. Coincidimos con su apreciación: esta sarta de ladrones, que parece incluirlo, no se cansa de saquear nuestro país.
A la indignación debemos agregar ahora el cinismo y la desfachatez de los personajes involucrados que, ante las evidencias, cada día inventan una explicación nueva, menos creíble, mientras desde la presidencia se les absuelve (aunque a últimas fechas más bien parece que se les desea hundir) y a algunos evidentemente se les protege.
En medio de todo lo anterior, el derecho de amparo –uno de los últimos bastiones de defensa que quedaba a los ciudadanos ante los atropellos del gobierno y sus instituciones– ha caído bajo la bandera “transformadora” morenista.
Como fuera, la gran maquinaria morenista suena y se resquebraja, sometida a tantos cuestionamientos, ante la inexorable acumulación de datos y evidencia.
La noche se torna más oscura…
Esperemos el amanecer.




























