Por Trece Razones – Jay Asher

By on agosto 10, 2017

Libros

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Por Trece Razones – Jay Asher

Ambas hipótesis son igualmente desmoralizantes: si el libro, que se ha vuelto un gran éxito en Netflix al convertirse en serie, nos presenta una imagen actual de la juventud norteamericana es una pena; si el éxito proviene del morbo de conocer los motivos por los cuales una joven se suicida, también es penoso. Como fuera, encuentro Por Trece Razones, del autor Jay AsherThirteen Reasons Why en inglés – interesante desde el punto de vista literario, pero lleno de clichés.

Clay Jensen recibe un paquete por correo; en él se encuentran unos casetes (para los lectores jóvenes, los casetes fueron los predecesores de los CDs como medio para grabar música, y los antiguos reproductores portátiles se llamaban Walkman) grabados por una compañera de clases de Clay: Hanna Baker. Hanna se suicidó y en esos casetes hay trece motivos por los cuales tomó esa decisión. Clay debe escucharlos todos y entregarlos al siguiente que sea mencionado después de él, bajo pena de que otro juego de casetes sea hecho de la opinión pública, con consecuencias graves para muchos de los mencionados entre los motivos. Cada casete debe ser escuchado en el lugar que indica Hanna, para lo cual ha proporcionado un mapa.

Como premisa, la trama es bastante interesante y se nota el cuidado que tuvo el autor de explicar las consecuencias, así como las complicaciones por las que debe pasar Clay para escuchar a la joven de quien él estaba enamorado, a la que nunca se lo hizo saber. Clay está seriamente preocupado al considerar que de alguna manera tuvo que ver en la muerte de Hanna, cuando eso era lo diametralmente opuesto a lo que él hubiera deseado. El libro está muy bien escrito, y el manejo de pausas y reproducciones del walkman se transfieren de manera muy interesante a la narrativa, haciendo muy ágil la lectura.

En donde encuentro la verdadera debilidad de Por Trece Motivos – aunque debo explicar que eso proviene de mi experiencia y también de la idiosincrasia bajo la cual fui crecido – es precisamente en los motivos por los cuales Hanna se suicidó. Aquí es donde abundan los clichés – porque de no serlo entonces estaríamos en la necesidad de considerar que la sociedad estudiantil norteamericana es una farsa, que los padres han desaparecido y que la cantidad de psicópatas es legión – al presentar diferentes situaciones que tuvo que sobrellevar Hanna sola y en silencio: desde la descalificación social, el acoso sexual, los chismes que sobre ella dispersan aquellos que consideraba sus amigos, pasando por el bullying y desembocando en una violación que sufre, y otra que atestigua, pero ante ninguna de las cuales actúa como debe ser: denunciándola.

Jay Asher, autor de "Por Trece Razones"

Jay Asher, autor de “Por Trece Razones”

¿Por qué digo que esto es difícil de creer para mí? Porque la educación que recibí de mis padres me enseñó que, ante situaciones complicadas o dolorosas, siempre podría acudir a ellos para platicárselas y recibir su consejo; en algunos casos ellos podrían intervenir, en otros nos orientaban sobre cómo tomar el asunto en nuestras manos y solucionarlo. Amigos chismosos todos los hemos tenido, ¿a poco no? La solución es aprender de la experiencia y hacerse de nuevos. ¿Amigos que pasan la línea del buen comportamiento? A pintarles la raya y evitarlos. ¿Bullying? Si no podemos nosotros ponerle un hasta aquí a la situación, hay que hacerla del conocimiento de alguien más. Y así por el estilo.

En el libro, Hanna jamás platica con sus padres, no acude a alguien que pudiera ayudarla, y lentamente cae en una espiral que la lleva a considerar su suicidio como una manera de llamarle la atención a todos por su comportamiento, por la manera en que la trataron. Planea cómo se irá de este mundo, graba los casetes, y hasta imagina cómo la verán durante su velorio y lo que dirán de ella. Toda esa planeación e imaginación no la pudo traducir en acciones que la permitieran tomar un rol predominante en la tarea más importante que tenía: ser ella misma, y exigir justicia y la aplicación de la ley sobre todos aquellos cuyas acciones lo ameritaran.

Cuando leemos un libro con temática controversial, la pregunta que nos hacemos muchos es “¿cuál fue el mensaje que pretendió comunicar el autor?” La respuesta en Por Trece Razones es: no hay mensaje. No encontré uno a través de Clay, lo cual también preocupa pues, en vez de darle voz a uno de los pocos personajes “buenos” en la vida de Hanna, dándole motivos para expresar y acusar, lo hace callar y cumplir con las instrucciones de Hannah: pasar los casetes al que sigue. Más bien parecería como si, por las acusaciones contenidas en sus motivos, Hanna estuviera buscando más gente que la acompañara en su “solución”.

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Ciertamente, en nuestro terruño yucateco Ixtab (“la de la cuerda”) ocupa el lugar de una diosa, y el índice de suicidios aumenta año tras año, algo que también se observa en el resto del país, por lo cual las autoridades han creado infinidad de instituciones que ayuden a aquellos que lo estuvieran considerando; al comparar los motivos de los nuestros contra los de la protagonista del libro de Jay Asher arribo a las conclusiones emitidas en el primer párrafo.

Por Trece Motivos pinta una triste imagen de la sociedad americana, sin duda. Como padres que velamos por nuestros hijos, nos corresponde estar cerca de ellos, comunicarnos regularmente con ellos, orientarlos y ayudarlos, hacerles ver que lo único que no tiene solución es la muerte misma. Este es el mensaje que yo colijo de lo que aprendí de mis padres, y de lo que he vivido. No es el mensaje de este libro y, por lo tanto, no deja de ser tan solo un buen ejercicio de escritura.

S. Alvarado D.

sergio.alvarado.diaz@hotmail.com

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