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Pibil y los aluxes (I)

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PIBIL_ALUXES

Pibil y los aluxes (I)

Pibil, El Defensor de los Angustiados conocerá a unos legendarios personajes con los que vivirá una interesante aventura.

Como cada 15 días, acudí a casa de mi tía Isela en mi natal Abalá. Era temporada de lluvias y la yerba estaba muy crecida, así que llevé mi coa, mi machete y dos litros de agua, uno para la sed y otro para preparar pozole. ¡Máaaaa, quée ricoooo!

En mi Pibil Móvil traía, además, mi grabadora y una dotación de cassettes; sí, me gustaba el sonido añejo de mi fiel reproductor. Las canciones de Los Babys suenan mejor en ese formato.

Hallé a mi tía algo inquieta. Aseguraba que los aluxes estaban muy alebrestados y la habían visitado varias veces para hacer travesuras en la cocina y en el patio, mayormente desordenando cosas, o quizá comiéndose un pan, un postre o tortilla.

– “¿Los has visto, tía?”- cuestioné.

– “No, hijo, pero sé que son ellos”- contestó segura doña Iselita.

Por la tarde ya había desyerbado todo el fondo del patio. Me senté bajo la mata de mango, para disfrutar los últimos tragos de mi pozole, cuando unas carcajadas sonoras me hicieron asomar la cabeza detrás de la albarrada.

Para mi sorpresa, dos pequeños duendes estaban frente a mí, aguantándose las ganas de seguir destornillados de la risa…

– “No lo tomes a mal, Isidro, pero ustedes los humanos están re chistosos… jejeje. Pero, bueno, necesitamos la ayuda de Pibil y esperamos nos acompañe a una importante reunión que habrá en 20 minutos, de aquí de donde está la albarrada, unos 40 metros pa’l monte, en línea recta. ¿Contamos con su presencia?”

– “¡Por supuesto!” – contesté, al mismo tiempo que la incredulidad asomaba en mi rostro: ¿cómo sabían aquellos pequeños que yo era Pibil?

– “¡Aaaah! Y si te preguntas cómo supimos quién eres, la respuesta es muy fácil” – rió el más gordito de ellos, antes de proseguir –. “Lo que pasa es que revisamos tu volchito, aquí en la entrada de doña Isela, y vimos tu licencia de conducir; así supimos tu nombre y descubrimos tu traje de Pibil, oculto entre la ropa sucia que trajiste pa’ lavar. Así que yo y Xilip nos dijimos: ‘Pos ha de ser él Pibil, ¿masinó?”

Carcajeándose, de nuevo corrieron al interior el monte, en la dirección señalada.

Llegué al punto exacto cerca de las 8 de la noche. Allá estaban al menos dos decenas de aluxes, todos en semicírculo, atentos a mis movimientos, que eran extremadamente calmados, algo de lo que se percató el quien sin duda era el líder, ubicado al frente.

– “¡Te saludo oh ‘Defensor de los Angustiados’! Soy Chacnic, el alux que guía los destinos de todos estos amigos y sus familias, quienes también son mis hermanos. Debes saber que tus proezas son conocidas por nosotros. Tus acciones a lo largo de esto años te han labrado una reputación de hombre, digo cerdo, digo hombre, digo ‘hombrecerdo’…  quiero decir, héroe.”

– “Gracias” – respondí de manera cortés, antes de dirigirles unas palabras.

– “¡Gracias, oh líder de los aluxes, a quienes también saludo con afecto! Debo decirles que ustedes están presentes en nuestras tradiciones, y forman parte de las más hermosas leyendas de coexistencia entre seres fantásticos, como ustedes, y los humanos. En mi familia, varias generaciones afirman haber conocido a sus ancestros aluxes, y mi tía siempre me dice que ustedes la visitan con frecuencia.”

– “Es verdad todo eso que dices, y sé que podríamos pasar varias horas compartiendo afinidades y desacuerdos de esa coexistencia que mencionas, pero la importancia de mi mensaje debe proporcionarse de inmediato, pues las consecuencias de los males que se avecinan sobre este pueblo serían fatales” – interrumpió Chacnic

– “¿Qué es lo que sucede, gran líder?” – pregunté muy intrigado.

– “Un personaje maldito tratará de hacer esta noche un antiguo ritual ceremonial para tratar de atraer entidades más malignas aún… Para lograrlo, no dudará en realizar un sacrificio humano, y para ello ha secuestrado a una hermosa mestiza llamada Xotchil, a la que tiene cautiva y quien ha librado la lascivia de este ser, porque la requiere virgen para consumar su hechizo. ¿Serás capaza tú de detenerlo y rescatar a la niña?” –  preguntó el duende, mirándome fijamente a los ojos.

– “¡Por supuesto!” – grité con todo mi ánimo encendido.

– “¡Que chingón! Esteee, digo, ¡qué bien!” – respondió eufórico. “Excelente, Pibil. Ahora solo resta que nos sigas para llegar a tiempo al ritual que iniciará en punto de las 11 de la noche y está mucho más dentro del monte, a varios kilómetros.”

– “No importa donde sea, ni qué tan lejos esté el lugar. Iré, me enfrentaré a ese malvado, ¡y traeré de vuelta a la muchacha!”

– “¡Esoooooooooooo! ¡Bravoooo! ¡Muchoooo!” – gritaron los aluxes a coro, entusiasmados por mi convicción.

Así que, sin esperar más, nos enfilamos con rumbo a aquel inevitable encuentro…

CONTINUARÁ LA PRÓXIMA SEMANA…

RICARDO PAT

riczeppelin@gmail.com

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