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Mitsu e Hiraku (XXVII)

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XXVII

‘Un secreto preciado de los Shinobi-no-mono tiene relación con la posibilidad de ingresar a otras realidades a través de la mente. Solamente dos guerreros lograron tal proeza: Mitsu e Hiraku’ – AYUMI KOIZUMI, Cronista

Kadashi soportó todo el trayecto hasta el búnker donde fue llevado sin emitir un solo quejido, pese a tener quemaduras graves que le había desfigurado el rostro, más las serias heridas sufridas en el duelo ante el odiado Hiroshi, más las tres heridas de bala que perforaron su brazo y pierna derechas, así como su espalda. El dolor era tan intenso que en su mente debió librar una titánica batalla para contrarrestarlo, algo que solamente un maestro como él era capaz de lograr. Infortunadamente, el ardor de su orgullo calcinado no tenía remedio.

Sabía que iba a morir, que todas esas heridas no serían nada comparadas con las que comenzaría a sufrir de inmediato. Había decidido no emitir sonido alguno. Esa sería la muestra de su desprecio para todos esos malditos que lo habían cazado.

El helicóptero aterrizó en la frontera de México con Guatemala, en plena selva. Cooper hizo entrega del prisionero a otro comando armado. Para aquellos mercenarios, la misión encomendada por la Compañía terminaba ahí mismo. Observó como el japonés era llevado al interior de aquel escalofriante refugio de cemento reforzado con acero.

Wyatt lo esperaba cerca del helicóptero, que era abastecido de inmediato. En el hangar ya se encontraba la otra nave de donde descendieron Rodríguez, Kelly, Shaw y el francotirador Cross. Estos de inmediato le informaron la ruta de escape de los otros dos asiáticos, a quienes ya no persiguieron al recibir órdenes de retornar. La presa había sido atrapada.

Cooper les informó que saldrían de ahí de inmediato. El duro soldado de la fortuna, curtido en los peores combates, no soportaba estar más tiempo del necesario en aquel siniestro lugar.

<<¿Qué pasa Boss?>> preguntó Wyatt apenas levantaron vuelo con rumbo a los Estados Unidos.

Cooper encendió su enorme puro Cohiba antes de confesar la urgencia.

<<Admito que soy un hijo de puta que ha asesinado a tantas personas que no tendrá perdón divino cuando muera. El ‘Asesino de Negro’ es igual. Ahora le tocó turno de pagar, y se la cobrarán de maneras que prefiero no saber. Pero mi orden de salir cuanto antes se debe a que tengo la certeza de que ese lugar está maldito. Hay muchas historias extrañas sobre ese bunker.>> El líder dio una fuerte aspirada al puro. Wyatt, experto en contraespionaje e investigación recordaba algo relacionado al sitio.

<<¿No es allá donde desapareció el escuadrón de Brooks? ¿Recuerdas, boss? Aquel rudo chicano que también formó su propia empresa. Nadie volvió a saber de él ni de ninguno de sus subordinados.>>

Cooper cerró los ojos repetidamente, señal de que no deseaba profundizar más, pero tuvo el acierto de finiquitar la charla con una última argumentación.

<<Además allá estuvo también un maldito nazi que torturaba prisioneros con métodos… nada lindos. Me producen escalofríos esos hijos de puta. Así que mientras más lejos estemos mejor.>>

+++++++

Kadashi fue llevado a una enorme mazmorra y colocado desnudo sobre una mesa de cemento. Sus cuatro extremidades fueron aseguradas a la mesa con correas de cuero. Sus heridas no fueron atendidas, por lo que el sangrado era constante. El japonés sabía que, cuando esta se agotara, su corazón se detendría y entraría en shock, burlando así el sendero de dolor que seguramente le tenían preparado sus captores.

Por primera vez, pudo olfatear el olor a carne quemada y se dio cuenta que era porque tenía casi todo el rostro arrasado por el fuego, lo mismo que el pecho, la espalda y la parte superior de ambos brazos. Como tenía quemados los párpados, no podía cerrar los ojos, por lo que sentía que estos le iban a explotar. Los oídos le zumbaban y la boca se le había cocido, dejando al descubierto la mayor parte de su dentadura.

Pese a todo, pudo percibir que varias personas ingresaban y se acercaban hasta donde él se encontraba, completamente indefenso. Los personajes permanecieron un breve espacio sin mencionar palabra, simplemente observando lo que quedaba del célebre ‘Asesino de Negro’.

El que parecía ser el líder tomó la palabra: <<Kadashi Fukuda. Debo manifestar mi sorpresa al enterarme que no ha emitido gemido alguno hasta ahora, pese a que ya nunca será el atractivo joven que era hasta hace algunas horas. Es admirable. Bravo. Es mi deber explicarle que he sido enviado aquí por órdenes de gente muy, muy, muy importante, debido a que usted, sin motivo alguno, cercenó la cabeza de una mujer que debió ser intocable. Tan importante es este superior, que he sido enviado personalmente a hacerme cargo de su caso. Antes de comenzar, haré la presentación de rigor para que entremos en materia. Este diálogo será importante para que vaya comprendiendo el nivel de importancia de cada cosa.>>

Kadashi escuchó todo con claridad. Cuando aquel individuo se acercó a su rostro, pudo percibir el hedor que despedía quien hablaba, un aroma a formol.

<<Bien, señor Kadashi. Empezaré diciendo que soy doctor, aunque también soy científico. Por mi acento, usted ya debió intuir que soy alemán, lo cual es correcto. También supongo que ha entendido que, al ser médico, sé perfectamente como destruir un cuerpo sin ocasionar la muerte del sujeto. Déjeme agregar algo: al ser científico, lo que he aprendido en mi campo de estudio a lo largo de las últimas ocho décadas me ha permitido ser el mejor torturador que ha existido. Cuento aquí con tooooodas las herramientas y medicamentos necesarios para hacer que usted experimente una cantidad ilimitada de dolor sin fallecer… ¿No es asombroso? Debo confesar que no es una práctica que realmente me interese; lo mío es el análisis de las reacciones humanas. ¿Sabe, joven Kadashi? Es usted un hombre afortunado, muy afortunado… ¿Quiere saber por qué? Porque no morirá.>>

Kadashi alcanzó a observar cómo el anciano se quitaba el saco para colocarse una bata médica, para colocarse entonces unos guantes de látex. Vestido parala ocasión, continuó su sentencia.

<<Cuando se me indicó que lo torturara, pero no lo matara, me pregunté cómo era posible que el máximo líder ordenara eso, sabiendo que usted había decapitado a su madrina. Resulta que el amo tiene para usted una misión especial, una que le permitirá seguir vivo. Ya no será el atractivo varón nipón, sino una de mis obras maestras. Verá, Kadashi, yo me especializo en esto, en lograr cosas imposibles, en dar forma a las quimeras de otros. Se requiere tiempo, paciencia, recursos ilimitados, por supuesto, y sobre todo la bendición de quienes nos gobiernan desde hace siglos. Esa bendición ha hecho posible que yo, junto con otros genios incomprendidos del pasado, podamos dar nueva vida a pecadores como tú.>>

Kadashi sintió un estremecimiento. Estaba dispuesto a morir mientras era torturado; se trataba de morir, y ya. Ahora este maldito hablaba de transformarlo en algo horrible: en un esclavo.

El doctor realizó una segunda pausa para inyectarle 3 vacunas en diferentes zonas de su destruido cuerpo. Aplicó torniquetes a los sangrados más urgentes y procedió a concluir aquella primera parte del relato.

<<‘No te voy a mentir, Kadashi. Vas a sufrir lo que ningún ser humano ha sufrido hasta ahora. Te llevaré de paseo a un laberinto de dolores que comprenderán métodos medievales, métodos de la Santa Inquisición, pasando por algunas prácticas que los sanguinarios piratas infligían a sus prisioneros, sin olvidar los tormentos que el Viet Cong aplicó a sus enemigos norteamericanos… Como sentirá en breve, he iniciado un tratamiento para evitar que entre en shock, porque la mente es tan peligrosa que debemos someterla con drogas. Así garantizo que seguirá vivo los siguientes días, mientras me encargo con mi colección de bisturís a profanar cada zona suya… Me entusiasma saber que usted podría ser el único capaz de soportar todo sin gritar, aunque sé que tarde o temprano terminará rompiendo su silencio. Esperaré fervientemente el momento.>>

<<Mis cálculos indican que podríamos llevarnos con este proceso inicial unas dos, o hasta tres semanas. Seguidamente, iniciaremos el proceso de transformación, que será igual o aún más doloroso que la tortura. Tardaremos meses, quizá un año, antes de finalizar mi trabajo. No me quiero dejar llevar por el entusiasmo. Ya me ha pasado antes con otros especímenes en Auschwitz. ¡Ah! Cómo recuerdo a aquellas gemelas judías… ¿Cuáles eran sus nombres?… Stasha y Pearl, exacto. Le decía que no sería profesional permitirme tal capricho. Si usted resiste, si realmente es capaz de soportar este calvario, le garantizo, Kadashi, que podrá seguir viviendo, convertido en un arma más letal. Tendrá la oportunidad de convertirse en la obra maestra del genial doctor Josef Mengele, su atento servidor…>>

<<¿Comenzamos?>>

Continuará…

RICARDO PAT

riczeppelin@gmail.com

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