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Mérida retrospectiva, homenaje con justicia
Este libro encierra una profunda enseñanza para las generaciones pasadas, presentes y futuras, y lo podemos seleccionar en la presentación del libro El Barrio de La Ermita de Santa Isabel, un Rincón Colonial de Mérida, que aprehende a nuestro parecer la ideología político cultural de la administración 1965-1967: restaurar los lugares que forman parte de nuestra historia, de nuestra tradiciones y cultura y para recuperar y enaltecer los valores de la memoria y la cultura de nuestro pueblo.
El maestro Luis Alvarado Alonzo, realzando este pensamiento, actuando conforme a una elevada reflexión para hacer justicia a las acciones un tanto olvidadas –y por ello en riesgo de ser selectivamente secuestradas – y contextualizando la obra municipal de la que fue testigo en primera fila y de primer orden en el tiempo y el espacio correspondiente, lo manifiesta: Recuperar y enaltecer los valores de la memoria, es la circunstancia de la obra municipal de aquel entonces, en este momento.
Otras enseñanzas podríamos aprovechar del libro. Entrevemos aquella de volcar los esfuerzos, individuales y colectivos de una comunidad y de la sociedad en general – públicos y privados – hacia la consecución del bien común. Otra es la actitud de un ciudadano y político en el buen sentido, significación y acudiendo a los orígenes de la palabra, quizá idealizando lo que debe ser la política: aquel que se interesa por las cosas de la polis, de la ciudad.
Hojeamos y leemos el libro, y nos encontramos ante la visión del instante de una ciudad que casi en un abrir y cerrar de ojos se desarrolló de manera impactante, creciendo más allá de donde se le podría permitir, sin que medie algún plan para atender, regular y ordenar al ciento por ciento a la comunidad.
En la actualidad nos visitan personas y profesionales de otros países para que nos expliquen el porqué del crecimiento de la ciudad, si es o no correcta su re densificación, para que nos inspiremos en ejemplos para mejorar la nuestra. Pero de ahí no pasa. Hace falta quizá más voluntad política y más compromiso con el proyecto que representa Mérida.
Mérida, en el momento del que se ocupa el libro, crece, y conjuntamente sus espacios y, en consecuencia, el personal que debe atender esos lugares y proporcionalmente sus presupuestos a ejercer.
Construcción de calles, tendido eléctrico, iluminación urbana y bacheo han sido, y serán, obras constantes, ininterrumpidas, pero que desaparecen. Son devoradas por la dinámica galopante de la misma ciudad.
Hay varios legados morales y de acción, pero nos parece que aún perviven dos, cimentados, sólidos y trascendentales, de la administración 1965-1967: Las serenatas del parque Los Héroes en Santa Lucía, y el rescate del pasaje o circuito San Juan-La Ermita de Santa Isabel.
En esos planes observamos que estuvo involucrada la sociedad y, específicamente, empresarios, políticos, comerciantes, escritores, poetas, trovadores y ciudadanos.
La visión de la obra era lograr la permanencia, que en la ciudad siguieran y pernoctaran los visitantes y, por lo tanto, existiera una derrama económica que favoreciera a los empresarios, a los trabajadores, a sus familias, a la economía de la propia ciudad.
En paralelo, ofertar espectáculos muy propios para visitantes, los meridanos y sus familias, accesible a todas las clases sociales, señaló Arturo Menéndez Paz en la presentación. El proyecto no pudo ser de un solo hombre; hubo un colectivo social involucrado y le correspondió al alcalde Agustín Martínez de Arredondo ponerlo a andar.
La obra también se ocupa de poner en su justo lugar y medida a todos aquellos actores involucrados en el proyecto. Nos contextualiza histórica, cultural y económicamente el momento en que surge el rescate del Parque de Santa Lucía y el, o los eventos que lo coronan.
La idea de las serenatas no surgió de una manera espontánea, no fue una idea alegre. Como los buenos licores, tuvo maduración – el libro recoge testimonios y contiene los antecedentes y las ideas predecesoras –, y esperó pacientemente hasta que se concretó el rescate. Por eso pervive, por eso aún las podemos seguir disfrutando.
Observamos que en el proyecto confluyeron muchos factores: lazos de identidad familiar y vecinal, coincidencias intelectuales y artísticas, confluencia de voluntades políticas y empresariales. El concepto de las serenatas del parque Los Héroes de Santa Lucía nació con pañales de seda.
El libro vas más allá, no lo podemos circunscribir al hecho somero y cultural. El documento da pie a elementos para hacer un estudio sobre la evolución de nuestra ciudad y su evolución económica presupuestal, sobre la planeación del futuro ante el testimonio de un texto histórico.
Pensemos hoy en cómo será la ciudad en cincuenta años. Este libro continuará siendo en ese entonces una referencia cuando se hayan cumplido los cien años de aquel ejercicio administrativo municipal, difícil por sus circunstancias económicas y presupuestales, complicado por los azares de los fenómenos climatológicos, por el ambiente socioeconómico local – nosotros dependiendo del monocultivo – y, para mal de males, la caída de los precios de las fibras duras, que además estaba subsidiado por el gobierno federal, comentó Menéndez Paz.
Hay detalles y aspectos que llaman la atención: que Mérida en 1965 fue paso de un tornado y la ubicación de La Chorrera. Lo que se llamó tornado, por nombrar de alguna manera al fenómeno climatológico, quizá pudo ser una tromba que voló láminas y causó desperfectos; y ese espacio tradicional, ¿La Chorrera? cuyo nombre escapa para las generaciones actuales, y quizá ya no es referente y se haya perdido, cuando se refiere a la confluencia de las calles 74 con 49.
Ya en la presentación el autor indicó, citando el texto del mensaje final del alcalde, que para que las autoridades administrativas de la ciudad accedieran a créditos, el señor Martínez de Arredondo como empresario y persona dio su aval para el ayuntamiento, no como figura política de la propia ciudad sino como ciudadano ejemplar, moralmente solvente.
Algunas más fueron las acciones consumadas que se tenían que hacer en eso momento histórico y no posponerse, como el traslado de los baratilleros a lo que se conoció y sigue llamado Bazar García Rejón; la construcción de caminos de acceso a las comisarías de los alrededores; la electrificación de las colonias populares, etc.
De la misma manera, asoman aspectos de la participación empresarial pensando en claves de inversión económica a futuro, como por ejemplo dos empresarios fundadores de corporativos del rubro de los electrodomésticos que son nombres y apellidos que “nos suenan”: Pasos Peña y Domínguez Moreno, que invirtieron y participaron en la electrificación de Mérida.
El mensaje final es muy sincero, no es esa clase de discurso político triunfalista, vacío o pomposo. Me parece un monólogo de persona ante el deber cumplido que mira el trabajo, el compromiso, la responsabilidad de quienes vendrán ante la obra, pensando en el futuro de lo que es nuestra casa, Mérida.
El alma de este libro es el pensamiento de un hombre sensible que no esperó más reconocimiento que una sonrisa, unas palabras de aliento, pero que está a la vez atormentado ante el laberinto de los problemas reales que enfrenta la ciudad, sin hallar la salida económica para subsanarlos efectivamente. Un hombre que se reconoce humano ante los errores posibles cometidos, no por dejar hacer, sino por el entusiasmo de abordarlos y hacerlos.
Pienso, ante la reflexión humana que nos dejó, que toda obra es inacabable, perfectible, que las soluciones generan nuevos problemas, en la sentencia económica para todos los tiempos y todas las épocas para cualquier sistema económico: las necesidades son muchas y apremiantes, pero los recursos jamás serán suficientes.
Es un discurso no de un hombre solitario, sino de una persona en la soledad final de las decisiones, ante el tribunal de la posteridad, ante las banderas ondulantes de las acciones ejercidas, el pensamiento ante el vasto valle del porvenir de las empresas humanas por realizar, ante la obra cumbre de su vida en la que hay que trabajar aún más para concluirla.
Menéndez Paz nos compartió el sentir de la sociedad ante el candidato Martínez de Arredondo al que se consideraban idealista, un tanto utópico para emprender un paquete de obras municipales que en aquel entonces se antojaban irrealizables o no factibles de cumplir, pero que al final cumplió en demasía.
El libro es un texto con acotaciones documentales históricas, tanto bibliográficas como hemerográficas, testimonios de personas de aquellos tiempos, voces en la voz del autor.
Gómez Chacón, otro de los presentadores, citó que es una obra acertada, que quizá no ha habido otro documento que se le asemeje. Que quizá buscarlos en los archivos municipales solo nos serviría para confirmar lo que sospechamos: este tipo de documentos están extraviados o desaparecidos.
La obra que nos presenta el Maestro Luis Alvarado Alonzo multiplica su importancia y nos motiva a estudiar los hechos-cosas del pasado.
Juan José Caamal Canul





























