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La nostalgia de los buenos tiempos

“Mi esposo Jorge era conocido como Webis en la Colonia. Acá era conocido como Rebolledo. Fue agente de la Dirección de Seguridad Pública y Tránsito del Municipio de Cozumel. Eso sí, era muy estricto, muy bueno en su trabajo. Estaba asignado en el centro de la isla, donde está el muelle del crucero donde salen y llegan los barcos que van hacia playa del Carmen. Lo pedían los comerciantes y los taxistas porque era muy cumplido en su tarea, además de ser muy amigable con todos, pero muy estricto en su deber que hasta a sus hijas les pedía sus papeles cuando transitaban por allá en su moto. Era una persona que, como agente de tránsito, no perdonaba. Mi hija me dice molesta: ‘¿Qué crees? Me paró mi papá en la moto.’ ‘¿Qué hiciste?’ ‘Nada, nomás me pidió mi licencia, pero me paró,’ decía mi hija.”
“Fíjate, Ariel, que un día por cumplir con su trabajo lo castigaron. Fíjate qué pasó: no dejó que se estacione en zona prohibida una camioneta Suburban precisamente frente al crucero. Esas camionetas cuando venían acá llegaban a la casa presidencial y el chofer vino y se estacionó en el mero crucero frente al muelle, donde estaba él cuidando el tránsito. Lo fue a quitar, ‘aquí no se puede estacionar’ le dijo, ‘avance un poco más, no se puede estacionar aquí…’ ‘¿No sabes con quién te estas metiendo?’ le decía el chofer. ‘Que avance un poco más adelante,’ le ordenaba él. ‘Aquí no se puede estacionar.’ Hasta que escuchó una voz que venía del interior de la camioneta: ‘El agente está haciendo su trabajo,’ le dijo al chofer. Webis no conocía al chofer, pero al de la voz sí lo reconoció: ¡¡Era el presidente Ernesto Zedillo!!… Al fin y al cabo, movieron el vehículo, pero a él lo castigaron, lo mandaron como dos semanas de vigilante al corralón. Él hizo su trabajo, no dejó que se estacione la camioneta en lugar prohibido.
“Luego los taxistas y los comerciantes lo pidieron de nuevo porque era muy buen elemento, muy amigable. Hacía bien su trabajo,” comenta la hija de don Pedrito.
“¿Qué valores me dejó la Colonia? ¡El Respeto!” responde Maggie de inmediato, con énfasis. “Respeto a los padres, maestros, a todos los adultos, al sacerdote, a los padrinos, el respeto era mucho de allá. Todos se respetaban. Me gustaba también la limpieza, la decencia, nos cuidaban y vestían muy bien. Añoro todo eso, ya quisiera tener la Colonia como era antes. A mis hijos les platico todo lo que ahí vivimos, la kermesse después de misa, cuando terminaba la misa y estaba tocando la orquesta de don Pancho Rejón en la cancha. Ahí tocaba mi cuñado Miguel Arjona; todas esas personas que tocaban en la orquesta eran trabajadores de la fábrica, tocaban sábado en Colonia, y domingo en la Sierra, se alternaban. Era todo muy bonito, tengo muy lindos recuerdos de Colonia. Salías a cenar panuchos con don Basulto, a jugar lotería. Muy bonita la vida que teníamos, a pesar de que estaba controlado por la empresa estaba muy bonito.
“‘A veces quisiera regresar a vivir a la Colonia,’ les digo a mis hijos. ‘¿Regresarías, mamá?’ me preguntan. ‘Cuando te pensiones te vas un tiempo para allá.’ Sí me iría. Ahora voy a Colonia en enero y julio, ahí pasaba mi cumpleaños con mi hermanita Conchi y mis hijos se molestaban, me reclamaban porque no me quedaba a pasarlo con ellos. Pero estaba ahí mi papá. ‘Aunque sea los últimos años que le quedan quiero pasarlos con él’ les decía. Ahora hasta mis hijos les gusta ir a Colonia; también a mis yernos, cuando van se van a El Cuyo a pasear. Este año que cumple su cabo del año de Jorge quiere venir la familia de mi hermanita Conchi porque somos sus padrinos de boda. Rosy vino con su familia en Semana Santa. Aquí estamos y aquí seguimos.”
“¡¡Ay no!! Mi vida fue maravillosa, excelente. No lo cambiaría por nada. Nos salimos por el problema de la fábrica, pero no lo cambio por nada. La Colonia Yucatán es mi Colonia Yucatán, siempre lo presumo cuando me preguntan de dónde soy. ‘De la Col.Yuc, orgullosamente,’ les digo con énfasis. ¡Ay no!… No lo cambiaría por nada. ‘El día que yo muera, quiero que mis cenizas las lleven allá junto a tu abuelo Pedrito,’ les digo a mis hijos.
“La verdad, si pudiera regresar a vivir allá lo haría. Voy a ver si cumplo mi promesa de reparar la casa de mi papá. ‘¡Ay, mamá! Si te vas ya no vas a volver con nosotros,’ me dicen. La única que queda en Col.Yuc es Conchi. Felipe está en Mérida y las demás en Cancún y yo en Cozumel,” me dice casi a prisa la hermanita de Omar. Durante toda la plática habla emocionada, se le nota en sus los ojos y su sonrisa. Fueron muy contadas las preguntas de por medio durante esta charla.
“Ahora quiero componer la casa de mi papá,” continúa la conversación ya encarrilada. “Ya hablé con mis hermanos, nada más que me den el finiquito de mi pensión y con mis ahorros que tengo quiero reparar los techos. Conchi me dijo que me ayuda, igual mis hermanos me han dicho, porque la casa está a mi nombre. Mis sobrinos que son albañiles me han dicho que ellos lo harían, hasta mi cuñado Manuel me ha dicho que colabora para ir más seguido.”
“Mis hijos me ayudan económicamente, Ariel,” me confiesa. “Los cinco me dan mi dinerito. Aunque saben que trabajo, no me preguntan si lo necesito o si tengo, me dan; igual me traen ropa, zapatos. Este año me regalaron mi lavadora. Cada diciembre igual me regalan cosas. Todos así son; cuando vivía su papá igual. Todos son buenos hijos.”
“Se ríen mis hijas de mí porque a veces, cuando llego de mi trabajo, acá me quedo hasta tarde viendo tele. En cambio, cuando voy a Colonia, a las siete de la noche ya me acosté a descansar. Los dichosos buñuelos ya casi no los hago; ahora mi hermana Conchi sigue la tradición que mi mamá nos dejó. Ella hace buñuelos en la Colonia, pero de vez en cuando, solo en ocasiones especiales. Cuando le encargan lo hace,” finaliza Maggie la charla que tuvimos largo rato en su casa de la isla de las Golondrinas, la isla del amor, como dice nuestro amigo ColYucteco Felipe Balam en su programa de radio ‘Viejitas pero Bonitas’ en Sol Stereo, la onda Tropical del Caribe, cuando se refiere a Cozumel.
Poolcanes – Del maya, Pool, Cabeza, y can, culebra: fritanga de maíz en forma de cabeza de culebra que contiene pepita e ibes.
L.C.C. Ariel López Tejero




























