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Junto con el Arte y la Seguridad Pública brindada por la policía
edgar rodríguez cimé
Decía el especialista en cultura maya en su conferencia hace muchas lunas que “en el siglo VI después de Cristo, mientras en Europa los pueblos bárbaros se entretenían jugando con lodo, en América los mayas hacían ciencia astronómica y alta cultura,” lo cual, para mi gusto, a pesar del apocalipsis vivido en buena parte del mundo, todavía se refleja hoy día en el clima de paz espiritual que aún se respira en Yucatán, sobre todo en sus sitios más apartados: las olvidadas comisarías.
Esta paz espiritual y social, brindada por una filosofía de la vida que trabaja para vivir y no para enriquecerse a costa de la explotación de los hombres y la expoliación de la Madre Tierra, permite un modo de sobrevivencia que podemos llamar “La buena vida”: sencilla, natural y respetuosa de hombres y naturaleza.
A esta buena vida, cuyo componente básico es la paz que nos caracteriza a los mayas yucatecos, se han ido sumando, desde la época prehispánica: los mexicas, procedentes del Altiplano; de la colonial: españoles y negros; así como la moderna en el siglo Veinte: chinos, alemanes o libaneses. Además, a fines del siglo XX, también comenzaron a llegar oleadas de mejicanos (bravos) de otros estados que vendrían a conformar las últimas migraciones llegadas a Yucatán.
Yucatán, cuya base cultural maya en el territorio estatal permite un clima de paz porque nuestro código genético, formado en base a milenios, es de una naturaleza tranquila y no “entrona” como chilangos y norteños que “se la rifan” por “quítame estas pajas”, a fines de los 80 del siglo XX fue literalmente “inundado” de cocaína barata para “abrir mercado”; si no se logró, creo, fue porque la naturaleza tranquila del maya yucateco, en el territorio estatal, no va con esta droga que te pone “muy veloz” (además de más cara, por lo cual se consume más cannabis); quizá por eso circula más en ciudades como Mérida o Cancún.
En el Centro de Readaptación Social (CERESO), de Mérida, Yucatán, por ejemplo, en comparación de otros penales del país, dos elementos que de plano sobresalen en su interior son tanto la paz interna –que en su mayoría la integran dos grupos: maya yucatecos y jóvenes urbanos, cuyos “cerebros” cholos han organizado numerosos eventos culturales, donde se han presentado para la raza de cuates internos las mejores bandas locales de rap y reggae: Mayukas (contracción de mayas yucas) o Jam Gorila –; a esta base cultural ancestral, cuyo fundamento son las cientos de fiestas tradicionales en honor de los santos patronos protectores de las comunidades mayas, se ha sumado la contribución de los artistas y promotores de cultura de todos los municipios en Yucatán, así como la aportación de los ayuntamientos para conformar programas artístico-culturales que retroalimentan el código genético del pueblo maya yucateco en todo el territorio estatal.
La suma de todo esto posee un peso similar, o mayor, que la labor de seguridad pública brindada por la policía de Yucatán que acaba de ser, con justeza, premiada con aumentos de sueldo. Lo ideal sería que también el pueblo maya, junto con el sector cultural, recibiera un aliciente. El pueblo maya, con un programa educativo intercultural maya-español, y el sector cultural con un sustantivo aumento al presupuesto correspondiente, para contratar a más artistas que contribuyan a consolidar este clima de tradiciones, arte y cultura que nos caracteriza como pueblo maya yucateco, a pesar de las últimas migraciones.
edgarrodriguezcime@yahoo.com.mx
colectivo cultural “Felipa Poot Tzuc”





























