Visitas: 4

Jet’s Muuk’ Yaj
Era noviembre en el Mayab y, allá en Dzac Xiu, pueblito perdido en la selva, esperaba reunida la familia Tuyub Can la muerte de su padre H-Lol, para llevar a cabo los rezos y ofrendas a Yumbil que le salvarían el alma.
Todo estaba listo: la mortaja, el cordón, la caja, las velas, la sepultura, el anís de miel, el café, el chocolate, las gallinas, los pavos, los cerdos, la leña y los calderos en cantidades suficientes para el velorio, el entierro, el tercer, quinto y octavo días. También estaban presentes los vecinos que sabían amortajar, rezar, llorar, cocinar, auxiliar a los dolientes, etc. Lo único que faltaba era el muerto y el viejo H-Lol no se moría. Los parientes que llegaron primero comenzaron a impacientarse debido a que, por cumplir los deberes familiares impuestos por la tradición, habían dejado sus hogares y milpas abandonados.
Una noche, a la puerta de la choza, sentados en piedras formando rueda y con la única luz que emanaba de los cigarrillos, la tertulia de parientes tenía como tema pasajes de la vida de H-Lol.
Entre otras cosas, salió a colación que había dedicado gran parte de su vida a practicar la hechicería; que supo hacer el bien y el mal con los conocimientos de la naturaleza que tenía. Afirmaron que era un verdadero H-men, y que para su trabajo utilizaba vegetales, minerales, animales, ritos y rezos. Era solicitado por vecinos de lugares lejanos.
H-Bon Tuyub dijo que su tío había hecho más bien que mal, pero que pagaría con creces el mal que había hecho, porque tenía poderes divinos que sólo debió utilizar para hacer el bien. “Tuve la suerte” -continuó diciendo- “de vivir cerca de él y de recibir sus distinciones. En una ocasión me dijo: ‘Querido sobrino, a los noventa y seis años enfermaré para morir, pero solo alcanzaré la muerte con la ayuda de quien no conozco y que tú harás el favor de ir a buscar. Algunos pájaros te guiarán. La persona deberá ser extraña a estos rumbos’.”
“¿Y por qué no lo has hecho, H-Bon?”, inquirió X-Chepa, la hija mayor de H-Lol.
“Porque no he recibido la señal que algunos pájaros deben darme,” añadió H-Bon.
Nadie dormía en aquellas noches frías y oscuras, llenas de ruido y húmedas por la constante llovizna. La mayoría por miedo y algunos pendientes de escuchar lo que H-Bon debía hacer para que el viejo H-Lol terminara con su sufrimiento.
La mañana del viernes trece, X-Linda, la nieta más querida del moribundo hizo saber a su mamá que en la tarde del jueves escuchó a tres pájaros: un pujuy que decía “¡caballero! ¡caballero!”; una paloma azul que susurraba “¡su-ú-fri-ir! ¡su-ú-fri-ir!”; y una chachalaca que gritaba “¡mátalo! ¡mátalo! ¡mátalo!”; luego se fueron juntos hacia el sur.
H-Bon, que había escuchado, comprendió que aquella era la señal esperada y se encaminó hacia el sur, guiado por el pujuy que a cada rato, tapándole el camino, repetía: “¡caballero! ¡caballero!”
En el cabo de una ranchería, después de mucho andar y casi exhausto, vio una casita en cuyo jardín, posada en una hermosa limonaria que exhalaba grato aroma, estaba la paloma azul cantando con profunda tristeza: “¡su-ú-fri-ir! ¡su-ú-fri-ir!”; al fondo de un frondoso laurel, la chachalaca gritaba “¡jeet’s muuk yaj! ¡jeet’s muuk yaj! ¡jeet’s muuk yaj!”
Decidido, golpeó la puerta y salió un hombre maduro, fuerte y de mirada penetrante que le dijo:
– “Sé a lo que vienes, he recibido aviso de los espíritus. ¡Vamos! Muéstrame el camino.”
Emprendieron el retorno y, ya en la casa, el hombre mandó salir a todos, con excepción de H-Bon a quien le explicó:
“Tu tío era un apasionado del jeet’s muuk yaj; muchas veces lo hizo sin plena justificación. Ahora él lo necesita, y si no se lo hiciera su agonía sería eterna.”
Uniendo sus palabras a la acción, puso al enfermo en el suelo boca arriba y lo montó. Acomodando el codo izquierdo sobre su estómago, lo hundió con todas sus fuerzas hasta que H-Lol, con leve gemido, dio leve suspiro.
Eran las tres de la tarde; la única vela que alumbraba la estancia se apagó.
El extraño desapareció.
H-Bon se quedó dormido y en su sueño solo se escuchaba el grito de a chachalaca que decía ¡jeet’s muuk yaj! ¡jeet’s muuk yaj! ¡jeet’s muuk yaj!
Elly Marby Yerves Ceballos
Palabras mayas utilizadas en el cuento
Bojoncaj Nombre de pueblo
Kaua Nombre de pueblo
Chikindzonot Nombre de pueblo
Dzac-Xiu Nombre de pueblo
Yuumbil Dios todopoderoso
Jeet’s Dar fin, acabar, finiquitar, abrir
H-men Hechicero
Pujuy Pájaro tapacamino
Muuk Fuerza
Yaj Dolor
Tuyub Apellido
Can Apellido
H-Lol Lorenzo
H-Bon Bonifacio
X-Chepa Josefa
X-Linda Hermelinda

[Continuará la próxima semana…]





























