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VII
COMO LA VIERON LOS VIAJEROS
Muchos viajeros escritores visitaron Yucatán, especialmente extranjeros, y en los libros que publicaron dejaron constancia de muchas cosas interesantes que los historiadores por las limitaciones de su función no registran, pero que son sumamente valiosas para reconstruir el pasado yucateco en muchas proyecciones.
Tal es el caso de la hamaca. La aguda percepción de los ojos forasteros, que sabía descubrir la singularidad de algunas costumbres nuestras, al describirlas nos ilustra acerca de muchos aspectos. Para que el lector aprecie debidamente las relaciones, hemos subrayado algunos pasajes. El interés y la atención de destacar lo dicho por ellos no escapará a la perspicacia del lector.
El teniente James Cook en sus “Notas sobre una travesía desde el Río Balise, en la Bahía de Honduras, hasta Mérida, capital de la Provincia de Yucatán, en las Indias Occidentales Españolas” Londres, 1769. Editada por Carlos R. Menéndez en 1936:
“Sus poblaciones son pobres, miserables chozas construidas con estacas de palmeras, (que escogen por su rectitud) y cubiertas de palmas con las hojas hasta el suelo, semejando una gran colmena. No tienen ninguna pieza en alto, como los provincianos españoles, y lo mismo que ellos, duermen todos en sus hamacas de hierba, como se les llama, aunque estén hechas de la fibra de las hojas del áloe, de la misma manera que el cáñamo, se obtiene del tallo, sólo se echa encima una tela de algodón; y cuando viajan, si les coge la noche, duermen en sus hamacas colgadas entre los árboles; sin descuidar nunca, sin embargo, hacer una buena fogata cerca de las hamacas.”
Federico del Waldeck en su “Viaje Pintoresco y Arqueológico a la Provincia de Yucatán durante los años de 1834 y 1836”, hablando de sus experiencias por el campo peninsular hace algunas recomendaciones a los futuros viajeros y dice en la pág. 33: “Añadiré que cuando esté uno forzado a dormir en campo raso, es necesario desvestirse enteramente, envolverse en una frazada y acostarse así en su hamaca.” Recomienda también que nunca se descubran la cabeza al sol, y sobre todo a la claridad de la luna.
Páginas más adelante, en la 108, narra que la manera de viajar en el interior de Yucatán se aproxima a la que está en uso en las Indias Orientales. Se es llevado por hombres en una litera que se llama koché. Que cuando se acostumbra a esa especie de palanquín se le prefiere al caballo, porque se está al abrigo de la lluvia y el sol y se puede leer y dormir cómodamente. Que un koché puede servir de alcoba cuando el viajero está obligado a pasar la noche en una selva o en medio de una llanura. Y en su nota número 72 expresa: “Me permitiré dar aquí algunos consejos a los viajeros que quieren recorrer cómodamente esa parte del continente americano. Los koché que los indios hacen aprisa con dos largas pértigas reunidas en sus extremidades por dos travesaños de los cuales pende una hamaca cubierta de tela y de un espeso follaje.”
Vemos aquí una utilización que se daba a la hamaca desde los años coloniales hasta la mitad del siglo XIX.
En la página 111 cita a Balbi, geógrafo autor de un libro acerca de México, que menciona entre monumentos arqueológicos un gran lecho de mármol. Dice Waldeck que el lecho de mármol, al decir de todo el mundo, se encuentra en todas las ruinas de México y en ninguna parte. Agrega que se le aseguró en Campeche que ese lecho se hallaba en Uxmal; antes de visitar Palenque se le había dicho que también allí lo vería y que éste era una hamaca que contenía dos figuras, un hombre y una mujer y que ese lecho lo había buscado por todas partes no hallándolo en ninguna.
Deseamos comentar que en esa época se ignoraba que la hamaca no era originaria de Yucatán y se creía que era herencia maya. De allí el infundio arqueológico.

Renán Irigoyen
Continuará la próxima semana…





























