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Cerrando Ciclos
«La herida no cerraba porque la sutura estaba hecha de puntos suspensivos»

A la mayoría de los seres humanos se nos dificulta o nos resulta molesto tener que aceptar la incertidumbre, y no poder cerrar los asuntos con soluciones concretas y definitivas. Otros, por el contrario, son personas capaces de manejarse en la duda y en la ambigüedad. Ignorar las soluciones no es un problema, y se desenvuelven bien, aunque tengan que esperar a dar soluciones concretas, o incluso cuando nunca las encuentren.
Un proverbio indio dice que “Cuando te encuentres cabalgando un caballo muerto, es hora de que te bajes de él”, y es que en ocasiones nos aferramos a situaciones, lugares o relaciones que han cumplido su ciclo, y la incapacidad de desprenderse de ellas nos lleva a acumular sensaciones que no nos permiten avanzar, robándonos energía para enfocarnos en el presente.

Realizar los cambios necesarios nos permite destruir los círculos viciosos, para crear círculos virtuosos. Para cerrar un ciclo resulta positivo reconocer lo vivido, y cuál es la influencia de eso hoy en nuestra vida. Rescatar lo que sea útil, ser comprensivo con las fallas incurridas, y adquirir el aprendizaje que nos otorgan las experiencias, hasta llegar a mirar sin rencores al pasado, es lo que nos da luz verde al crecimiento personal.

Es necesario experimentar el proceso de duelo ante una pérdida; cambiar de página es difícil, pero ciertamente necesario para la propia evolución. Una vida que se centra en el pasado es una vida desperdiciada y triste. Dejar ir y aceptar que no tenemos control absoluto es un signo de madurez y fruto de un trabajo individual, al entender el origen de nuestra necesidad de aferrarse al pasado.
La dificultad de poner un punto final a las situaciones negativas puede provenir de alguna carencia de la infancia, culpabilidad o miedo a la confrontación de nuestras propias debilidades. Si no les ponemos atención, solo frustrarán el desarrollo de nuestro verdadero potencial

Dejar ir es un arte. Aceptar que las personas y las situaciones no son permanentes, ni tampoco necesarias para la felicidad, es clave para lograr la estabilidad emocional y fortalecer la autoestima. Confiar en tus propias capacidades para salir adelante es un recurso vital para llevar una buena calidad de vida
Abandonar nuestras certezas no es fácil. La creencia popular de que «Más vale malo por conocido que bueno por conocer» nos lleva a aceptar y acostumbrarnos a personas o situaciones que no nos hacen felices, desarrollar un apego ansioso y dependiente que nos destruye a nivel emocional y, por consiguiente, nuestra salud física se ve involucrada a corto o largo plazo.

Un año termina y las condiciones para abandonar lo que nos perjudica aparecen. Es necesario hacer una evaluación y establecer nuevos objetivos, cerrando ciclos y haciendo espacio para que lo bueno tenga dónde llegar.
Un gran error es arruinar el presente recordando un pasado que ya no tiene futuro.
Anónimo

¡Feliz Año Nuevo!
Psic. Jimena Barrera Báez
Psicología Clínica
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