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Casuario, el ave más letal del mundo

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El casuario es un ave exótica, considerada la más peligrosa del mundo. Estos animales viven en las selvas tropicales de Australia y Nueva Guinea, y está catalogada como la segunda ave más grande, después del avestruz.

El casuario es un ave solitaria e incapaz de volar, al igual que los avestruces y emús. Es un ave que vive muy ligada al bosque tropical y no puede vivir sin la espesura de la selva, aunque se encuentra preferentemente cerca del agua, ya que el agua no constituye ningún obstáculo para el casuario, pues nadan con asombrosa facilidad.

Puede llegar a medir hasta 2 metros y pesar 70 kilogramos. Alcanzan hasta 50 km/h a través de los densos bosques, y pueden saltar hasta 1.5 metros. Su plumaje negro está formado por calamos ásperos, algunos de ellos terminan en filamentos como pelos. El cuello es de color azul y rojo (carúncula) y tienen una gran protuberancia ósea sobre la cabeza llamada casco (es más largo en la hembra que en los machos), el cual da protección al ave en los momentos en que el animal se desplaza entre la densa vegetación de su hábitat; también puede usarlo como defensa en algún momento que se sienta amenazado, o como reclamo sexual y puede ser un signo de la edad y salud del animal y estatus respecto a sus congéneres. Su cuello largo y desnudo es de color azul intenso y tiene colgajos pequeños y carnosos (barbas) que pueden cambiar de color de acuerdo con el estado de ánimo del animal. La piel presenta abultadas verrugas.

Sus plumas no están diseñadas para volar, sino para protegerse en el hábitat de la selva tropical, manteniendo al ave seca y segura de las afiladas espinas que se encuentran en su ambiente. Tienen patas largas y alas pequeñas, poseen 3 dedos en cada pata. En el caso de los primeros, el dedo que queda más hacia dentro está provisto de una garra larga y afilada de hasta 10 cm que puede causar heridas letales.

Son animales diurnos que comen principalmente frutos de los árboles, que se tragan enteros. Los frutos del laurel, el mirto, la palma y el elaeocarpus son los más importantes para esta especie. Como el fruto de estos árboles cae desde el techo de la selva y los casuarios no vuelan, dependen de buscar la fruta madura. Comen los frutos de hasta 75 especies, además de hongos, algunos insectos y pequeños vertebrados. Constituyen una parte vital del ecosistema de su hábitat; como dispersar las semillas de unas 70 especies de árboles es una tarea excesiva para cualquier animal de las selvas, estas aves promueven la diversidad.

Son en esencia animales solitarios que se emparejan en la época de cría, pero fuera de la temporada, viven solos.  La reproducción comprende los meses entre junio y octubre, coincide con el periodo en el que hay mayor cantidad de frutos en la selva. Ponen sus huevos en un lecho de hojas en el suelo boscoso. La hembra puede aparearse con varios machos, en una sola temporada de cría. Como parte de su ritual de cortejo, la hembra convierte un charco en una romántica bañera a la que atrae a posibles parejas. La llamada que más se escucha en estas aves es un profundo “chug-chug”, pero durante el cortejo, el macho de casuario se acerca a la hembra ululando un “bu-bu-bu”, al tiempo que la rodea mientras hincha y hace crepitar su garganta.

Al elegir a un macho dejan el charco y se van al territorio del macho ya que son animales territoriales y una vez ahí es donde copulan. Previamente el macho en su territorio, construyó un nido que es un colchón de material herbáceo de 5 a 10 centímetros de grosor y hasta un metro de ancho lo suficientemente grueso como para permitir drenar la humedad de los huevos, para que la hembra deposite sus huevos.

Las hembras suelen poner entre 3 y 8 huevos en cada nidada. Son de un color verde oscuro y miden alrededor de 9 a 14 cm.  El macho se hace cargo de la incubación unos cincuenta y dos días, su plumaje espeso y suave es perfecto para cobijar a los polluelos, este proceso lo culminan casi sin alimentarse y pierden gran parte de su peso y volumen, pero ambos progenitores cuidan a las crías. A las pocas horas de salir del huevo ya pueden andar y buscar alimento con su padre, del que aprenden todo lo necesario para la vida en solitario y permanecen con él durante 7 u 8 semanas, momento en que el macho retorna a su vida solitaria. Los pichones son cuidados por los padres durante nueve meses.

Normalmente son muy tímidos, pero cuando se ven perturbado en su hábitat atacan dando grandes saltos.

Puede infringir lesiones mortales a un humano adulto, golpeando con sus sólidas y fuertes patas, abriendo el cuerpo del intruso con sus afiladas garras. Los dedos interiores tienen garras largas y puntiagudas, como cuchillos, que son un arma de defensa mortífera. El casuario cuando se siente acorralado es especialmente peligroso.

La principal amenaza para su supervivencia es la deforestación (sustitución de la selva por campos de cultivo) y la fragmentación del bosque, que les impide acceder al alimento y a otros grupos reproductivos. También son frecuentes los atropellos en Australia y el ataque de animales domésticos (perros, cerdos) hacia los polluelos de casuario; igual son víctimas de la caza descontrolada en la zona de Nueva Guinea.

La Comisión de Conservación de Vida Silvestre y Pesca de Florida (FWC) considera al casuario como una especie de Clase II. Esto significa que es un animal peligroso para las personas, y que para cuidarlo se debe tener un permiso especial, al igual que experiencia y una jaula con requisitos específicos, según aclara la FWC.

El casuario es considerado por los expertos como muy peligroso, evidentemente no apto como animal doméstico.

Dra. Carmen Báez Ruiz

drabaez1@hotmail.es

 

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