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Mentira
“Y habrás de probar otros labios, habrás de tener otra respiración susurrándote al oído; sentirás el latido de otro corazón pegado al tuyo, pero nunca encontrarás la combinación de ellos cuando los tenías conmigo.”
Hoy te escribo para informarte que estoy a punto de terminar de pagar el precio establecido, la multa, los recargos, y toda la pena que tu abandono me arrojó, el costo de haberme enamorado de ti. Y es que nunca lo imaginé así, siempre creí fervientemente en que esto no me pasaría a mí.
Hoy, después de haber sufrido, de haber llorado, de haberme bebido la cantidad de alcohol que mi organismo soportó – la carga emocional descargada en cada cuba, en cada botella –, me quedo con el sabor amargo de la soledad. La soledad no radica únicamente en el hecho de estar solo, es más el estar con alguien que te hace sentir estarlo, el sentimiento de impotencia entre el dar todo y recibir migajas de cariño y ternura; esas, que en su momento eran suficientes para mí, hoy se convierten en la antesala del fin; hoy marcan la diferencia entre el ayer y el hoy, entre el morir con tu recuerdo, o vivir con mi presente.
Me obligaste a perderte. Me enviaste al infierno de tu abandono. No me diste oportunidad de un purgatorio.
Aun sin pecado que pagar, hoy te condeno al pasado. Hoy te envío al lugar donde debiste estar hace mucho tiempo. Tu castigo será el recuerdo, ese que te taladrará la mente cuando recorras el mismo camino que una vez anduviste conmigo. Habrás de buscar en otra persona las caricias y todo el amor que un día te brindé, sin tapujos, sin medida. Mañana buscarás en otros labios el néctar que probaste en los míos; sentirás el duro sabor a sangre cuando descubras que nunca lo volverás a encontrar.
Esas caricias en tu espalda, esos besos furtivos, y esas noches cuando veíamos el amanecer retozando en la cama como locos desenfrenados, todo quedó en el ayer, en donde estarás sepultada tratando de reencontrarlo.
Todos los sueños, las metas, las ilusiones y esperanzas que un día labramos y edificamos en las nubes de nuestra imaginación, hoy se vuelven nada; hoy se esfuman en el paradigma del “hubiera”.
Solo te quedará el amargo recuerdo del día de mi partida.
Hoy te condeno al pasado, hoy te sepulto en el ayer, ese que he habitado desde el día de nuestro adiós.
Te lo escribo aquí, porque no tengo el valor de decírtelo en persona.
Si algún día nos volvemos a encontrar, quiero que sepas que mentí.
Aún vives en mí…
Isaías Solís Aranda





























