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Perspectiva

Fuga de la Realidad
“Si deseas hacer del mundo un mejor lugar,
mírate a ti mismo y haz el cambio…”
Michael Jackson, Man In The Mirror
Hace algunos años formulé una teoría personal en la que la hipótesis era que, ante el cúmulo de sinsabores y tropiezos económicos que sufríamos un día sí y otro también, con una inflación galopante que cada mes – cada mes – nos arrojaba cifras mayores al 4%, con créditos que escalaron a las nubes debido a que las tasas de interés que cobraron los bancos se dispararon, las autoridades tanto federales como estatales y municipales establecieron un contubernio maquiavélico para paliar los efectos que sufríamos todos, otorgándonos a cambio espectáculos gratis, programando la cartelera de eventos deportivos y, en general, estableciendo una serie de medidas que nos permitieran olvidarnos de lo que sucedía a nuestro alrededor, aplicando aquella máxima romana de que a la plebe hay que darle pan y circo para tenerla contenta.
En mi vida se gestaban movimientos que habrían de alterar el “orden” que hasta ese momento existía, abriéndome nuevas expectativas de crecimiento personal, muchas de ellas con un amargo sabor proveniente del aprendizaje, y acompañadas con soberanas tundas y golpes. A lo que se vivía en México a nivel macroeconómico agregué mi propia tormenta personal. Fueron años difíciles, sin duda, pero también fueron años que me fueron preparando para lo que ahora soy, aún con mucho por mejorar, aclaro.
En medio de esos aciagos momentos, los libros y la música siempre me acompañaron, permitiéndome conservar mi compás y mi sanidad ante la vorágine de eventos que vivía. Mi exposa de esos días me acusó de usarlos como medios de evasión, convirtiéndolo en un tema que siempre acabó de mala manera, que incluso ahora me hace retorcerme al recordar sus argumentos: no entendía ella que un libro o un disco me permitiera sobrellevar lo que sucedía a mi alrededor. Conste, para todos los fines, que nunca los usé para evitar el diálogo o la convivencia con ella o con nuestros hijos, o para negarles algo.
Todo lo anterior viene a colación ante lo que ahora vivimos en nuestro país: una debacle causada por los mismos actores – los políticos – que en aquellos años de 1988 a 1998 cambiaron el México que éramos por el que ahora somos. Lo que ahora vivimos se viene gestando desde hace muchos años, pues, y nuestras estrellitas políticas siguen haciendo de la suyas, mientras nosotros somos los que pagamos sus cuentas, mientras ellos se retiran a disfrutar sus (mal habidas) fortunas.
No ha cambiado mucho el panorama en estos veinte años. Por el contrario, a la complejidad económica de nuestro país se han unido los severos y ominosos rasgos que conlleva el narcotráfico: la inseguridad y la violencia.
Y en medio de todo lo anterior, nuevamente vemos las estrategias de la clase política de darnos “pan y circo”, intentando desviar así nuestra atención sobre sus turbias maniobras. Solo que ahora, en vez de espectáculos deportivos y eventos culturales, ahora nos ofrecen el espectáculo de la degradación moral de aquellos que se han aprovechado del poder y del dinero que recibieron en nuestro nombre, que lo usaron en beneficio de ellos y de los suyos, mostrándonos por todos los medios posibles cómo se corrompieron y gastaron lo que recibieron, usando como chivos expiatorios a quienes hace algunos años nuestro presidente proclamó como “ejemplos de políticos nuevos.”
La miasma no es solo federal, sino también la observamos cubrir los ámbitos estatales y municipales, llenos de funcionarios con poca o nula preparación en lo que hacen, ocupando puestos vitales para el crecimiento de Yucatán y de nuestros municipios, con poca vocación de servicio, con nulas ideas para impulsar el desarrollo y la mejora, pero sí una abundante visión de cómo enriquecerse sin mayores esfuerzos. La teoría del mínimo esfuerzo aplicada en su máxima expresión por oscuros personajes, sin lustre ni preparación, el oropel que los rodea, y los fastuosos y grandilocuentes anuncios e inauguraciones que no llegan a cristalizarse ni a traer los beneficios para los yucatecos que los eligieron, sino solo para los bolsillos de los que las inauguran.
Desde esta perspectiva, también es constante mi búsqueda de paz y tranquilidad. Veinte años después, me siguen acompañando mis libros, mi música, mis hijos, y el Amor.
Continúo fugándome de la realidad, aunque sea solo por unos momentos, como estoy seguro de que muchos de ustedes lo hacen; continúo esperando que el “pan y circo” deje de serlo, y que en realidad nuestro país se levante a las alturas de lo que es capaz, en vez de seguir arrodillado y vejado por los de siempre.
Fugarse temporalmente, y adquirir algo más de conocimiento y cultura mientras lo hacemos, ayuda a sobrellevar el caos que veo crecer ante la aparición de nuevos y más peligrosos elementos que se agregan al cóctel que han preparado los sempiternos buenos-para-nada políticos, algunos de ellos internacionales, con mucho más poder que el que sueñan nuestros bribones locales.
Creo que este es el momento adecuado para prepararnos y, pronto, lograr que las cosas cambien en beneficio de todos. Mientras llega ese día, preparémonos.
Gerardo Saviola





























