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“Los Piratas Lafitte”, de Jorge Ignacio Rubio Mañé

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“Los Piratas Lafitte”, de Jorge Ignacio Rubio Mañé

El puerto de Dzilam Bravo, en la costa de  Yucatán, es uno de los atractivos turísticos más interesantes que encuentra el viajero  cuando  visita nuestro estado. Llegar a las bocas de Dzilam, brazos de mar que penetran varios kilómetros  tierra adentro, o a los manantiales  de agua no salobre que se ubican en el mar, a un kilómetro de la costa aproximadamente y que afloran en espectaculares borbollones, o bien a algunos  sitios arqueológicos  cercanos, es gratificación incomparable al espíritu aventurero de los viajeros.

Pero hay algo que de pronto nos llama la atención: Un monumento, una tumba en la orilla del mar. Es la de Pedro Lafitte, el corsario  pirata que, junto con su hermano Jean, navegó los primeros años del siglo XIX el Golfo de México y el Mar Caribe asaltando, al amparo de la bandera de los insurgentes de Colombia, los barcos españoles que se dirigían a España, cargados con las riquezas del suelo americano.

Recorriendo el malecón, encontramos en su medianía la mencionada construcción. Sorprende al visitante desprevenido, por lo que probablemente se pregunte por qué erigir tal monumento a un bandido de los mares que ocasionó tanta rapiña y muerte, como si se le rindiera homenaje por sus “gloriosas” hazañas.

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 ¿Será que las románticas historias de piratas, publicadas por literatos como D. Eligio Ancona con su novela histórica “El Filibustero”; o bien épicos poemas como “El Corsario” de Lord Byron – sobre el que Giuseppe Verdi compuso una ópera -; o el poema de José de Espronceda que dice: “Con diez cañones por banda, viento en popa a toda vela, no corta el mar sino vuela, un velero bergantín. Bajel pirata que llaman, por su bravura el temido, en todo el mar conocido del uno al otro confin”; o será que las películas de héroes piratas que exhiben en los cines hubiera influido para  tal despropósito?

Puede ser…

Sin embargo, aunque piratas depredadores, corsarios traidores, traficantes de esclavos negros, espías,  y “héroes”, que todo eso fueron los Lafitte, la actuación de esos personajes tiene un sentido histórico en lo político-militar, social, y económico  de la época.

Es el historiador Don Jorge Ignacio Rubio Mañé quien aclara nuestras dudas cuando relata con estricto rigor histórico los aconteceres de entonces en su libro “Los Piratas Laffite”, editado en 1984 por la Editorial  Tradición, S.A. de la Ciudad de México.

Jorge Ignacio Rubio Mañé fue un historiador mexicano nacido en Mérida, Yucatán, y fallecido en la ciudad de México en 1988. Dedicó su fructífera existencia a investigar y escribir sobre diversos temas de la historia de Yucatán. Junto con Juan Francisco Molina Solís y Silvio Zavala, se le considera uno de los más serios y destacados historiadores de la Península.

Merecidamente, su busto en bronce se encuentra en el  recinto de honor del  Archivo  General de Indias, en Sevilla, España, en donde se distinguió por sus relevantes investigaciones históricas. Recibió la Medalla Yucatán en 1967, como reconocimiento a su incansable trabajo que honra a Yucatán.

Jorge Ignacio Rubio Mañé recibiendo la Medalla Yucatan -1967- del Gobernador Luis Torres Mesías.
Jorge Ignacio Rubio Mañé recibiendo la Medalla Yucatan -1967- del Gobernador Luis Torres Mesías.
El busto en bronce del historiador yucateco don Ignacio Rubio Mañé en el Archivo General de Indias en Sevilla España.
El busto en bronce del historiador yucateco don Ignacio Rubio Mañé en el Archivo General de Indias en Sevilla, España.

Rubio Mañé escribió, entre otros libros:

La personalidad de Juan Francisco Molina Solís como historiador (1933). El Separatismo de Yucatán (1934). Los Piratas Laffite (1938). La Iglesia en Yucatán (1938). Discurso sobre la constitución de las provincias de Yucatán y Campeche, 1766 (1938). El Archivo General de la Nación (1940). Apuntes biográficos del Virrey don Luis de Velasco «El viejo» (1941). “Fulgores al Sureste (1941). Alcaldes de Mérida de Yucatán, 1542-1941 (1941). La Casa de Montejo, México, Imprenta Universitaria, (1941). El excelentísimo don Martín Tritschler y Córdova, primer arzobispo de Mérida, de Yucatán. (1941). Archivo de la Historia de Yucatán, Campeche y Tabasco (1942). Catálogo de Construcciones Religiosas del Estado de Yucatán (1945). Don Luis de Velasco, el Virrey Popular (1946). Movimiento Marítimo entre Veracruz y Campeche, 1801-1810 (1954). Índices del Archivo General de la Nación: Ramo de la Inquisición (1961)- Gente de España en la Ciudad de México, año de 1689 (1966). Los Sanjuanistas de Yucatán: Manuel Jiménez Solís, el padre Justis (1971). Noticias Históricas de Yucatán (1975). La introducción al estudio de los virreyes (El Virreinato) (1982). Los Piratas Lifitte (1984). El tratado Adams-Onis de 1819 (1987). Diplomacia y fronteras entre Estados Unidos y España (1987). Andrés Quintana Roo, ilustre insurgente yucateco (1787-1851) (1987). Pedro Contreras Elizalde, biografía (el primer discípulo mexicano de Augusto Comte) (1987).

Volviendo a los Lafitte, fueron de origen vasco-francés, originarios de Bayona, en la frontera de España con Francia. Desde muy jóvenes emigraron a Santo Domingo, en donde Juan acumuló importante fortuna en poco tiempo, misma que decidió llevar a su patria.

 Fue asaltado por un barco de guerra español, despojado de sus bienes, y abandonado en un banco de arena junto con su esposa. Rescatados por un barco norteamericano, fueron llevados a Nueva Orleáns, en donde ella falleció a causa de las privaciones sufridas.

Desde entonces, Juan y su hermano Pedro odiaron a España, dedicándose a perseguir y asaltar barcos de ese reino, bajo el amparo de la bandera de los insurgentes colombianos.

Se asentaron con sus huestes en las Islas que llamaron Barataria en los pantanos del Mississippi cercanos a Nueva Orleáns, lugar que sirvió de almacén de las mercancías robadas a los barcos españoles al que acudía la gente de esa ciudad para adquirir a precios irrisorios las mercaderías. Barataria también sirvió como enclave para proporcionar esclavos negros a las plantaciones de algodón del Mississippi. Una herrería se estableció como pantalla para disimular las fechorías.

Desalojados de Barataria por la armada de Estados Unidos, que no vio con buenos ojos las actividades de los piratas, se establecieron en la Isla Galveston en las mismas cercanías y, dada la invasión de los ingleses para tomar Nueva Orleáns -1812-, ofrecieron sus servicios, que fueron aceptados, proporcionando mil combatientes y grandes pertrechos de guerra para esa batalla.

Logrado el triunfo, les fue reconocida su valiosa ayuda. Solicitaron entonces los Laffite como pago a sus servicios la obtención de la ciudadanía norteamericana y la devolución de sus bienes confiscados en Barataria, pero nada les fue devuelto u otorgado por el gobierno de ese país.

Desde Galveston, establecieron nexos con el gran Bolívar, y también con los insurgentes mexicanos del cura Morelos, e incluso usaron la bandera mexicana del movimiento para justificar sus acciones en favor de la independencia de México.

Nos refiere el historiador Rubió Mañé que sintió gran decepción cuando supo que los héroes a quienes admiró tanto cuando sus años de escuela, habían aceptado la colaboración de estos desalmados y traidores piratas para su causa.

Desalojados de Galveston por la marina de Estados Unidos, encontraron refugio en Isla Mujeres, continuando con su actividad pirata, asaltando barcos de diferentes nacionalidades.

Sorprendido en un paraje de la Isla Cancum, Pedro Lafitte cayó herido y fue hecho prisionero por el militar Miguel Molas del gobierno de Yucatán, logrando poco después escapar de su cautiverio para dirigirse a Dzilam, su otro refugio, en donde murió a causa de sus heridas. No se sabe qué fue de su hermano Jean, aunque se presume que también corrió la misma suerte.

Los piratas Lafitte son personajes históricos famosos cuyos nombres hoy en día son de de atracción turística en las costas de Yucatán y Quintana Roo, razón por la que pensamos se pudiera justificar la tumba de Pedro en el malecón.

Sobre el libro “Los Piratas Laffite” de Rubio Mañé – 1ª edición 1938 –, el prologuista V. Alessio Robles dice lo siguiente: “…Hace algunos días el estimado amigo Rubio Mañé puso en mis manos el original de otra obra suya, que he leído con avidez. Lleva el título “Los Piratas Lafitte”. Uno de ellos –Pedro- terminó los días de su aventurera existencia en la península yucateca, donde reposan sus restos mortales. Pero su monografía no se concreta a las actividades audaces del corsario en tierra de Yucatán. Se trata de una obra completa, llena de brillo y colorido, sobre las múltiples andanzas y correrías piráticas del mismo y de su hermano Juan…La excelente nueva monografía de Rubio Mañé produce la impresión de la obra acabada, perfecta y concienzudamente bien hecha. La investigación es seria y el relato es ameno a más no poder.”

Nosotros decimos que la buena lectura, además de incrementar el conocimiento y la cultura, estimula el pensamiento, fortalece la autoestima, y anima la voluntad de ser.

César Ramón González Rosado

6 COMENTARIOS

  1. «Nosotros decimos que la buena lectura, además de incrementar el conocimiento y la cultura, estimula el pensamiento, fortalece la autoestima, y anima la voluntad de ser…….
    PIRATA!!!!!!!

    Fui a Dzilam Bravo hace 4 años. El Capitán de la pequeña embarcación que nos llevaría a recorrer las bocas no parece ser lugareño. Pensé «Este tiene pinta de pirata» y entonces, como si uno de mis acompañantes me hubiera leído el pensamiento, me dijo: «Este es descendiente de Pedro Laffite» :O

    Y también tuve la fortuna de pasar muchas lunas de mi infancia en las Cabañas del Capitán Laffite. No se trata de publicidad, sino de un hermoso recuerdo en esas paradisíacas playas. Y por cierto, una vez ahí encontré un mensaje dentro de una botella.

    Gracias por el artículo.

    • ¡Gracias por compartirnos la anécdota! Coincidimos plenamente contigo. Es gracias a, y por, lectores como tú que nos esforzamos edición tras edición. Recibe un cordial saludo de todos nosotros.

      • Saviola

        Qué grata sorpresa leer su comentario. Lo agradezco. Fíjese que tengo tres fotografías donde aparece «el descendiente» de Pedro Laffite, pero no supe cómo compartirlas con ustedes. Quizá les interesen y al autor también!!!

        Saludos

        • Con mucho gusto pongo a su disposición el correo gerardo.saviola@gmail.com para que nos las haga llegar. Tendremos mucho gusto en publicarlas. Si fuera tan amable, si además nos pudiera proporcionar un poco el contexto, abundando en la anécdota, entonces estaríamos publicando la nota completa, siendo usted la autora. Quedamos a sus órdenes.

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