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¿Dejar de comprarle a Ford y a los demás?

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Perspectiva

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¿Dejar de comprarle a Ford y a los demás?

“El movimiento que requieres está en tu hombro”

Hey Jude, The Beatles

Cuando estas líneas vean la cibernética luz de nuestra edición, Trump estará asumiendo la presidencia de los Estados Unidos, reemplazando a Barack Obama, y entonces estaremos presenciando el inicio de lo que promete ser la presidencia más controvertida de la historia americana, cuando un sumamente prejuiciado individuo tenga en sus riendas a la nación más poderosa del mundo.

Trump ha dejado muy clara su agenda económica: todas las empresas que vendan productos y servicios en su país deben tener instalaciones en Norteamérica, so riesgo de que un alto arancel les sea aplicado y, por lo tanto, al incrementar su precio, se arriesguen a que sus productos dejen de venderse como hasta ahora, sacándolos del precio de mercado. Como país maquilador de tantas empresas automotrices que venden en el mercado norteamericano, México resulta severamente afectado con esta estrategia. Ya hemos visto las decisiones que han tomado Ford y Chrysler – las inversiones que harían en nuestro país serán redirigidas a Estados Unidos –, y Toyota y BMW ya fueron amenazadas con la aplicación del arancel.

Como “contraataque” a esta bravuconada – porque Trump olvida que ni los gringos están peleados con su dinero y siempre buscarán la mejor calidad al mejor precio, venga del país que venga –, revestidos de un alto – y a mi juicio pobremente informado – nacionalismo, han surgido muchos compatriotas que nos recomiendan dejar de consumir bienes de estas marcas, a dejar de asistir a tiendas o cadenas que llevan nombres americanos, y boicotear todas las marcas americanas que nos sea posible. Así, dos empresas publicaron sendas cartas en las que anuncian a Ford Motor Company de México que dejarán de comprarles sus automóviles. Están equivocados en su razonamiento, y procedo a exponer los motivos y las consecuencias de este irresponsable proceder, en caso de que continúen aplicándolo y fomentando.

¿Cuántos norteamericanos ven en nuestro país que trabajen en las agencias de Ford, o de Chrysler, o en las franquicias de Subway, o en la Coca Cola, o en las tiendas de Walmart, Sams, Costco o en cualquier marca de las que se piensa boicotear? Ninguno: todas estas empresas emplean un muy alto porcentaje de mexicanos, es decir, generan empleos en México para mexicanos. Ahora bien, ¿cuántas de esas empresas registran sus ganancias y se las llevan sin pagar impuestos, y cuántas de esas empresas no tienen una razón social en México? Ninguna: todas son empresas establecidas en México, que pagan impuestos al gobierno, pagan el IMSS y el INFONAVIT y el PTU y el aguinaldo, y otorgan otros beneficios a sus empleados. Incluso artículos legalmente importados de la frontera norte han pagado impuestos y, por consiguiente, no adquirirlos afectará la economía de la empresa mexicana que desee venderlos.

Habiendo dejado en claro lo anterior, ¿qué sucedería si dejáramos de comprar a estas empresas que emplean mexicanos, que les otorgan todos los beneficios de ley, y que pagan impuestos? Las empresas quebrarían, y entonces esos mexicanos perderían sus empleos, con lo que entonces agravaríamos su situación, y la del país. Luego entonces, ¿tiene sentido dejar de comprarle a las empresas mexicanas tan solo porque tienen un nombre con origen norteamericano? Definitivamente no.

¿Qué podemos hacer entonces para de alguna manera protestar ante decisiones tan pueriles como las del rijoso magnate? Por principio de cuentas, sugiero que dejemos de pasar períodos vacacionales en Estados Unidos, dejemos de gastar dinero en ese lado de la frontera, y concentremos esos recursos a México. Hagamos que nuestros visitantes norteamericanos deseen gastar sus dólares en nuestro país, e inclinemos la balanza turística en nuestro favor.

Otra medida sugerida es mirar hacia otras naciones con las cuales podamos establecer convenios fabriles de mutua conveniencia; Corea del Sur y Japón poseen bullentes industrias automotrices, luego entonces podemos establecer convenios para aprovechar la infraestructura que dejen atrás aquellos que decidan irse, utilizando adicionalmente la experiencia adquirida por los empleados mexicanos. Necesitamos más empleos; si no los hay en México, ¿por qué no establecer proyectos de exportación de mano de obra calificada a otros países que lo requieran?

Una sugerencia más, la que acarrea más peso, es que los gobiernos (federal y estatal) faciliten inversiones en México que estimulen la plataforma manufacturera, impulsar productos 100% mexicanos (créanme cuando les digo que hay un buen número de innovadores mexicanos que están trabajando en prototipos que pudieran volvernos una gran potencia mundial, tanto en la industria automotriz, como en la generación de energía, y en otras ramas de la industria y la ecología) y, en general, asegurarse – de una buena vez y antes de que pasen otros 100 años – de que siembran las semillas que permitirán a nuestro país crecer y ocupar el lugar que justamente merece, y no el que ellos se han encargado de asignarnos con tan malas decisiones.

Desde esta perspectiva, es en las crisis cuando conocemos de lo que somos capaces, es cuando nacen los verdaderos líderes. ¿Vamos a dejar que un bravucón ignorante nos venga a definir cómo hemos de vivir? Y como corolario, ¿vamos a dejar que los otros ignorantes – los llamamos “políticos” – sigan llenándose los bolsillos con el dinero que debiera invertirse en nuestro país?

 La respuesta la tenemos clara, ¿a poco no?

Gerardo Saviola

gerardo.saviola@gmail.com

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