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Vientos de Cambio

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Perspectiva

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Vientos de Cambio

“El futuro flota en el aire, se siente por doquier, soplando con el viento del Cambio…”

Wind of Change, Scorpions

Imaginemos el siguiente escenario: puesto que estamos atravesando por momentos difíciles, definimos un presupuesto para los gastos del mes en nuestra familia, lo sometemos a aprobación de todos los integrantes a altas horas de la noche – y cuando muchos ya desean irse a dormir –, acordamos que así sea, nos abrazamos, nos vamos a dormir tranquilos y en santa paz, satisfechos con nuestro trabajo. Al finalizar el mes, al sacar las cuentas, resulta que hemos gastado más de lo que habíamos acordado, la deuda que teníamos ha crecido, y al menos uno de los integrantes de nuestra familia sigue dándose vida de mirrey, gastando a manos llenas cuando la situación de endeudamiento de la familia está en niveles críticos. Entonces repetimos el ejercicio, y al final del mes nos volvemos a dar cuenta de que volvimos a gastar de más.

Con las debidas proporciones, el escenario anterior es lo que sucede en nuestros Congresos y con la administración federal del presupuesto, responsabilidad que recae en el Presidente y su gabinete: simplemente no tienen disciplina, no tienen voluntad, y los “mirreyes” abundan, sin que se haga algo por someterlos al arbitrio de la ley. No es posible que tan solo de enero a septiembre del 2016 se haya gastado 220 mil millones de pesos de más sobre el presupuesto (http://share.mile.io/KpcCX1L), cuando en teoría se debía gastar de menos – porque se hizo un presupuesto “base cero”, ¿recuerdan? –, y que no se haga nada al respecto, sobre todo cuando esto afecta la perspectiva que se tiene sobre el país, las inversiones y, por lo tanto, a todos nosotros.

Si ser mal administrador de nuestros bienes no fuera suficiente motivo para llamar a cuenta a esta clase política, los gobiernos tanto panistas como priistas de este siglo XXI no se tomaron la molestia de pensar que la bonanza de México descansaba en un recurso natural no renovable; tampoco se tomaron la molestia de invertir en refinerías que permitieran que aprovecháramos ese “oro negro” y lo convirtiéramos en gasolina, eligiendo mejor comprarla al extranjero, solapando a insufribles personajes como Romero Deschamps y a su sindicato. Ahora que refinar cuesta más que un barril de petróleo, vemos las consecuencias.

Así que, malgastando el dinero por un lado, y sin idea sobre cómo se debe invertir para crear bienestar común por el otro, los paganos de toda la vida resultamos nosotros. Es claro entonces que el sistema actual no funciona; es claro que seguir haciendo las cosas como hasta ahora solo traerá los mismos resultados. El tiempo del cambio toca a la puerta y nos obliga a considerar nuevas fórmulas, nuevas estrategias.

Ignoro en qué estaba pensando el Presidente cuando nos preguntó qué haríamos nosotros en su lugar, pero las ideas que han surgido a partir de su convocatoria son muchas. La mayoría se relacionan con la inoperante (Re) Cámara de Diputados y Senadores – recortar su número, comenzando por los plurinominales –, con el dispendioso monto que se le entrega a los partidos políticos – la solicitud más aplaudida es que ellos vean cómo obtener sus propios recursos; otras opciones incluyen que reciban dinero por cada votante en cada elección, en vez de por cada mexicano mayor de edad – y con retirarle sus prebendas a la casta política, aterrizándolos a niveles que los acerquen a los gobernados y a lo que vivimos todos los días. El encono contra estos tipos ha alcanzado dimensiones nunca antes vistas, y más les valdrá hacer algo al respecto para que disminuya, so riesgo de que pronto sean atacados y pierdan la tranquilidad.

Con la nación al borde del colapso, los políticos lo mejor que pudieron pensar fue en un instrumento que resulta totalmente anacrónico: llamaron a la firma de un Pacto, el cual no quisieron suscribir varios actores importantes. El Pacto, recordarán, era el instrumento con el que Carlos Salinas de Gortari pretendió imponer civilidad y trabajo solidario en sus días como presidente.

En realidad, todo se reduce a lo siguiente: ser un servidor público es tener la oportunidad de hacer algo por los demás, de influir y modificar algo en beneficio de los demás y de ellos mismos cuando dejen de ser servidores, es sembrar hacia el futuro. La clase política, desde hace más de cien años, ha entendido que llegar a estos puestos es la mejor oportunidad para servirse.

¿Alguno de ustedes se ha puesto a pensar en qué nación tendríamos si los millones de millones de pesos que han sido desviados por todos los gobiernos en todos los estados, así como todos los presidentes que hemos tenido, se hubiera invertido en carreteras, vías de comunicación, hospitales, mejores servicios, generación de empleos, desarrollos habitacionales, en el campo, en medios alternativos de generación de energía, en una mejor economía, y un largo etcétera? ¿Alguien piensa que la violencia e inseguridad que vivimos se encontraría en los niveles actuales si hubiera empleos, si la riqueza se distribuyera de mejor manera? Esta imagen mental que tenemos al imaginar lo anterior es lo que nos han estado robando desde hace más de cien años.

Desde esta perspectiva, reitero las palabras que le han sido atribuidas a Albert Einstein, lo cual es sujeto de debate, por cierto: es una locura cometer los mismos errores y esperar resultados diferentes. Si ya sabemos que tan malo es el tricolor como el azul, el turquesa como el verde, el moreno como el amarillo, el rojo como el color de moda, ¿por qué seguir votando por ellos y esperar que las cosas cambien?

El tiempo del cambio ha llegado.

Elijamos bien y exijamos resultados.

Gerardo Saviola

gerardo.saviola@gmail.com

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