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Lo que ellos nos legaron

Santiago Herrera Castillo
La Escuela Lancasteriana en la Península de Yucatán
De cómo en el siglo XIX se combatió el analfabetismo y la falta de maestros
–XI y último–
Hemos visto cómo los buenos propósitos de los gobiernos de las primeras décadas del siglo XIX, y el entusiasmo de los pueblos, habían logrado establecer escuelas del sistema de enseñanza mutua o lancasterianas en las principales ciudades de la península.
Sin embargo, la destructora guerra con los mayas barrió con todos aquellos buenos deseos logrados, y al iniciarse al año de 1850 habían desaparecido las escuelas de enseñanza mutua de Izamal, de Motul y de Mérida, quedando de ellas sólo su recuerdo. El sistema, sin embargo, no dejó de usarse en los estados peninsulares.
El 12 de julio de 1850 el Ayuntamiento de Mérida expidió un Reglamento de escuelas primarias para los planteles dotados por el mismo y en su artículo 14 decía:
“La escritura se enseñará por el Catón lancasteriano y otros libros propios para los niños”.
El 15 de marzo de 1851, el preceptor don Santiago Pérez Virgilio pronunció un discurso al inaugurarse la escuela de primeras letras de Tizimín, y entre otras cosas dijo:
“Entre la infinidad de sistemas que han sido inventados de un tiempo a esta parte, se cuenta el que descubrió don José Lancaster no ha muchos años. Con este sistema me atrevo a garantizar en mis alumnos adelanto admirable y os pido que me facilitéis los medios para ponerlo en práctica”.
A tal solicitud, el aludido presidente municipal contestó:
“La carencia absoluta de fondos municipales priva por hoy a la corporación de proporcionaros los medios de plantear la enseñanza del sistema lancasteriano”.
Aunque las escuelas lancasterianas de Yucatán desaparecieron, la de la ciudad de Campeche subsistió hasta casi la primera década del presente siglo XX, si no con la primitiva organización, si con el nombre que le fue impuesto (R. M. P.)
Aunque las escuelas primarias municipales no se llamaban lancasterianas, empleaban como podían ese sistema, como ya hemos visto en el Reglamento que el Ayuntamiento de Mérida expidió en 1851.
El restablecimiento de la República y la formación del Instituto Literario del Estado de Yucatán en 1867 señalaron una nueva era, pues comenzaron a emplearse los sistemas mixtos de enseñanza, y el método simultáneo (Rébsamen) acabó por reemplazar completamente al lancasterianismo.
En los años de 1887 y 1888 sólo quedaban vestigios y denominaciones conservadas tradicionalmente en algunas escuelas: los bandos, los decuriones, los pares, los carteles, la pauta, las correcciones o castigos como el cepo, el calabozo, la “disciplina”. Aún en este siglo XX existían las lecciones de memoria “sin un punto”, las cuentas abstractas y astronómicas, la lectura mecánica, el aprendizaje memorístico sin explicaciones ni ejercicio de aplicación, etc.
En la ciudad de Campeche, en el año escolar 1891-1892, existía la Escuela Lancasteriana del Centro con 138 alumnos. Su director era don Policarpo Basto y subdirectores don José Ángel Cu Lara y don Tomás Rivero; profesor: don Salvador Ávila.
Como dijimos en las semblanzas de los maestros don Rodolfo Menéndez de la Peña y don Mauro López Sosa, el primero fue el organizador de la nueva educación pública en el estado de Yucatán, y el segundo lo fue en la ciudad de Mérida.
El maestro Menéndez de la Peña pudo formar varias generaciones de maestros de muy buena calidad, cuando fue director de la Escuela Normal de Profesores del Estado y cúpole en suerte presenciar y colaborar con la Revolución Social durante los años de la segunda década de este siglo, siendo el organizador y presidente del Primer Congreso Pedagógico que se efectuó en Mérida el año de 1916, cuando comenzó la revolución educacional no sólo en Yucatán sino en toda la nación.
Fuente de información:
El Lancasterianismo en la República Mexicana y especialmente en los estados de Campeche y Yucatán.
Conferencia dictada por el profesor Rodolfo Menéndez de la Peña, posteriormente publicada en la revista mensual Minerva, órgano de la Sociedad Periodística de Estudiantes Normalistas, 1917-1918, Mérida.
Diario del Sureste. Mérida, 15 de octubre de 1966, pp. 3, 7.
[Compilación y transcripción de José Juan Cervera Fernández]





























