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Pablo García Ortiz
Me deslumbra la cauda de tus cabellos,
que envuelve el alabastro de tu garganta,
y tienes en los ojos tales destellos,
y tienes en los labios ternura tanta,
que mi espíritu, dócil, queda temblando,
enmudecen mis labios y el limpio cielo
de tus pupilas claras se va volando
con mis pobres ensueños, mi pobre anhelo…
Y no me importan nada tus mil desdenes;
mi pasión, no por eso calmarse puede:
yo seguiré tejiendo para tus sienes
versos, mientras un soplo vital me quede…
Mérida, noviembre de 1905.
Arte y Letras. Mérida, núm. 8, enero de 1906, p. 10.
[Compilación y transcripción de José Juan Cervera Fernández]





























