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La Radio en México

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Remembranza

“EL NACIMIENTO DE UNA INDUSTRIA”

ALFONSO HIRAM GARCÍA ACOSTA

Mis recuerdos de la radio provienen de pláticas que escuché de niño en la Ciudad de México, antes Distrito Federal; ya en la adolescencia, también escuché la radio en Yucatán.

Hoy quiero que mis recuerdos vengan de lo que escuché de mi padre en mi niñez dejando una constancia de lo que ha sido uno de los medios de comunicación masiva más importantes para la nación a nivel histórico y social. Considero que lo debo plasmar para las nuevas generaciones que incluyen a mis nietos, ya profesionistas, a mis bisnietos, y a los jóvenes que no leen un libro o un periódico, y cuya cultura está en su teléfono, siendo incapaces de relatar algo de historia sin acceso a un teléfono o una computadora, que eso si saben manejar. Los de mi generación no tenemos esas aptitudes

La radio en México durante 1920 fue tan impredecible como el Popocatépetl para la historia de nuestro país. Durante varios meses, el volcán esparció resquemores y espanto por ambos lados de la cordillera; es muy probable que esto ocurriera cuando la voz de Paolo Tosti, manaba toscamente de los audífonos de los radiorreceptores.

Los hermanos Adolfo Enrique y Pedro Gómez Fernández habían podido efectuar aquel sencillo primer programa mexicano de radio; transmitido desde una cabina adaptada, en una añosa taquilla ubicada en los bajos del desaparecido Teatro Ideal de la calle de Dolores número 5, próximo a la Alameda, en la Ciudad de México.

Los hermanos Adolfo y Pedro Gómez Fernández, pioneros de la radio.

A inicios de los años 20, durante los primeros años de la radio mexicana, la “emisora del Doctor Gómez” (como se la conoció entre sus contemporáneos) tuvo corta vida, pues apagó sus bobinas al iniciar 1922. Salió del aire cuando el disciplinado médico militar Adolfo Enrique Gómez Fernández y su familia tuvieron que emigrar, por razones de orden suprema, a Saltillo, Coahuila, en febrero de ese año.

Intocado hasta entonces, el aún transparente aire citadino, repentinamente se vio cruzado en todas direcciones por voces, música y pájaros de acero. 

Fue así como un miembro del Estado Mayor del presidente Obregón trepó el 28 de septiembre de 1921 al asiento extra del avión Farman del Grupo Folk de radioexperimentación del Ejército Mexicano, del que Fernando G. Proal era el piloto. 

El pájaro metálico sobrevoló aquella mañana los aires de Balbuena para permitir que desde tierra el presidente de la República y los operadores del radiorreceptor de Pachuca escucharan con claridad meridiana el diálogo que desde el aire sostenían aquellos osados aeronautas.  

Otro episodio similar tuvo lugar al siguiente día cuando un fonógrafo, colocado frente al trasmisor de Pachuca, ejecutó la popular canción La Adelita. Una semana después, se ha dicho quizá con cierta ligereza, la radiodifusión cundió por el norte del país. 

La noche del domingo 9 de octubre de 1921, el trasmisor Tárnava Notre Dame (TND) habría dado por terminada la primera emisión de su discutible existencia. El programa habría durado noventa minutos. El técnico y locutor bilingüe de esa noche habría sido el mismísimo ingeniero Constantino de Tárnava, a quien en 1971 la CNIR rindió honores por su trabajo en los campos de la radiofonía.

Las primeras transmisiones de radio en México.

Asentado lo anterior es legítimo aseverar que no fue en el noreste, sino en el noroeste del país donde la radio se encendió en tercer término. El 21 de octubre de 1921 el diario Excélsior consignó:

“En los últimos días y con la asistencia del señor J. P Maher, representante de la Radio Telephone Company, se han efectuado en presencia del gobernador del estado y otros funcionarios, pruebas decisivas respecto a la eficacia del teléfono inalámbrico que se ha instalado en esta ciudad, con aparatos comprados por el gobierno local. En el curso de las pruebas se consiguió no solo ponerse al habla con Ciudad Juárez, sino escuchar conversaciones y piezas de música, que estaban tocando en Los Ángeles y en la isla Catalina, en la Alta California, a más de 3 mil kilómetros de esta ciudad”.”  

Ese mismo año y desde la capital del país, salió al aire la emisora X-1 del señor Jorge Peredo. En los meses por venir un fenómeno curioso empezó a delatar, en los más diversos puntos de la capital y del país, la presencia de radiotransmisores y radiorreceptores.

Incontables esqueletos de estructuras a base de madera o metal y alambre, mucho alambre, brotaron a manera de coronas esperpénticas, sobre las azoteas de incontables casas y edificios.

La radioafición iba en aumento al concluir 1922. Era tanto el entusiasmo que ni siquiera menguó cuando el 1o. de diciembre, casi al concluir el año, los capitalinos escenificaron la primera gran guerra por el agua de su historia. 

Ocasión que dio oportunidad al jefe del ejecutivo, general Álvaro Obregón, de dar muestra una vez más, de su ingeniosa crueldad.  En la alborada de 1923 la posesión de un radiorreceptor de válvula o de galena era todo un signo de distinción. Tanto que día tras día iba en ascenso el número de viviendas que destinaban un cuarto o un amplio rincón a tan estridente huésped.

Con esta información primaria damos inicio a estos recuerdos radiofónicos que me dejó mi padre cuando su voz era escuchada por los micrófonos de la W de México. La radio comercial llegó a ser la más importante no solo de México, lo que comprobamos con la etiqueta que se dio la XEW: “La Voz de América Latina desde México”

Abur.

Fuentes

La radio en México, desde los primeros años hasta la actualidad – México Desconocido

De las primeras antenas que hicieron posible la radio en México.

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