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Estampas caprichosas

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Letras

José Juan Cervera

Desolación

El clamor antiguo surte al fin su efecto. Un cuerpo ajado se asienta en la cavidad que moldeó un puñado de años superpuestos. Acallados los responsos, el cadáver se descarna en la distancia de las sensaciones remotas, mientras en los bordes del abismo se sostienen resabios de vida. Entre un manto de musgos y sedimentos, el emblema corporal se desploma sobre signos calcinados sin remedio. Cuando el aliento fluyó espontáneo, encarnaron su recurso más audaz para desarticular la negrura del paisaje. Los tiempos venideros disiparán en un soplo su memoria, consignando el momento justo en que el más contundente golpe besó el polvo.

Trastornos

Te acercas a ti mismo reconociéndote deslumbrado por una señal que desgarra contornos irregulares. Sientes que se te incrusta una clavícula amalgamada con glóbulos rojos dispersos en la festiva y piadosa región vesicular.

Llamarás a los expertos y ellos indagarán en las líneas de tu torso. Descubrirán un cuerpo extraño, y éste, sofocado por el pánico, les traerá la evidencia de su condición metafísica.

El camino es amplio, como la sangre que se desborda ahogando vacíos. Invitarás a recorrerlo a quienes más prisa tienen de huir de sí mismos. Las piedras se cubren de cuerpos caídos en la lucha, que hacen ondear el espectro de su desdicha igual que un triste manto despojado de autoridad.

Y no puedes más que perderte en este laberinto incierto y de anatomía subvertida, reacio a encontrar la salida.

Sopor

Sobre un campo iluminado, una muchedumbre se concentra en los afanes de un gesticulador. Su habilidad marca el camino de los clamores que avasallan las decisiones colectivas. La voz común llama destino a una norma vigorosa y pura, sobrepuesta al ímpetu de las vísceras sincronizadas.

La turba marcha y se detiene ante una grieta voraz. En su punto más oscuro mora una dinastía de seres mancillados en su deformidad. Cada uno se atormenta por asimilar la agitación de sus miembros retorcidos.

Desdoblamiento

Una mirada de orígenes confusos me permite apreciar una figura que descuella en el follaje. La imagen que observo no refleja mi apariencia, pero puedo reconocerme encarnado en ese cuerpo. No me inquieta la oscuridad circundante porque mi ánimo se obstina en conciliar la dureza imponente del salvajismo con los balanceos de la despreocupación infantil que, hoy como ayer, derrama en el mundo un puñado de sutilezas. Fortalecido en la cadencia de himnos irrepetibles, danzaré al borde de mi perplejidad con el gozo absoluto de haberla transferido a carne ajena.

Reliquia

La hoja de hierro, cortante y lustrosa, penetró en la tierra. Rasgó los caminos sumergidos que las potestades intangibles reconstruyen cíclicamente. Los elementos combinados se enseñorearon en ella. Surgió la herrumbre para desprender el último velo de las apariencias.

Hoy puede apreciarse el túmulo que habita como un punto extraviado bajo las fibras crecientes de la hierba. Desde tiempos remotos, la mano que la precipitó es un conjunto descarnado de ruinas y tragedias.

Yugo

La falacia primordial dicta líneas pomposas para subyugar al escéptico. Ataviado de remilgos, el disidente al que emboscan los fuegos de artificio logra reconocer los móviles de las fuerzas que compiten con su intransigencia: muy lejos destierra el más precario de los vocablos. Su destino engalana los nudos consagrados a la indolencia de las edades precedentes: en su fijeza lo siguen sujetando a la decisión crucial que otros desdichados tomaron sin objetar distancias y lamentos.

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