Inicio Perspectiva FILEY 2017

FILEY 2017

10
0

Visitas: 2

Perspectiva

FILEY_1

FILEY 2017

“Una mente necesita libros como una espada requiere de una piedra de afilar,

si se desea conservar su filo”

George R.R. Martin

El sistema por medio del cual nuestro padre pretendió imbuirnos el deseo de leer, y al menos conmigo fue todo un éxito, inició cuando éramos muy pequeños. Primero fue a través de historietas: La pequeña Lulú, La Familia Burrón, diversos cuentos basados en personajes de Disney que la editorial Novaro se encargaba de sacar a la venta, Kalimán, Lágrimas y Risas (éstas principalmente por mi madre), El Pájaro Loco, y otros “cuentos” – que así les llamábamos mis hermanitos y yo – que invariablemente nuestro padre acompañaba con golosinas, siendo los mini chiclets nuestros preferidos. De las historietas, pasó a darnos libros ilustrados, y mini libros (Batú era nuestro personaje preferido).

Fue cuando cursaba el 5° año de primaria cuando en la escuela nos fue obligatorio leer un libro que en un muy alto porcentaje eran letras, y desde esos días hasta ahora – poco más de 45 años después – no recuerdo períodos prolongados sin que un libro me acompañe. De cuán exitoso fue el sistema de nuestro padre con mis hermanitos, pues toca a ellos responder, no a mí. Yo me considero fruto de ese peculiar método, que con el tiempo he admirado y apreciado aún más.

Luego, poco antes de cumplir los quince años, cuando asistía a las clases de inglés que mi padre me convenció de tomar, un maestro nos puso como tarea a lo largo de su curso (3 meses) leer un libro en inglés: Suffer The Children, de John Saul, que aún conservo. Ahí se abrió otra inmensa puerta para mi solaz entretenimiento, al encontrar otros autores, otros temas, otras presentaciones, todas en un idioma diferente. Claro, también los amigos sugirieron y así, con paciencia y apoyado en la biblioteca paternal y la de los amigos que son familia,  he adquirido un poco de barniz cultural.

Con mis hijos, afortunadamente, no fue necesario usar tácticas como las que su abuelo diseñó: poco a poco aparecieron temas que les interesaron, tomaron entonces libros de entre los que yo había leído, y también me pidieron que les comprara otros. Queda la incógnita de cómo le harán con mis nietos, cuando los tenga, pero espero también servirles un poco de orientación tanto a estos últimos como a los primeros cuando muestren interés.

El prólogo anterior viene a cuento porque este fin de semana (el sábado 11 inicia y el 19 de marzo concluye) tendremos en nuestras tierras una edición más de la FILEY, la Feria Internacional de la Lectura en Yucatán, en esta ocasión contando con la colaboración de la Universidad Autónoma de Campeche, del gobierno del estado de Campeche, y también de la República Popular de China, que celebra el Año de la Cultura China, apuntalando a una vapuleada administración del Rector Williams al frente de la UADY.

Además de ser una fuente para abrevar de infinitas fuentes y temas plasmados por medio de la palabra, la FILEY también es un escaparate para que diversos autores presenten sus obras, se presenten diferentes eventos relativos a la ocasión, y hasta se impartan talleres que sin duda serán aprovechados por aquellos que así lo consideren.

Especial mención merecen los espacios destinados a fomentar la lectura en los niños, porque será a través de ellos, del grado de preparación que adquieran a través de la lectura, que podremos revertir el sino que actualmente nos domina: el de la ignorancia, el de la pobre preparación cultural y escolar. Si hemos de superar estos 88 años de retraso que llevamos encima, tendrá que ser a través de la educación, y de una mejor cultura. Las mejores y más avanzadas civilizaciones – la Historia no miente – son aquellas que han tenido una elevada educación y preparación de sus ciudadanos; por el contrario, un bajo nivel cultural conlleva un alto grado de subdesarrollo, al no comprenderse conceptos como el bien común y el beneficio social, resaltándose la “viveza” de los que administran/roban los dineros que deben usarse para ambos rubros, denotando al mismo tiempo su pobreza mental y cultural.

A título personal, siendo el bibliófilo que soy, la FILEY también me llama puesto que es la mejor oportunidad que tenemos de adquirir libros a precios rebajados. Cierto es que el precio de algunos ejemplares los vuelve simplemente prohibitivos, lo que a su vez inhibe el deseo de leer cuando existen otras necesidades más apremiantes, pero también es cierto que podemos adquirir ejemplares a buenos precios, así como otros productos asociados a las actividades en el recinto.

En resumen, asistamos a la FILEY – con la mayor cantidad de amigos y familiares que sea posible, ya sea invitándolos o acompañándolos – y envolvámonos durante todo el tiempo que deseemos en tantas manifestaciones ideológicas disponibles, hojeemos unas páginas de aquel libro que nos interese y capture nuestra atención, adquiramos alguna obra que esté a nuestro alcance económico, y contribuyamos de esta manera a ejercitar el músculo cultural con el que modificaremos nuestro entorno.

Allá nos vemos.

Gerardo Saviola

gerardo.saviola@gmail.com

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.