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Continuación de los Rudos Castigos en la Época de la Esclavitud
CAPÍTULO 4
Don Nico Dzul, con la voz ronca y pausada, con las lágrimas que corren en las mejillas de un hombre que ha sufrido mucho los pesares de la vida en la época de la esclavitud, nos continuó relatando los dramáticos sucesos sobre el rudo castigo por las faltas cometidas de los asalariados. De esta manera dijo ¡Ay! Sucunita… Hermano… VEEI –LE BAAH-UCHAN-TOONOH-TU-EPOCAI-LE-ESCLAVITUDOH-YAAH, CACH-JAATZ-C-BIIS-MAH-YOLAH-CALTAAL-YEETEL-LE TRAGOOH-PIXOO-YOH, entendiendo que así fueron las cosas que pasaron en la época de la esclavitud, y que muchos azotes recibieron a causa de las borracheras y parrandas por el vicio del alcoholismo.
En esta hacienda San Antonio, según el tradicional reglamento impuesto por los amos de la hacienda, Don Manuel era un gran personaje de mucho talento, enérgico, severo a la vez. Por falta de comunicación y de transporte no podía viajar fácilmente; vivía toda la semana en la hacienda, en unión de su familia, heredero de la prosapia de sus ascendientes y fiel continuador de las antiguas costumbres y usanzas de sus abuelos. Permanecían, bien acomodados a su lado, fieles servidores que formaban la corte, tales como un encargado, un mayordomo, un fiscal de oratorio, un fraile Franciscano y el padre Uc, y encomenderos, sucesivamente.
Don Emilio Polanco, con su carácter de encargado, con su edad ya maduro, gallardo, de carácter severo con los sirvientes, a veces con altanería, pues carecía de cultura, y el mayordomo taimado indígena, decano de la finca, estos dos serviles maniobraban con insólita eficiencia para los fines y ordenanzas enérgicas del buen patrón.
Al correr los años de 1898 y 1899, y al despertar en los albores del alba y en la entrada de 1900 y 1901, el henequén tan raro crecía silvestre, y no puede decirse que su explotación y su monocultivo hubiese sido visto con gran interés, o muy codiciado por aquellos tiempos de bonanza por los industriales extranjeros.
El Procesamiento del Henequén en su comienzo es de Baja Calidad
En la hacienda San Antonio, a mediados de la primera década de este siglo XX, el henequén ya había comenzado a despertar interés. La fibra dura era solicitada por los industriales extranjeros, pero la dificultad de su desfibración constituía un obstáculo en la mayoría de las haciendas yucatecas.
El procedimiento antiguo en esta hacienda, por nuestros abuelos asalariados, consistía en raspar la hoja del henequén con el X-TONCOS-CHE, pero este procedimiento era muy lento y costoso, ya sea por el número de hombres que requería la raspa, porque lo hacían en sus hogares, o por el considerable esfuerzo con el propósito de rendir un poco más la producción en el proceso de raspar el henequén.
El amo de la hacienda, don Manuel Pasos Gutiérrez, sin escatimar gastos, como pudo se vio obligado a adquirir una primera máquina desfibradora, y correspondió a los yucatecos el honor de dar con el deseado invento. Entre ellos, los más distinguidos fueron Don Manuel Cecilio Villamor, y Don José Esteban Solís, pero no dio resultado satisfactorio, por ser un poco lento y tardío, porque solo podía raspar mínimo de 10,000 hojas de henequén durante 10 o 12 horas.
Estos experimentos continuaron un año más tarde, cuando de repente llegaron a la hacienda, como huéspedes, dos grandes personajes procedentes de la ciudad de Morelia, Michoacán. Estos honorables visitantes eran un español criollo y su acompañante, solo con el fin de cerciorarse de este lamentable fracaso, así como también para practicar unos experimentos , estudios e investigaciones sobre la savia y el jugo del henequén, pues traían desde lejanos lugares diversas plantas, así como semillas de trigo, arroz, maíz, caña de azúcar, limoneros, granados, injertos de naranjas dulces y agrias, algodón, cacahuate y algunas variedades de frijol, el jitomate y tomate, camotes, chiles – maguey y el henequén siempre crecía silvestre –, y varias especies de animales, caballos, burros, ganado vacuno y lanar, etc.
También dotaron de otros instrumentos, como aperos de labranza tales como arados, rastrillos, palas, picos, azadones y otras útiles herramientas, así como también piezas de maquinaria desfibriladora un poco más moderna, con el fin de mejorar la calidad de la desfibración del henequén, pues en este paso, ya después de haberla instalado la segunda máquina, fue inaugurada en enero de 1902.
La Economía de la Hacienda
En la página anterior mencionamos la primera máquina que se bendijo con el nombre de Cecilio Villamor. Pues bien, por ser pequeña, fue instalada en la parte oriente; en poco tiempo se bendijo la otra grande, la que actualmente se encuentra en un estado de decadencia.
La hacienda San Antonio Too está situada en una pequeña zona de monocultivo de henequén, cuya productividad no tenía todavía mucho rendimiento, por encontrarse un poco reducida la superficie cultivada de explotación. Sin embargo, en esa época los antiguos patrones eran optimistas para incrementar las mayores extensiones de la superficie del cultivo de esta envidiable planta que era el oro verde de Yucatán.
En la planta trabajaban con muy poco número de hombres trabajadores, debido a que solo algunos fueron supervivientes de la epidemia de la santa viruela y la santa cólera que había diezmado casi la tercera parte de la población. Así que esta es es la segunda causa de nuestra situación; es de imaginarse que, para poder transportar una pequeña remesa de este producto a los mercados de consumo locales, exteriores o extranjeros, el amo lo hacía cada mes, porque se raspaba apenas 10,000 hojas de henequén.
Estas 10,000 hojas que raspaba la maquinita “VILLAMOR” duraba una jornada de 12 horas; tres raspas por cada semana venían haciendo un total de 30,000 hojas a la semana, y al cabo de 4 semanas se raspaban 120,000 hojas; su promedio era de 25 kilos por cada millar, de manera que la producción era 120,000 hojas desfibradas en cuatro semanas. Los empacadores lo empacaban en las antiguas prensas de palanca; este trabajo lo hacían dos personas, de manera que debían de entregar ya empacado como veinte pacas, las cuales pesaban 150 kilos cada paca.
La Producción del Henequén, su Promedio por Kilaje: Antes de la Afectación Ejidal en 1937

Como ya se dijo, los empacadores lo empacaban en las antiguas prensas de palanca. Este trabajo lo hacían entre dos personas, de manera que debía entregar ya empacado como veinte pacas, las cuales pesaban 150 kilos por cada paca, y su promedio total alcanzaba como 3,000 kilos, para ser transportadas en cinco carretas tiradas por tres o cinco mulas.
Únicamente podía llevarse 4 pacas por cada carreta y los llevaban en los mercados de consumo de henequén. El consumidor lo pagaba a 10 centavos la libra; aún no se conocía el kilogramo.
Venancio Narváez Ek
Continuará la próxima semana…





























