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El Método del Torturador
(Segunda Parte)
“Estúpidos.”
“Todos desean información que no tiene relevancia ante la importancia de lo que sucederá con este mundo.”
Había tenido cuidado extremo en no hacer del conocimiento de sus empleadores sus verdaderas intenciones, y tampoco revelaba sus orígenes.
“Sus pequeñas mentes tan solo piensan en sus asuntos de poca monta.”
A lo largo de su longeva vida – el tiempo no transcurría para él como para los demás – había logrado averiguar muy poco de lo que en realidad le interesaba a él.
Aunque nadie sabía cómo lograba arrancar confesiones, lo cierto es que tenía un método relativamente sencillo. “Si tuvieran un poco de cultura, si tan solo hubieran prestado atención a las palabras de George Orwell en su libro 1984, entonces sabrían que nadie es capaz de resistir una confrontación con sus peores miedos.”
“Los hombres son muy sencillos, y sus temores lo son también: temen perder aquello que aprecian más. Para algunos es su libertad, para otros es su vanidad, en otros es su familia, en otros su dinero. Todos, tarde o temprano, se quiebran.”
Sus travesías por el mundo no eran precisamente para arrancar confesiones. En realidad lo que él buscaba era información sobre los suyos, sobre su destino. Entre las preguntas que dirigía a esos pobres diablos, también buscaba aquello que él deseaba saber. También, sin que lo supieran, cuestionaba a sus empleadores: hurgaba en sus mentes.
Su capacidad mental le permitía interpretar las imágenes que se formaban en las conciencias de sus interrogados. Delicadamente sugería sus preguntas con el pensamiento, invadiendo y violando sus recuerdos, hasta encontrar aquello que deseaban los que lo contrataban y, de paso, intentando encontrar respuestas a sus propias interrogantes. Lo demás – lo de amenazar a las infelices víctimas hasta quebrantarlas – era tan solo parte del espectáculo: les hacía imaginar la pérdida de aquello que más valuaban, en la peor manera posible, e inmediatamente se desmoronaban y se deshacían en sollozos ante el temor. Luego, tan solo repetían en voz alta lo que él ya sabía después de haber investigado en sus mentes.
Nada de esto le costaba trabajo. Después de todo, él era un perfecto ejemplar, una creación perfecta de la Sociedad Thule. Después de todo, él era el fruto de la unión de una perfecta y seleccionada mujer aria con uno de los pocos Annunakis que aún poblaban la Tierra. De ahí el origen de sus poderes.
Himmler estaba orgulloso de él y estaba seguro de que el 3er Reich se levantaría con la victoria debido a su esfuerzo y el de otros ejemplares que también estaban siendo desarrollados. Himmler pecó de soberbio, y los meticulosos planes cayeron por los suelos junto con el cuerpo del líder del proyecto.
Estaba enterado de que en él se cifraban muchas de las esperanzas del Führer pero, ante las acometidas de los aliados, éste había huido y le había perdido la pista.
O encontraba a Hitler o encontraba a alguno de los suyos para continuar con los planes.
De Guerrero, habiendo acompañado y prestado sus servicios a infinidad de sicarios, y a no pocos políticos a lo largo y ancho de la república mexicana, finalmente llegó a Yucatán.
Nunca se imaginó lo que ahí encontraría…
Gerardo Saviola y Ricardo Pat





























