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Cuando Ozzy ‘mató’ a un Cura

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Cuando Ozzy ‘mató’ a un cura

En su libro ‘Soy Ozzy, confieso que he bebido’ el frontman de ‘Black Sabbath’ comparte muchas hilarantes anécdotas como la que hoy compartimos con ustedes.

En una ocasión maté al párroco. O al menos pensé que le había matado.

Fue un accidente.

Tiene que saber que en aquella época, en el campo, los párrocos hacían visitas a las casas. No les hacía falta un motivo para verte. Alguien llamaba a la puerta y te encontrabas a un tipo en sotana y alzacuellos que quería hablar contigo del tiempo.

Y así, un día en que yo había ido al bar, el párroco pasó por Bulrush Cottage en una de sus visitas y Thelma (la primera esposa de Ozzy), le invitó a tomar una taza de té. El problema estaba en que Bulrush Cottage no estaba equipado para acoger sacerdotes (había latas de cerveza, escopetas y pipas de agua en todas partes) y Thelma no tenía ni idea de qué darle de comer. Se puso a rebuscar por la cocina y encontró un pastel de pinta infecta en una lata vieja. Sin otra alternativa, le sirvió un trozo, aunque por aspecto y sabor parecía hecho de mierda.

Lo que a Thelma se le había olvidado era que la semana anterior mi camello me había pasado un hachís cutre. Estaba rancio, o algo, y fumarlo daba asco, pero mantenía toda su potencia. En vez de dejar que se perdiera, lo raspé en un cuenco. Hice una masa de pastel y lo metí en el horno. Problema: la piedra era enorme y a mí sólo me quedaba medio paquete de masa de pastel, con lo que el pastel acabó siendo 80 por ciento hachís y 20 por ciento masa. Cuando lo probé casi vomito.

-“¿Ves esta lata?”- recuerdo que le dije a Thelma-. “No dejes que nadie la toque.”

No debía haber prestado atención.

Lo único que sabía era que había una lata marcada con una calavera y dos tibias cruzadas, y que adentro había pastel, y que tenía a un cura que alimentar. Así que le sirvió un trozo.

Acababa de tragar el último bocado cuando volví del bar. En cuanto lo vi sentado en el sofá, con el platito lleno de migas frente a él, supe que estábamos en un lío.

-“Un pastel delicioso, muchas gracias, señora Osbourne”- dijo el párroco- “¿Le importaría que repita?”

-“No, por supuesto que no”- dijo Thelma.

-“Thelma,”-le dije- “creo que no queda más pastel.”

-“Sí que queda, John, en la coc…”

-“NO QUEDA MÁS PASTEL.”

-“Oh, no quiero ser una molestia”- dijo el párroco, poniéndose de pie.

Entonces empezó a enjugarse la frente con un pañuelo. Y le cambió el color. Sabía exactamente qué le iba a pasar a continuación. Comer hachís, por si no lo saben, es muy diferente a fumarlo: te afecta todo el cuerpo y no sólo la cabeza. Y basta un poquito para ponerte al revés.

-“Caramba,”- dijo- “me siento un poco…”

¡BUMBA!

-“¡Mierda! ¡Hemos tumbado al párroco!” –grité al tiempo que me acercaba para ver si seguía respirando; luego me volví a Thelma.

Bulrush Cottage era una zona ubicada en el campo, donde Ozzy compró su primera mansión cuando Black Sabbath comenzó a generar dinero.
Bulrush Cottage era una zona ubicada en el campo, donde Ozzy compró su primera mansión cuando Black Sabbath comenzó a generar dinero.

-“¿Pero qué coño estabas pensando?” –le grité-. “¡Va a morir! Te dije que no tocaras ese pastel. ¡Se ha zampado hachís suficiente para tumbar a un puto elefante!”

-“¿Y yo cómo iba a saber que el pastel era chungo?”

-“¡Porque te lo dije!”

-“No me dijiste nada!”

-“¡Está en una lata con una calavera y dos tibias cruzadas!”

-“¿Qué vamos a hacer ahora?” –dijo Thelma, palideciendo.

-“Vamos a trasladar su cuerpo, eso vamos a hacer” –dije yo-. “Venga, agárrale de las piernas.”

-“¿A dónde vamos a llevarle?”

-“A donde quiera que viva”

Entonces cargamos con el párroco hasta su coche, lo metimos en el asiento trasero, encontramos su dirección en la guantera y le llevé hasta casa. Estaba tieso. Una parte de mí estaba convencida de que había palmado, aunque había estado bebiendo casi todo el día, así que tampoco es que estuviese muy fino. Lo único que sabía era que para un hombre de Dios (o para cualquier otra persona) la porción de hachís que se había metido podía ser fatal. Pero me repetí una y otra vez que se despertaría con un resacón espantoso y que todo saldría bien.

Cuando llegamos a su casa, le saqué a rastras del coche y le dejé sobre los escalones de la entrada, apoyado contra la puerta. Si hubiese sido un poco más listo, habría limpiado mis huellas digitales del coche, pero me sentía tan culpable por todo lo que había pasado, y necesitaba tanto creer que iba a ponerse bien, que puedo decir con sinceridad que ni se me ocurrió siquiera.

Aun así, pasé la noche entera en vela, esperando oír las sirenas. Evidentemente, si hacían algún examen del cuerpo del párroco, la mía sería la primera puerta a la que llamarían. ¿Quién si no en toda la parroquia iba a darle un trozo de pastel con hachís? Pero no hubo sirenas aquella noche. Ni tampoco al día siguiente. Pasaron días. Nada.

Yo estaba reconcomido por el remordimiento, y Thelma igual.

Ozzy Osbourne y su primera esposa Thelma, de quien terminaría divorciándose años después.
Ozzy Osbourne y su primera esposa Thelma, de quien terminaría divorciándose años después.

Pero no quería acercarme a la parroquia. Podía parecer sospechoso. Por eso cada vez que pasaba por el Hand & Cleaver hacía sutiles indagaciones.

-“¿Alguien ha visto al párroco últimamente?” –preguntaba, como quien no quiere la cosa-. “Es buena gente, el párroco ¿eh? A ver qué nos cuenta el domingo en el sermón.”

Por fin, alguien mencionó que debía de estar enfermo porque no había oficiado misa, y hacía tiempo que nadie lo veía.

Ya está, pensé. Le he matado. Me pregunté si debería entregarme.

-“Fue un accidente, señoría” –me imaginaba ya testificando delante del juez-. “Un terrible accidente.”

Estuve así al menos un mes.

Hasta que un día entré al bar y me lo encontré sentado frente a la barra, con la sotana, y bebiendo un zumo de grosella.

Estuve a punto de darle un abrazo y un beso.

-“Hola, ¿cómo está?” –dije, medio atontado por el alivio.

-“Ah, señor Osbourne” – me dijo, estrechándome la mano-. “¿Sabe que me pasó una cosa muy curiosa? No consigo recordar cómo volví a casa después de visitarle a usted. Y al día siguiente caí enfermo con un constipado tremendo.”

-“Cuánto lo siento.”

-“Sí, sí, un constipado de lo más desagradable.”

-“Estoy seguro de ello.”

-“Nunca había pasado uno igual.”

-“Bueno, me alegro de que se encuentre mejor…”

-“¿Sabe que estuve alucinando durante tres días? Una experiencia curiosísima. Estaba convencido de que los marcianos habían aterrizado en el césped de la parroquia y pretendían organizar una tómbola.”

-“Qué barbaridad. Espero que ya se encuentre mejor.”

-“Oh, mucho mejor, gracias. Aunque esta semana he estado tan hambriento que debo de haber engorado veinte kilos.”

-“Escuche, si hay algo que pueda hacer por la iglesia, lo que sea, dígamelo, ¿de acuerdo?”

-“Qué amable es usted. ¿Toca usted el órgano, por casualidad?”

-“Ehhh… no.”

-“Pero toca en una banda pop, ¿no?”

-“Sí, eso sí.”

-“Dígame, ¿cómo se llama la banda?”

-“Black Sabbath.”

– “Oh.”

El párroco frunció el ceño por un instante y dijo:

-“Es un nombre bastante curioso, ¿no?”

I am Ozzy (confieso que he bebido): Memorias de Ozzy Osbourne

Editorial: Global Rhythm Press

Año de edición: 2011

450 páginas

Traductor. Paco Álvarez

 

RICARDO PAT

riczeppelin@gmail.com

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