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II
César Ramón González Rosado
Tiempo después de su experiencia en la ciénega de Sisal (I), motivado para saber los orígenes del pueblo maya, Itzae ingresó a la Universidad, donde estudió Antropología y Cultura maya, obtuvo el grado de Doctor en Ciencias en la UNAM. Estudió a fondo la teoría sobre la interpretación de los jeroglíficos de la escritura maya de Yury Knorozov, realizó estudios de posgrado en alguna Universidad europea y, versado en esos conocimientos, se convirtió en H’men, como su abuelo, para servir mejor a su pueblo.
Veamos:
Itzae, ya con ese acervo de conocimientos científicos, y con el propósito de investigar a fondo la Cultura Maya, regresó a su tierra natal con sus títulos en la mano. Sin embargo, a pesar de su éxito académico, sentía que algo faltaba. La ciudad, con sus luces y sonidos, parecía ahogar la voz de sus antepasados. Itzae anhelaba conectar con la sabiduría ancestral de su pueblo, con la tierra, y con los espíritus que la habitaban.
Decidió emprender un viaje para encontrar a un mentor que lo guiara en el camino de los H’men mayas.
Se dirigió hacia el corazón de la península de Yucatán, donde se encuentran las ruinas de las antiguas ciudades mayas.
El Sol caía sobre su espalda mientras caminaba por la selva y el aroma a tierra húmeda y a flores silvestres llenaba sus pulmones.
Después de varios días de viaje, llegó a un pueblo llamado “Noj Kaaj Santa Cruz Xbáalam Naj”, que en español quiere decir gran pueblo de la Santa Cruz casa oculta del jaguar, actualmente ‘Felipe Carrillo Puerto, Quintana Roo’, rodeado de cenotes y selva.
Allí conoció a un ‘H’men de nombre Chablé que vivía en una pequeña choza de paja y madera. Chablé tenía ojos sabios y una sonrisa cálida. Itzae sintió que había encontrado al mentor que buscaba.

“¿Qué buscas, joven?» preguntó Chablé, mientras Itzae se sentaba a su lado en el suelo.
“Busco aprender la sabiduría ancestral maya,” respondió. “Quiero entender el camino de los sabios H’men y cómo servir a mi pueblo.”
Chablé asintió con la cabeza y comenzó a hablar en voz baja.
“La sabiduría ancestral maya no se aprende solo con los conocimientos académicos,” dijo. “Se aprende con el corazón y con el espíritu. Debes estar dispuesto a escuchar a la tierra y a los espíritus que la habitan.”
Itzae, intrigado, decidió quedarse con Chablé para aprender de él.
Juntos se adentraron en la selva, realizando rituales y ofrendas a los dioses mayas. Itzae aprendió la importancia de la conexión con la naturaleza y cómo utilizar la sabiduría ancestral para sanar y proteger a su comunidad.

A medida que pasaban los días, Itzae se sentía cada vez más conectado con la tierra y con los espíritus que la habitaban. Comenzó a sentir una profunda sensación de paz y de propósito. Se dio cuenta de que había encontrado su verdadero camino.
Sin embargo, no todos en la comunidad estaban de acuerdo con la presencia de Itzae. Algunos lo veían como un extraño, un forastero que quería aprovecharse de la sabiduría ancestral maya para su beneficio.
Un grupo de personas lideradas por un falso H’men rival comenzó a poner obstáculos en el camino de ltzae. Ese brujo maligno era un hombre envidioso y celoso que veía a Itzae como una amenaza a su propio poder y autoridad en la comunidad.
“¿Por qué permitimos que este extraño venga a nuestra tierra y se aproveche de nuestra sabiduría?” preguntó a los demás. “No es digno de aprender de nuestros antepasados.”
Itzae se dio cuenta de que el brujo y sus seguidores trataban de sabotear su aprendizaje, pero no se rindió. Estaba decidido a alcanzar su objetivo y demostrar que su intención era pura.
“Chablé, ¿qué puedo hacer para superar estos obstáculos?» preguntó Itzae a su mentor.
“La perseverancia y la fe son clave,” respondió. “Debes demostrar que estás dispuesto a aprender y a servir a nuestra comunidad. No te rindas. La sabiduría ancestral maya es para aquellos que están dispuestos a luchar por ella.”
Itzae se armó de valor y continuó su aprendizaje, a pesar de los obstáculos. Realizó rituales y ofrendas, y se sometió a pruebas y desafíos para demostrar su compromiso. Aunque el brujo y sus seguidores continuaron sus afanes de detenerlo, Itzae no se rindió.
Finalmente, después de muchos días de lucha y perseverancia, Itzae alcanzó su objetivo. Chablé lo reconoció como un verdadero H’men maya y la comunidad comenzó a aceptarlo como uno de los suyos.
“Has demostrado que eres digno de la sabiduría ancestral maya,” le dijo Chablé. “Ahora debes utilizar esta sabiduría para servir a nuestra comunidad, proteger nuestra tierra y nuestra cultura.”
Itzae se sintió orgulloso y agradecido.
Recordó aquella premonición en la ciénega de Sisal cuando su primera juventud. Sabía que había encontrado su verdadero propósito en la vida y estaba listo para enfrentar los desafíos que se le presentaran.
Glosario
H’men. “En Yucatán, el curandero, maestro, hierbatero, es denominado H’men o ah’men. También se le conoce como ah k’in, chilam, espiritista. Se encargaba de realizar ciertas ceremonias o rituales que tenían la finalidad de curar, limpiar, eliminar energías negativas, etc.” (Wikipedia).
Bibliografía
Carlos Francisco Chablé Mendoza. UN DÍA COMO HOY. Efemérides Peninsular. Edit. El nido del Fénix. 2021.





























