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Serapio Rendón en la Revolución Mexicana (1867 – 1913) – Apéndices II

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Apéndices

Texto del Memorial Presentado por los Diputados del “Bloque Renovador” de la XXVI Legislatura al Presidente Madero (Continuación…)

D.Era natural y lógica la contrarrevolución. Pero natural y lógico es también que ésta hubiese podido ser sofocada por el Gobierno más fuerte, por más popular que ha tenido el país. Sin embargo, ha acontecido lo contrario. ¿Por qué? Primero por el error primitivo padecido por el gobierno de la revolución: porque la revolución no ha gobernado con los revolucionarios. Después, porque el gobierno ha padecido otro error con creer, obrando conforme a esta creencia errónea, que la contrarrevolución sólo podía sofocarse por medio de las armas. De ahí esa guerra civil que se desenlazará tal vez con el derrumbamiento del gobierno más fuerte que ha tenido la República. Ha olvidado el gobierno, a pesar de ser él la prueba mejor de esta tesis, que las revoluciones sólo triunfan cuando en la opinión pública tienen su más fuerte e incontrastable sostén. Vamos camino de que la contrarrevolución consiga adueñarse de la opinión pública. ¿Qué ha hecho el gobierno de la revolución para mantener incólume su prestigio, para conservar como en mejores días, sumisa y complacida a la opinión pública? Nada, absolutamente nada. Este gobierno parece suicidarse poco a poco, porque ha consentido que se desarrolle desembarazadamente la insana labor que para desprestigiarlo han emprendido los enemigos naturales y jurados de la revolución. Esa insana labor es la de la prensa de oposición. El gobierno, en nombre de la Ley, ha consentido en que sea apuñalada la legalidad. El gobierno, creyendo respetar a la Ley, ha faltado a la Ley consintiendo su propia existencia. La contrarrevolución existe cada vez más peligrosa y extendida, no sin duda porque los núcleos contrarrevolucionarios sean hoy más fuertes y porque las gavillas de bandoleros sean hoy más numerosas, sino que va apoderándose de las conciencias por medio de la propaganda de la prensa que día a día conculca impunemente la Ley, labrando el desprestigio del gobierno que cada vez es mayor, y porque todo el mundo piensa ya que este gobierno es débil. Se le ultraja, se le calumnia, se le infama, se le menosprecia, todo impunemente. La prensa ha ido infiltrando su virus ponzoñoso en la conciencia popular, y ésta al fin llegará un día a erguirse contra el gobierno en forma violenta e incontrastable. En la misma forma en que se irguió antes contra la tiranía. La prensa lleva a cabo su obra pérfida, antidemocrática y liberticida, a vista y paciencia del gobierno de la revolución. El gobierno se ha cruzado de brazos. La prensa capitalina da la pauta y el tono, y marca el rumbo a la prensa de los Estados. Y el gobierno, en nombre de la Ley, pero faltando a ella, se deja escarnecer, se deja befar, se deja afrentar. Y gobierno que no es ni respetado, ni temido, está fatalmente destinado a desaparecer. Hay tribunales en la Federación y en los Estados, hay Códigos Penales, hay Ministerios Públicos, hay Procuradores de Justicia y hay, por último, un Ministerio de Justicia. Y a vista y paciencia de todos esos funcionarios, guardianes de la Ley, todos los días, a todas horas, en todas partes, en toda la República, se alza un coro de dicterios, de oprobios, de denuestos, de ultrajes de desprecios, de gritos de subversión, de clamores, de rebeldía, y el pueblo, y todas las clases sociales, reciben ya alentados por una impunidad suicida, con aquiescencia, hasta con júbilo, todo lo que se dice en forma injuriante y despectiva en contra del gobierno de la Legalidad. Suprimida, por los medios legales de represión, la prensa de escándalo, quedaría cegada la fuente que esparce de uno al otro confín de la República la simiente contrarrevolucionaria. El gobierno sería respetado y temido, se haría la paz en los espíritus, y la pacificación del país se aceleraría considerablemente. Mucho más funestos que los bandidos que incendian los campos y asesinan mujeres, son los bandidos de pluma que envenenan el criterio nacional. Y mucho más dignos de consideración son los primeros, que esgrimen la tea incendiaria, que los últimos que blanden sin probidad el más noble atributo del pensamiento.

Debemos, pues, concluir que la contrarrevolución parece fomentada por el mismo gobierno, fomentada con sus contemplaciones y lenidades para con la prensa de escándalo, fomentada por medio del Ministerio de Justicia que se ha cruzado de brazos, no respetando, sino violando la ley. ¿Qué es violar la Ley? Consentir que sea violada, atentándose contra la paz pública y los más sagrados intereses de la patria.

Y esto ha hecho el ministerio de Justicia. Si el ministerio de Justicia hubiese puesto coto, con la Ley en la mano, en el Distrito Federal a los desmanes de la prensa, existiría sólo una prensa seria y comedida de oposición, que a la postre es más provechosa que perjudicial. Los gobiernos de los Estados habrían imitado al gobierno del centro, y no existiría ese coro de injurias que se levanta en el suelo nacional, y que es la fuerza moral de la contrarrevolución y la fragua que esparce chispas y prende el incendio en todos los espíritus. Pero es claro: todos, o casi todos los funcionarios del Poder Judicial, son enemigos del actual gobierno, ponen a éste en ridículo, y llevan este ridículo hasta lo ignominioso, porque sólo tienen rigores o indiferencias punibles con todo aquel que sea adicto al gobierno. En suma: el peor enemigo del gobierno actual, resulta ser el ministerio de Justicia (I), y debe urgentemente, sin aplazamiento ni contemplaciones, o cambiarse el personal de ese ministerio y del Poder Judicial, o cambiarse el procedimiento seguido hasta hoy. Esto piensa, esto siente, esto quiere, esto anhela el Bloque, como una medida salvadora de la revolución. El Bloque, sin embargo, nada exige ni pretende exigir.

E. El fin de la contrarrevolución es evidente: romper el Plan de San Luis y hacer que la Revolución de 1910 pase a la Historia como un movimiento estéril de hombres sin principios que ensangrentaron el suelo de la patria y la sumieron en la miseria. Los medios de que se vale, y se ha valido, son el dinero de los especuladores del antiguo régimen, la pasiva complicidad de dos tercios de los Gobernantes de la República, y la deslealtad de algunos intrigantes que fueron objeto de inmerecida confianza; sus adalides más activos y más fuertes son los periodistas de oposición y los diputados de la llamada minoría independiente; y su colaborador más eficaz, el ministerio de Justicia. Cambiad, señor Presidente, este ministerio, o imponedle una orientación política distinta, no para iniciar una era de atentatorias persecuciones contra la prensa, sino para iniciar únicamente la represión enérgica y legal de las transgresiones a la ley, y con solo eso el Gobierno reaccionaría en la opinión, convirtiéndose en una entidad respetada y temida. Acabando con los conspiradores de la pluma, se acabará con los conspiradores de capital, se acabará con la inercia contemplativa de los gobiernos de los Estados y se facilitará la pacificación del país, para gloria de vuestra señoría y de la Revolución de 1910.

(I) – Era ministro de Justicia el señor licenciado Manuel Vázquez Tagle; durante la discusión de este Memorial en el seno del Bloque Renovador, fue suprimida la mención que se hacía en el mismo sentido respecto de los ministros Ernesto Madero, de Hacienda, Rafael Hernández, de Gobernación y general Ángel García Peña, de Guerra y Marina, a quienes estimaban los renovadores como enemigos de la política que deseaban fuese adoptada por el gobierno del señor Madero.

Arturo Menéndez Paz

[Continuará la próxima semana]

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