Visitas: 6
Prosa

Por Ermilo Abreu Gómez
La no literatura
La “no literatura” –lo dice Alfonso Reyes, El deslinde; p. 28– aprovecha lo sentimental, lo que es de suyo baladí y que puede percibir y hasta gozar una inteligencia roma. Lo que es literatura aprovecha lo esencial que sólo en apariencia está deshumanizado –según la feliz denominación de Ortega y Gasset–. También la prosa participa de estos dos carriles: hay una que sólo es vehículo o transporte de algo; y hay otra –la literaria– que revela lo esencial de su valor estético.
Paisaje para leer
Parece mentira pero es así. El medio, cierto medio, urbano o rústico, es propicio o adverso para la lectura. Por eso puede decir Camilo José Cela –Obra completa, p. 525– lo siguiente: “Collado Albo es buena decoración para recitar a los poetas lógicos –el Rabí Sen Top, Pedro Guillén de Segovia, Juan de Padilla el Cartujano, los Agensola, José Marchena, a quien a poco guillotina Robespierre en Francia y quema la Inquisición en España, Antonio Machado…”
En efecto, la claridad, la anchura del paisaje, la transparencia del aire como que se aviene con la poesía que se da íntegra, sin resabios, sin intermedios de oscuridad y que Camilo José Cela, con breve palabra, llama poesía lógica.
Modo de estudiar la prosa
Ninguna lección más clara y más provechosa que la dicha por Forner (Exequias de la lengua castellana, p. 134). En dos breves líneas lo dice todo: “Estudiad las frases del idioma, no las de los autores”. Es decir, hay que ir a la raíz, al cogollo del idioma vivo que nos rodea. Lo otro es añadidura. Bueno o indispensable, sin duda, pero añadidura.
Prosa de Castilla
¿Qué mejor ejemplo que el habla de esta región? Camilo José Cela (Obra completa, t. 5, p. 355) escribe, elocuente y preciso: “El pastor habla un castellano eficaz, inmediato, ilustre. Las gentes del Tormes traen sus palabras sin rodeos ni peores atajos, de los siglos XV y XVI; quién sabe si cuna de antes”. Más adelante confirma su expresión diciendo “los serranos del Tormes en su español sonoro, arcaico y mantenido…”
Sólo hay que aclarar que ese “arcaico” es cosa vivida, gozada y soñada y no melindre de libros ni gigote de academia. Es lo que es: cosa presente.
Incorrecciones
No sé cuántos grandes escritores cometieron terribles y frecuentes incorrecciones en sus escritos. Tienen fama los descuidos que se advierten en la prosa de Santa Teresa y de Pío Baroja. No han faltado agrias censuras de estos defectos, pero hay que tener cuidado en la enmienda y en la crítica. Ya el tan exigente Forner (Exequias de la lengua castellana, p. 145) sabiamente advierte: “la construcción poética, aunque sea irregular, suele a veces expresar una vivísima imagen con aquella irregularidad misma”. Otros en cambio, tan correctos, tan impecables, convierten sus escritos en un “mecanismo gramatical estéril e inexpresivo” (id).
Las tres formas de la oración
Bruno Snell (La estructura del lenguaje, p. 70) advierte: “de modo que sólo podemos descubrir una situación o estado de cosas en una de estas tres formas: Lo que es, lo que hace o lo que tiene”. De la preferencia que se da a alguno de estos aspectos depende el valor de su trabazón lógica, de su esencia vital y de su materia aprehensible. El ejemplo que trae Snell es claro: el león es amarillo; el león ruge, el león es una fiera.
El habla y la prosa
Para qué darle vueltas: el habla del hombre es la raíz de la prosa. Bruno Stell (Estructura del lenguaje, p. 13), dice: “El habla humana está formada, por lo general, de frases; las frases están construidas con palabras y las palabras están formadas por sonidos. Esto no quiere decir, sin embargo, que primero hayan existido los sonidos, después las palabras, a continuación las frases y, finalmente, el lenguaje. Porque no hay frases más que en relación con el habla, palabras con sentido sólo dentro de la frase, y los sonidos articulados aparecen solamente en palabras, aunque algunas de ellas pueden aparecer anteriormente, por ejemplo, como interjecciones, como exclamaciones…”
El lenguaje, pues, es una coherencia que supone una intención, una expresión o una representación. Esto da el contenido y la forma de la prosa. El grado de su perfección se manifiesta en la conquista de lo lógico o de lo bello. El escritor de sensibilidad estética se inclina a manejar la última conquista.
Pecados capitales de la prosa
La prosa incorrecta, con un poco de escuela puede corregirse. La prosa impura, es decir, plagada de galicismos o de barbarismos, bien a bien puede enmendarse y sanearse. Todo es cuestión de cuidado, de buena doctrina y de mejor ejercicio. Estos son pecados veniales que apenas sí conducen al que los comete a las puertas del Purgatorio.
Otros son los pecados mortales que llevan derechito al Infierno. Debe haber muchos pecados mortales pero se me antoja que hay tres más frecuentes y de menos capacidad de redención. Uno es el malhadado preciosismo que tanta honra tuvo entre los modernistas del siglo XX. Otro es el latinizante que agobió a muy preclaros ingenios en el siglo XV. Otro es el arcaizante que tantas víctimas hizo en diversas épocas. Un quinto pecado mortal todavía mayor debemos citarlo al final de este comentario. Este pecado mortal, casi pecado contra el Espíritu Santo, es el que se comete contra el buen gusto. Este pecado es gravísimo porque los sujetos que lo cometen se sientes aliviados con esta pregunta:
-¿Qué es eso del buen gusto, quién define el mal gusto?
Y de veras no hay modo de responderles nada. Y ante el silencio, los tales medran y prosperan y hasta, si viene a cuento, reciben muy calurosos aplausos.
Diario del Sureste. Suplemento cultural núm. 572, año XVII, Mérida, 11 de octubre de 1970, p. 1.





























