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Editorial

En este mes de septiembre los mexicanos celebramos grandes momentos históricos de nuestra patria.
Si ahora podemos llamarla así es gracias al valor, coraje y decisión de las generaciones precedentes, que reafirmaron su vinculación a estas tierras de nuestros ancestros, las alimentaron con sudor y lágrimas, y las protegieron ante las acechanzas del vecino del norte que nos secuestró parte del territorio patrio, pero jamás ha podido arrancar las raíces que unen a nuestro pueblo con los territorios mexicanos ubicados en la frontera
Los Estados Unidos, hoy gran potencia mundial cuyas ambiciones han hallado nuevas vetas explotables en muchos países, no ha logrado que el olvido sea su aliado histórico en los atropellos cometidos. La sangre mexicana aún prevalece en una gran parte del territorio sur de ese país, en una población con nuestra cultura original.
Podrán haber vencido otrora con la fuerza de las armas, mas la Historia, presente en la población, y la cultura original, permanecen en las raíces culturales históricas. Son firmes. Son fuertes.
Su permanencia ha ido mucho más allá de la presencia mexicana y el arraigo a los espacios históricos de nuestros orígenes poblacionales.
Por ello, en muchas ciudades importantes del coloso del norte de América habrán de celebrarse, al igual que en nuestro país, los aniversarios de la lucha mexicana por la Independencia y la libertad.
Nuestra patria es sangre y pensamiento heredados de nuestros ancestros. Por ello vivirá por siempre en nuestros corazones.
¡Así somos!
¡Así seremos siempre!





























