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El Hábito de la Lectura, Vía del Conocimiento

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TAREA DE TODOS: ENSEÑAR A LEER Y ESCRIBIR

 JUAN APOLO DURÁN CASTILLO

Son los dedos los que comienzan a trazar las primeras letras en sencillos cuadernos impregnados de un olor inolvidable, acompasando el también oloroso y barnizado lápiz para que surgieran al mismo tiempo ante la vista y el cerebro las primeras palabras “oso y rosa”. Así me sucedió, como a muchos. Esa fue la llave que abrió el ancho mundo del entendimiento y de las incontables letras, palabras y escritos que pasarían, han pasado, y seguirán pasando por mis ojos hasta que se cierren para siempre.

Son los mismos dedos que aprendieron dóciles a escribir en la ya antigua “máquina de escribir” Olivetti, compañera mía de trazados oficiosos para elaborar algún escrito en solicitud de algún apoyo material o necesidad social para la comunidad del entorno campirano de mi escuela, y también para cubrir la puntual entrega de los informes del trabajo que como profesor de primaria y secundaria le llevaba a las autoridades de aquel ya alejado pasado. Hoy, como “una heroína excelsa”, la tengo en un lugar especial en mi viejo librero y de vez en cuando la acaricio y escribo algún pensamiento. Por lo viejo de la cinta, es menos visible hasta que sea un solo sello ilegible.

Son los mismos dedos que hoy teclean en moderna computadora con multitud de funciones de borrado, de cambio de párrafos y frases, de alineamiento de páginas y otras muchas “capacidades”, tan complicadas que nunca llego a usar todas y cuyo manejo avanzado dejo a mis hijos y mis nietos; computadora amiga que sirve para sacar de mí lo que he escrito y echo al ancho mundo de lectores con mis vanas y vagas ideas para desahogo de mis todavía inquietos interiores.

Cuánta sólida formación se consigue como producto de la lectura y la escritura. Leer, aunque sea “leer por leer” debe de hacerse. La insistencia en ese ejercicio mental abre poco a poco la comprensión lectora con lo que llega más rápido el entendimiento, floreciendo el sentimiento de satisfacción. Su complemento, la escritura, es el mágico mecanismo del intelecto que llevan y llenan las obras escritas por tantos autores que sería imposible enumerarlos porque son tantos como las estrellas en el firmamento.

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Nadie que tiene algún dominio de las ideas a través de la escritura y la lectura debe soslayar la obligación de conducir con sus opiniones a las comunidades hacia senderos que le den claridad para lograr obtener y mantener el bien común; más ahora que la sociedad se encuentra en una etapa de incumplimiento de las costumbres, desconocimiento de los valores, las normas y leyes. Traiciona a la sociedad quien tiene ese privilegio y lo pone al servicio de los apátridas, o de sus intereses personales, y hay muchos mercenarios con vestimenta de orientadores de opiniones.

Hay otros medios de comunicación penetrantes: la radio, la televisión, los celulares. Todos son hijos de la escritura y lectura. Sin ellos, inicialmente no podrían aplicar ni presentar las luminosas escenas monumentales con títulos escritos, los parlamentos de las telenovelas u otros temas radiofónicos, hoy llenos de propaganda incisiva de comerciales machacones y política tendenciosa que pretenden dar al traste la sociedad que aspiramos. Es por eso que la buena lectura, la hecha a conciencia, es la luz que conduce hacia las metas que se proponen, siendo un bálsamo al alma que envuelve y acaricia la felicidad que acerca a la satisfacción personal.

Cuando los padres de familia tienen el hábito de la lectura, por lo general, los hijos adquieren esa costumbre que debe ser fortalecida en la escuela desde el ingreso del niño. Las bibliotecas escolares, en algunos casos, se convierten solamente en una exposición de libros por muchas razones. Una de ellas es la falta de inducción a la lectura de todos los maestros del colectivo, dejando la responsabilidad a los maestros de Español; como en todo, hay sus honrosas excepciones. Otra es el nombramiento de responsables que no tienen una preparación como Bibliotecario; también hay reconocidas excepciones. Cuánto bien haría a los alumnos si se cuidaran la organización y promoción lectora en las Bibliotecas escolares y públicas.

Leer siempre será la vía de la adquisición del conocimiento y la liberación de las ataduras perniciosas. Escribir es la comunicación con el exterior, con finalidades variadas; de manera que los mensajes, cuando son comentados en cualquier sentido, de alguna manera han conseguido su objetivo.

Es tarea de todos hacer que las generaciones de atrás, y presentes, lean y escriban bien y más.

Mérida, Yucatán, 20 de julio de 2018

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