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Magna exposición de Paloma Torres en la CDMX

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Escultura

De una gran elegancia, la exposición de Paloma Torres que se inauguró el pasado miércoles 8 de febrero en el museo Kaluz, en la ciudad de México, nos adentra en un bosque mineral donde prima la vertical como promete su título: El bosque de las columnas.

Estas columnas se sustentan a sí mismas ya que provocan una sensación estética que no necesita explicaciones o elaboraciones racionales. No obstante, frente a ellas es difícil que no surjan ante nosotros imágenes de ruinas clásicas, sobre todo de aquellas que, al menos en el imaginario, se encuentran en los sitios más agrestes y han sido trabajadas durante siglos por los elementos: Paestum, Selinonte, Segesta y Agrigento…

Sin embargo, está claro que las columnas de la artista se apartan radicalmente de las rígidas categorías de los órdenes clásicos. Columnas rectas, columnas torcidas, columnas de tambores desalineados, columnas irregulares que recuerdan árboles fosilizados cuyos troncos también han sido recortados en tambores, columnas claras, columnas oscuras, columnas esgrafiadas… Son estas las formas que han tomado posesión del patio del edificio colonial donde se encuentran, haciendo eco a las columnas uniformes y bien alineadas que sustentan su estructura, si bien oponiéndole simultáneamente su libertad orgánica.

Si, por su carácter mineral, las piezas de Paloma Torres corresponden claramente el elemento estructural que lleva por nombre columna, también recuerdan todo aquello que en la naturaleza se lanza a la vertical en su crecimiento, como los árboles.

Hay, en efecto, un marcado carácter orgánico en las columnas de la artista. A ello contribuyen los múltiples relieves añadidos que evocan espinas u otras excrecencias vegetales.

A veces, sin embargo, tales relieves recuerdan más bien escrituras sagradas. Uno piensa en antiguos tótems, abandonados en la tierra por civilizaciones olvidadas cuyos relatos secretos hablarían del principio de los tiempos. ¿Es este el lenguaje de los hombres o el de los dioses? ¿Qué magia se esconde detrás de tales signos secretos? ¿Es acaso que están vivas y qué cantan? ¿Acaso debemos hacer caso a William Blake cuando nos decía…?

Hear the voice of the Bard / Escuchad la voz del bardo

Who present, past and future sees / Es aquel que ve presente, pasado y futuro

Whose ears have heard / Es aquel cuyos oídos escucharon

The Holy Word / La palabra sagrada

That walk’d among the ancient trees / Entre los árboles antiguos

(Traducción al español: José Luis Caramés y Santiago González Corugedo)

Así, la obra de Paloma Torres se convierte también en una reflexión sobre el tiempo al oponer la perennidad relativa de lo mineral a lo efímero, también relativo, de los entes vegetales cuya vida, sin embargo, puede ser tanto más larga que la del ser humano …

Al ponernos frente a esta idea del tiempo, y al hacer confluir la idea de la columna, elemento creado por los hombres, con la idea del árbol que tiene vida propia, la artista nos hace reflexionar sobre la idea de “estructura”. ¿De dónde provienen las estructuras en efecto: ¿es el ser humano el que las crea o son éstas las que crean al ser humano?

Nuestra columna vertebral, que nos permite caminar erguidos, se compone, si no de tambores como las piezas de la artista, sí de vértebras que se apilan las unas sobre las otras. Por su centro pasan las señales nerviosas que van al cerebro y viceversa. ¿Acaso somos en verdad los constructores de nuestra psique? ¿O es más bien la psique la que nos conforma?

Son estas algunas de las interrogaciones que susurra el bosque de columnas de Paloma Torres, con lo cual uno se pregunta, una vez más, si el oficio de ceramista no es en realidad una rama perdida de la filosofía; un arte secreto para materializar poesía…

ESTEBAN GARCÍA BROSSEAU

garciabrosseaue@gmail.com

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