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Historia de la Radio en Yucatán Siglo XX

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PERSONAJES, ANÉCDOTAS Y SUCEDIDOS

Toda historia, de cualquier índole, posee sus anécdotas; graciosas unas, no tanto otras, pero siempre dignas de recordarse, ya que ellas constituyen buena parte de su contenido.

Cuando hablamos de historia patria, por ejemplo, evocamos célebres frases surgidas de anécdotas honrosas como aquella de “Va mi espada en prenda, voy por ella” o bien “En nombre de la memoria de mi padre os perdono la vida”, al igual que “Si tuviera parque no estaría usted aquí”, páginas gloriosas escritas por Guadalupe Victoria, Nicolás Bravo y el General Anaya; lo mismo que cuando recordamos a Guillermo Prieto al sentenciar que “Los valientes no asesinan”. Todos ellos, mexicanos ilustres, fueron abnegados patriotas mexicanos, participantes en la Independencia y la Reforma.

Toda historia pues, insistimos, tiene anécdotas y, guardada toda proporción y respeto de lo anterior, les diremos que la historia de la radio en Yucatán, contiene sucedidos personificados por quienes en ella actuaron y que hoy les daremos a conocer. La mayor parte de nuestros personajes anecdóticos han fallecido, pero nos dejaron una estela luminosa por su ejemplar trayectoria dentro de la industria radiofónica. Los recordamos con el mayor cariño y singular respeto y, hecha la advertencia, nos vamos de lleno a nuestro cometido.

TRES DE DON ALONSO LÓPEZ MÉNDEZ – Hermano del Vate Ricardo, Alonso López Méndez, fue locutor de gran capacidad, innumerables recursos, y alegre carácter en la X.E.Z. de esta ciudad, un tiempo en la X.E.Q. de México y, al retornar, en la X.E.U.M. de Valladolid, propiedad de su hermano.

Siendo gobernador del Estado el Ing. Humberto Canto Echeverría, gran impulsor del deporte, trajo de la ciudad de México, nombrándolo Director de Educación Física, al Profr. Alfredo Palacios Almoneit quien instaló su oficina en un local, propiedad del Ejecutivo, situado entre los cines Cantarell y Principal, frente al parque Hidalgo.

Por esos días, a bordo del transporte “Durango” de la Armada de México, salió atendiendo a la convocatoria respectiva un selecto grupo de atletas yucatecos para competir en los juegos deportivos a verificarse en Ciudad Victoria. Después de lograr muchos éxitos en las competencias citadas, deportistas de la talla del Chel Canto Berzunza, Rolando Peña, y Salvador Ciau, entre otros, retornaron por la misma vía y un tren especial, con representantes del gobierno estatal, fue hasta Progreso para conducirlos a Mérida.

Aprovechando que la planta transmisora de la “Z” se encontraba en la entrada de la ciudad, donde hoy funciona un banco, exactamente frente a un supermercado, don Alfonso tuvo la idea de recibir a los deportistas con una transmisión especial a control remoto, que muy poco se hacían en esa época por falta de líneas telefónicas.

Todo había sido preparado con las exigencias del caso: una red de potentes bocinas, varios micrófonos de ambiente y uno especial en las manos de López Méndez quien, obviamente, sería el conductor del evento. Llegó el tren al sitio indicado, denominado El Enlace, y detuvo su marcha entre la algarabía de funcionarios civiles y militares, familiares de los deportistas, y numeroso público asistente para felicitar a nuestros atletas triunfadores.

En medio de la algazara de la concurrencia, sucedió un hecho inesperado y trágico: un tren carguero procedente de Progreso, por causas lamentables, se incrustó de lleno sobre los deportistas, ocasionando un encontronazo que produjo muertos y heridos en número considerable.

Entre ayes y quejidos de dolor, López Méndez solicitó la presencia de servicios de auxilio, médicos y enfermeras pues el cuadro era espantoso. “Pongo los micrófonos de la ‘Z’ -dijo el locutor- al servicio de quien requiera de ellos para dar a conocer algún problema.”

A los pocos minutos se le acercó una humilde viejita quien, anegada en llanto, le suplicó que dijera que había perdido su cartera conteniendo cuatro pesos, rogando al que la hubiera encontrado que se la devolviera.

López Méndez, entre nervioso y molesto, le contestó textualmente: “¿Señora, nos viene usted a perjudicar por haber perdido una triste cartera? Hay quienes perdieron la vida y no dicen nada…”

Huelgan comentarios.

López Méndez era locutor del programa en que actuaba el conjunto de cancionistas “Las Cuatro Sotas”, que dirigía el compositor Pepe Domínguez. Casi al final, después del consabido comercial, dijo: “Como número siguiente, Las Cuatro Sotas nos cantan el beso Domínguez de Pepe Asesino.” Al darse cuenta del error, corrigió: “Perdón, señoras y señores, el asesino es el beso, el compositor es una persona muy buena e incapaz de matar a nadie. Escuchemos pues, El Beso Asesino de Pepe Domínguez.”

Este lapsus le rindió ganancias pues Pepe Domínguez, por el solo hecho de que López Méndez había dicho que era muy buena persona, lo invitó a tomar unas copiosas en “Farolitos”, pequeña juerga que les amenizó Humberto Rosado, “El Bohemio del Piano”, que era el propietario del acreditado lugar.

Hubo un tiempo en que fue muy popular el dicho de “Cuál es tu iris”. Alonso López Méndez, locutor y productor creativo, organizó un programa de teatro-estudio, con público asistente, al que llamó así: “¿Cuál es tu iris?”.

Los concursantes, previamente inscritos, subían al escenario y Alonso les preguntaba su nombre, escolaridad, y otras cosas por el estilo. En cierta ocasión, al tener frente a él a un participante, le preguntó: “¿Joven, cuál es su iris? Toca algún instrumento, canta, declama; en fin, ¿qué hace usted?” El concursante le dijo su nombre, le miró a la cabeza y se puso a reír. El locutor le preguntó nuevamente: “¿Cuál es su iris?” Nueva mirada a la cabeza de López Méndez y de nuevo otra cascada de risas que ya coreaba el público.

López Méndez, visiblemente contrariado, le dijo: “Joven, estamos contra reloj, el tiempo se nos va acabando y todavía faltan varios concursantes; por última vez, le pregunto: ¿cuál es su iris?” El concursante le volvió a ver la cabeza y le contestó: “¿No lo ve usted? Reírme de los calvos…” y bajó del escenario en una carrera desenfrenada hasta llegar a la calle.

Con el tiempo se averiguó que el concursante había sido enviado por un enemigo de Alonso, cuya cabeza estaba en franca competencia con una bola de billar.

HUMBERTO G. TAMAYO – En cierta ocasión, un periodista dijo que “en EL PROGRAMA DE UN SOLO HOMBRE, había más HOMBRE que en otros muchos programas.”

Creo que tiene toda la razón. Apoyándose en una extensa cultura, increíble memoria y singular ingenio, el popular locutor Humberto G. Tamayo trasmitía todas las semanas dicho programa. Con gran sentido del humor, Humberto se enfrentaba a cámaras y micrófonos en el llamado programa suicida. Cantaba, declamaba, leía correspondencia de los televidentes, se acompañaba él mismo cuando entonaba sus canciones. En fin, ya está dicho: era EL PROGRAMA DE UN SOLO HOMBRE.

Tamayo tenía un caudal de recursos de los que hacía gala cuando la ocasión así lo ameritaba, como aquella en que comenzó a abrir su correspondencia ante las cámaras. “Me escribe la familia Elizondo Nuevo León y me piden les cante ‘Nunca’, de mi paisano Guty Cárdenas; lo haré con mucho gusto”, dijo Tamayo. “También tengo una carta de la familia Villarreal de Coahuila en que me piden les recite El Seminarista de los Ojos Negros. Claro que sí, no faltaba más”, exclamó el locutor. De pronto, al tomar una carta más, quedó sin hablar un “largo segundo”, para enseguida decir con marcado aplomo: “Caramba: había recibido muchas cartas sin firma, pero hoy recibo una firma sin carta. Me escribe Don Imbécil… Muchas gracias, Don Imbécil.”

En la hoja solamente decía, con grandes caracteres: IMBÉCIL.

Cuando se habla del inmenso ingenio de Humberto G. Tamayo, un fuera de serie como locutor y también productor, es obligación ineludible y placentera recordar algunos de sus lemas comerciales, todos creados por él mismo, sin ayuda de nadie, con originalidad tamayesca.

Jugamos limpio… con ropa sucia: Tintorería Clinton.”

Manteca Kuinos… Manteca de cerdos limpios. Empacadora Dosamantes.”

Quien piensa con la cabeza… Nos confía sus pies, Zapatería Roma.”

Vistiendo chicos… Somos Grandes, Casa Zepeda.”

Maternidad Yucatán… Un servicio como manda Dios, Entra una, Salen dos.”

La patria necesita hijos… Haga Patria con colchones América.”

Tamayo se refería, acertadamente, a la anfibología de algunos comerciales como los siguientes: “Tenemos trajes para niños muy bien hechos”; “El más amplio surtido en calzado para caballero rebajado”; “Medias negras para señoras de lana”. ¿Son los niños los que están bien hechos? ¿Es el caballero el rebajado? ¿Las señoras son de lana? ¡Solo el autor lo sabe!

Humberto G. Tamayo fue el ganador en el concurso convocado por la Asociación Nacional de Locutores de México para elegir un lema adecuado. Ese lema, adoptado desde ese entonces por dicha Asociación, dice “Por el derecho de hablar con apego al Derecho” y es muy claro: los locutores pueden decir con libertad todo lo que se les ocurra, siempre y cuando estén respetando la Ley Federal de Radio y Televisión.

En la ceremonia en que se le entregó un Diploma como vencedor, Tamayo dijo, empleando su fino humor y esta vez quizá su verdad, lo siguiente: “Me emociona profundamente recibir de ustedes este Diploma. Estoy tan conmovido que les aseguro que si en este momento me dieran a escoger entre este Diploma y un cheque de diez mil pesos, sin pensarlo dos veces agarraría el cheque… porque estoy muy amolado.”

La filosofía de Humberto G. Tamayo está expresada en más de cinco mil Tamayogramas como éstos:

Con sus dos esposas tuvo, muy mala suerte José. Una, se le fue con otro; la otra, no se le fue”; “Ser persona despreciada por las mujeres da vida, pues cuando una nos da entrada, no encontramos la salida”; “En la calle me encontré y con ternura me vio… si en la calle la encontré, en la calle me dejó”; “Manejé siempre con tino y con mucha precaución… pues los vivos del camino, son los muertos del panteón”; “Blas, que se casó con Paz, lleva una vida que aterra, nunca pensó que una Paz, iba a darle tanta guerra”; “La política es raquítica; la política es diabólica. Me explico por qué a la suegra le llaman mamá política.”

DOS DE RAMIRO GAMBOA – Un grupo de miembros de la Asociación Nacional de Locutores de México fue al Palacio Nacional con el objeto de saludar al Presidente López Mateos, que fue locutor también y quien en ese momento se encontraba en el Salón Embajadores recibiendo las cartas credenciales de algunos diplomáticos. Al regresar a su despacho, el Sr. Presidente pasó cerca del grupo de locutores y, al ver a Ramiro Gamboa, se acercó a saludarlo efusivamente. Mientras aguardaban para ser recibidos en el Despacho Presidencial, algunos compañeros comentaron con Gamboa: “Caray, Ramiro, ¡cómo te quiere el Señor Presidente!” “Sí, es verdad”, respondió el locutor yucateco; “somos muy amigos. El Lic. López Mateos oye todos mis programas.” Durante la entrevista, el Primer Mandatario departió finamente con los hombres del micrófono. Sin embargo, siempre mostró especial distinción hacia Ramiro Gamboa, a quien le preguntó:

– “¿Cómo van los noticiarios?”

– “Bien, Sr. Presidente…”

– “¿Y las películas?”

– “Perfectamente, señor.”

– “¿Qué me dice usted de sus cines?”

– “Bastante bien, Sr. Presidente”, contestó Ramiro, que comenzaba a sentirse inquieto.

El presidente López Mateos hizo otra pregunta: “¿Cuándo comienzan a funcionar sus televisoras?”

– “Pronto, Señor Presidente…”

– “Bueno, señor Barbachano, fue un placer saludarlo”, finalizó el presidente.

Los compañeros de Ramiro, que obviamente habían escuchado el diálogo completo con la boca abierta, tuvieron que cerrarla para contener la risa que les había producido al darse cuenta que, por el parecido físico de Ramiro Gamboa con el distinguido Manuel Barbachano Ponce, el Primer Mandatario había sufrido una lamentable equivocación: López Mateos creyó en todo momento que Ramiro Gamboa era Barbachano Ponce.

Dos gazapos de Ramiro: El texto decía “Señora, haga de su casita un rinconcito amable.” El locutor, encarrerado, leyó: “Señora, haga de su COSITA, un rinconcito amable.”

El anuncio decía claramente: “Nieto escoge, usted elige” El locutor dijo: “Nieto es cojo y usted es lija”.

Contaba Ramiro que en cierta ocasión María Félix estaba de muy mal humor antes de comenzar a grabar un programa.

– “¿Qué pasa? ¡Así no se puede trabajar!”, exclamó La Doña. “¡Hay demasiado ruido en este estudio! ¡Además, ese señor! ¡Me está mirando como un idiota! Que se salga, si quiere verme ¡que vaya al cine!

El aludido dio media vuelta y se fue.

– “Y ahora, ¿por qué no comenzamos?”, inquirió María Bonita.

– “Pues porque acaba usted de correr al técnico de grabación y me imagino que necesita grabarse lo que usted diga en el programa.”

María Félix sonrió muy apenada y olvidó su mal humor.

Estas anécdotas, así contadas, quizá no tengan el efecto deseado. Lo tuvieron, eso sí, en el momento y lugar que sucedieron. De cualquier forma, las presento a la consideración y benevolencia de ustedes, amables lectores, para más que nada recordar con cariño y respeto a Alonso López Méndez, hermano del Vate Ricardo, al ingenioso y siempre versátil Humberto G. Tamayo, al fino y siempre sonriente y amable Ramiro Gamboa, y como un reconocimiento al genial y extraordinario Emilio Esquivel Puerto, otra de las grandes glorias de la locución yucateca, aporte de gran calidad a la radiodifusión nacional.

Todos ellos fueron grandes en vida y lo siguen, y seguirán siendo, por su luminosa trayectoria y el ejemplo que fueron para quienes ejercen el duro trabajo de la radio y televisión.

[Continuará la próxima semana]

Rubén Eloy Ocampo Escamilla

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