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Un Bravo Nuevo Mundo

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Fachada de la Suprema Corte de Justicia de la Nación

El título no es una referencia al libro homónimo de Aldous Huxley, o al disco del mismo título de Iron Maiden, no. Es nuestra opinión de México desde la imposición de las nefastas políticas del gobierno «transformador» de nuestro país: la de apapachar delincuentes en vez de aplicarles el peso de la ley, la de solapar corruptos y actos de corrupción, la de llenar todos los niveles de gobierno de personajes que presumen 90% idolatría y 10% eficiencia, la de tirar carretadas de dinero a obras que solo benefician a sus constructores y a sus administradores (el ejército), mientras se niegan o cancelan recursos a la salud y la educación.

Desde el 1º de septiembre vicariamente asistimos a la más reciente de sus hazañas: “reformar el Poder Judicial a partir del voto del Pueblo”. El subconsciente es traicionero y el ministro en retiro Arturo Zaldívar, el principal impulsor, califica esto como un experimento, en lo cual tiene toda la razón.

Como resultado de un cuestionadísimo y correteado ejercicio electoral, miles de nuevos solones han sido designados para impartir justicia en México; muchos de ellos ni siquiera saben a qué juzgado fueron asignados, mientras otros recibirán un curso exprés de 5 días para desempeñar sus labores, lo que demuestra una característica más de la administración transformante: no se toman el tiempo de analizar los alcances de sus cambios, mucho menos cómo aplicarlos.

Los tiempos de la justicia a modo y al alcance del mejor postor los vivimos cuando la hegemonía tricolor de siete décadas, que llegó a su fin cuando la madurez de los votantes así lo dispuso, cansados de tanta politiquería.

Ahora, esos mismos tiempos revolotean de nuevo cuando en puestos claves fueron “electos” los ahora llamados ministros del acordeón, figuras con inmensa cola e historial cuestionable que están plenamente identificados con el movimiento moreno, con lo cual la certeza jurídica, objetividad e imparcialidad de todos sus actos y sentencias entra automáticamente en tela de juicio.

Las señales de la discordancia morenista que pronosticamos en esta columna cada vez son más evidentes. Los arrebatos y fútiles explicaciones sobre sus haberes, desplantes y riqueza económica del ahora expresidente del Senado Fernández Noroña se unen a las de Andy, el hijo del desaparecido mesías tabasqueño, a las de la diputada Dato Protegido y su diputado esposo, sin olvidar los salarios de los impreparados asesores de la ministra Batres, o las pretensiones del clan Monreal para seguir colgados de la ubre presupuestal.

A pesar de todo, hay que aplaudirle a la presidenta Sheinbaum las acciones contra el huachicol y el fentanilo, dejando cada vez más percudido el pañuelo de aquel que promulgó urbi et orbi que no existía ni uno ni el otro.

Ahora esperamos que la presidenta aplique la ley contra los corruptos que solaparon el estado de postración que guarda el Estado ante los criminales, al mismo tiempo que restaña la seguridad y paz que todos merecemos.

Ojalá…

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