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Hace once años, nuestro Director General celebró con el equipo de Diario del Sureste el lanzamiento al ciberespacio de esta página el 20 de noviembre de 2014. Con 2.65 millones de visitas orgánicas, infinidad de experiencias, cambios de formato, colaboradores, temas, letras, su visión persiste y nos acompaña al iniciar un año más de labores.
Diario del Sureste continúa siendo un vehículo cultural en el que son bienvenidos todos aquellos que tienen algo que decir, donde son bienvenidas diversas opiniones, todas con una aspiración común «urbi et orbi«: contribuir a un mejor entorno.
Mucho ha cambiado en este tiempo, muchas cosas buenas han sucedido, otras no tanto. Desde nuestra perspectiva, Diario del Sureste sigue siendo fiel a ese noble fin de elevar el nivel cultural en todos sus lectores, compartiendo una visión del Mayab, a sabiendas de que somos ciudadanos del mundo, de que el conocimiento y la educación son llaves de toque para crear una mejor sociedad.
Reciban nuestro agradecimiento todos nuestros lectores, acompañado de un reconocimiento a nuestros colaboradores por sus pensamientos traducidos en aportaciones.
Bienvenidos a nuestro duodécimo año.

Muchos de nosotros leímos “La Noche de Tlatelolco”, de Elena Poniatowska, un registro tanto de testimonios como de fotos de aquella aciaga tarde-noche del 2 de octubre de 1968. Algunos no olvidamos la amarga sensación que nos dejó participar así del horror que vivieron tantos jóvenes en ese día.
Esa misma sensación nos quedó después de observar el accionar del equipo de granaderos de la Ciudad de México –esos mismos que la actual presidenta Sheinbaum había desaparecido cuando gobernó la metrópolis– este pasado 15 de noviembre, al observar y escuchar a niños y jóvenes afectados por el gas lacrimógeno, sollozando, sus rostros aterrorizados ante la violencia que los rodeó.
Aquellos que salieron a protestar por la indolencia y abrazos con que los criminales han sido tratados desde hace siete años por el gobierno de Morena lo hicieron, demostrando así su hartazgo ante la fallida estrategia gubernamental que no solo no ha restaurado la paz y tranquilidad, sino que ha sido rebasada por la violencia que han desplegado los narcos, ejecutando autoridades, jóvenes, niños, y a quien han querido, viviendo bajo el manto de la impunidad y contubernio con políticos.
Lo que era una manifestación pacífica a lo largo de las calles que conducían al amurallado Zócalo, devino en un violento zafarrancho entre las fuerzas del “orden” y los mismos encapuchados que en cada manifestación en la CDMX hacen de las suyas, sin que uno solo resulte encarcelado, el llamado Bloque Negro.
Haciendo a un lado el mal sabor que dejaron esos testimonios, y lo peligrosa que resultó la represión, con esta manifestación la Generación Z dejó en claro que su malestar es compartido por muchos ciudadanos, que los jóvenes son capaces de organizarse y no están dispuestos a quedarse callados, y que su movimiento está flexionando sus músculos.
Por otro lado, el gobierno federal y el de la Ciudad de México demostraron supina intolerancia, aquel descalificando de antemano, este último reprimiendo violentamente a ciudadanos que tienen todo el derecho de manifestar su descontento ante las políticas de gobierno. Al actuar como lo han hecho, han fortalecido el movimiento, y ahora deberán asumir la responsabilidad por sus actos.
Este gobierno federal lleva poco más de un año y la cantidad de incendios que le está tocando atender, aunados a su inhabilidad/indolencia para solucionarlos, no vaticina nada bueno. Tampoco ayuda que no demuestre apertura, humildad o disposición de unir a los mexicanos, empeñado en continuar sembrando división.
La Generación Z ha convocado a una nueva manifestación para el 20 de noviembre. Que la cordura y la paz acompañe a todos.





























