Perspectiva: Protestas y Más Protestas

By on mayo 26, 2016

PERSPECTIVA

Locura: hacer lo mismo siempre, esperando resultados diferentes”

-Albert Einstein

Mientras escribo estas líneas, “profesores” de la CNTE han bloqueado el acceso al aeropuerto de Oaxaca, exigiendo “diálogo”; los padres de los 43 normalistas de Ayotzinapa bloquean varias vialidades en su recorrido por varias embajadas, inconformes por los avances en la investigación; la alcaldesa de Chenalhó renunció debido a protestas bajo la consigna de respetar “usos y costumbres” de los que pidieron su salida, facilitando la liberación de diputados que habían sido secuestrados por los protestantes; otro grupúsculo de “profesores” de la CNTE ha tomado posesión de un nuevo parque en la Ciudad de México, en espera de ser atendidos por el Secretario de Gobernación; los candidatos a gobernadores en varios estados juegan a ver quién denuesta más, y a quién le ven menos el cobre; en Mérida, los “angelitos” de la FUTV han cambiado su postura de “competencia” ante Uber, sustituyéndola por “madrizas” a los choferes, siendo apapachados por el secretario de gobierno estatal; por múltiples lares aparecen un día sí, y otro también, muertos, ejecutados, con “Escudo” y sin “Escudo” de por medio.

Vivimos tiempos violentos, sin duda.

¿El elemento común en todo lo anterior? La ausencia de autoridad, la ausencia de aplicación de la ley, el poco respeto que se tiene a los políticos y funcionarios, y hasta a los representantes de la ley. En la mayoría de los casos, ese respeto se ha perdido ante el cinismo y valemadrismo que abundan en las (re)cámaras de diputados y senadores – preocupados principalmente en rascarse para dentro –, ante la ausencia de penas que inhiban la delincuencia, ante el desastroso estado que guardan los aparatos de procuración de justicia. La lista de razones crece ad nauseaum todos los días, conforme nos vamos enterando de más hazañas de estos desvergonzados personajes. En todos los casos se privilegian los beneficios de unos cuantos sobre los de la mayoría.

¿Cómo vinimos a dar a este punto? Todos tenemos una explicación, muy válida tal vez, nacida a partir de nuestra experiencia. Sin embargo, creo que coincidirán conmigo en que lo verdaderamente importante ahora es encontrar la manera de revertir toda esta podredumbre que nos rodea y que amenaza con reventar la paz social en esta nuestra convulsionada patria.

El problema, como he explicado anteriormente, es que los encargados de diseñar las soluciones en muchos casos no tienen la capacidad para ocupar los puestos que ocupan – puestos que recibieron en “premio” o en franco contubernio con quienes los pusieron ahí –; en otros casos, no comprenden la magnitud del problema porque no saben cómo analizarlo, y tampoco parecen saber que mientras no se determine la causa raíz – aquello que originó el problema – es imposible diseñar una solución definitiva y determinante.

Generaciones de políticos se han encargado de vivir a nuestras expensas, permitiendo que la indefinición y sus intereses prevalezcan sobre lo que en realidad es crítico: la reparación del maltrecho tejido social en el que nos desenvolvemos.

Es imposible avanzar intelectualmente cuando no se han cubierto las necesidades básicas de un ser humano; únicamente alimento puede aliviar el hambre, como una casa las necesidades de techo, como un ingreso las necesidades de subsistencia de una familia. Mientras existan mexicanos con hambre, mientras no haya mejoría económica que se traduzca en más ingreso en nuestros bolsillos, mientras no cubramos nuestras necesidades básicas, mientras no regresemos a lo básico, todo lo demás viene a ser una tiradera fenomenal de dinero en la que, para variar, los únicos ganadores son los de siempre: los políticos y sus compinches.

¿Qué tal si comenzáramos por reducir el número de buenos para nada en la cámara de diputados, reduciendo su plantilla de 500 a un múltiplo de 32 (se me ocurre, por ejemplo, inicialmente 320)? ¿Y qué tal si de los 128 senadores nos quedáramos únicamente con la mitad? ¿Se imaginan cuánto dinero se podría entonces dirigir a otras áreas mucho más críticas que requieren atención?

Insisto en que está grabada a fuego en mi mente la oferta que hizo en campaña el actual presidente de nuestra nación de reducir en 96 el número de diputados. Evidentemente se le ha olvidado su promesa. Habría que recordársela.

Desde esta perspectiva, para romper la inercia, para avanzar, necesario es dejar de hacer lo mismo de toda la vida. Aquellos que sigan con la misma cantaleta de siempre sencillamente hay que ignorarlos; aquellos que prometen grandes cambios sin decir cómo lo lograrán son igual de mentirosos.

Pensemos diferente, y actuemos diferente.

Digo, si es que ya estamos cansados de lo mismo. Yo ya lo estoy…

Gerardo Saviola

gerardo.saviola@gmail.com

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