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Perspectiva: Juegos Olímpicos Río 2016

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Juegos Olimpicos Río 2016_portada

Si las miradas mataran, probablemente lo hicieran, en los juegos sin fronteras, guerra sin lágrimas”

  • Games Without Frontiers, Peter Gabriel

Desde el 3 de agosto se vienen celebrando en Brasil los Juegos Olímpicos en su edición trigésima primera. Aprovechando parte de la infraestructura que se construyó para la Copa Mundial FIFA del 2014, y usando el boom económico que su nación presentaba hace algunos años, Ignacio Lula consiguió que Brasil fuera elegida como la sede de estos juegos, siendo esta la primera ocasión en que unos Juegos se llevan a cabo en Sudamérica.

La inauguración fue grandiosa, llena de imágenes y coreografías de todos tipos, muy modernista, y con un fuerte contenido social y ecológico, al reconocer Brasil a sus favelas, y llamarnos la atención sobre la acumulación de CO2 que estamos generando en el planeta, lo que ha logrado que aumente la temperatura global cerca de 0.3° cada década desde la de 1970. Como referencia, estamos hablando de que, de continuar así, en 100 años estaría desapareciendo Río de Janeiro, sumergida bajo las aguas creadas por el deshielo. En lo que a nosotros toca en Yucatán, si desaparece Río de Janeiro por los motivos anteriores, también nuestra península estaría sumergida en las aguas del Caribe, puesto que la altitud de ambos lugares es prácticamente idéntica. Fue, pues, una llamada de atención para todos los asistentes. ¿La solución? Plantar más árboles, para que ellos combatan las emisiones de CO2, y que nosotros dejemos de usar tanto combustible fósil.

Sobre las competencias que desde hace más de una semana se llevan a cabo, no dejan de sorprender los deportes que han sido incorporados a la agenda olímpica – rugby sevens, golf –, y el grado de globalización de los atletas en las distintas disciplinas. Cada vez más asistimos a una desconcentración de las medallas que antes eran prácticamente de la propiedad de los Estados Unidos, Rusia y China, que ahora ven a competidores húngaros, latinoamericanos, serbios, coreanos, australianos, sudafricanos, belgas y de otros países competirles de tú a tú cada competencia. Citius, Altius, Fortius en verdad.

Mientras tanto, nuestros competidores mexicanos no desean ser exigidos, no le deben “nada a nadie”, no desean que nos hagamos expectativas con respecto a la obtención de medallas y, en general, nos salieron prácticamente con un “den gracias que vinimos”. Muchos de ellos dan pena en su desempeño, derrumbándose ante la presión, tirando por la borda años de preparación y de inversión. Un ciclista de ruta nos salió con la peregrina excusa de que “el calor y la humedad eran espantosos”, y por eso ni siquiera acabó: se retiró de la competencia. ¿Cómo es posible que no supiera el competidor mexicano cuál era el clima de la sede donde sería su competencia, si éstas se anunciaron desde hace muchos meses – si no es que años – y muy bien pudo encontrar un clima similar en nuestra nación para foguearse y entrenar? Otra arquera nos salió con que “el viento nos jugó una mala pasada”, y pregunto: ¿no las competidoras chinas estaban en el mismo local, sujetas a las mismas condiciones meteorológicas y al mismo viento, y aun así supieron sobreponerse a todo para vencer a nuestro equipo azteca que las tuvo en un puño, pero no pudo con la presión? Los boxeadores mexicanos eliminados se dijeron “ultrajados” en sus combates por los solones, cuando no supieron soltar los puños, mucho menos establecieron una actitud combativa que los hiciera destacar.

Ejemplos de excusas como las anteriores vamos a escuchar de muchos de nuestros atletas en las dos semanas que nos quedan, y todas apuntan hacia lo mismo: la preparación de nuestros deportistas sigue bajo el dominio de políticos advenedizos, o de deportistas que olvidan serlo para convertirse en políticos y, como tales, tan solo buscan cómo ganar mucho dinero, sin preocuparse por entregar resultados que nos enorgullezcan como nación. Por otro lado, algunos de esos atletas evidentemente no tienen hambre de triunfo, ni sienten compromiso con su país. No han logrado superar su mediocridad. ¿Por qué entonces seguir invirtiendo en ellos? ¿No sería mejor llevar “pocos pero selectos”?

Si pensamos que estas actitudes y problemas solo se presentan en la CONADE, el Comité Olímpico Mexicano, y en las Federaciones Mexicanas de los diferentes deportes – que nomás no rinden cuentas de cómo gastan los recursos que reciben, mmm, como si fueran políticos –, estamos equivocados: ¿alguien lleva la cuenta de cuántos regidores de Deportes ocupan el puesto en nuestra ciudad de Mérida durante un trienio, y de qué resultados presentan, cuántos atletas logran desarrollar? ¿Y qué planes consistentes llevan nuestros atletas yucatecos que les permitan acceder a estos grandes escenarios mundiales, a pesar de lo festinado de sus medallas en las competencias nacionales durante los últimos dos sexenios? ¿Cuántos de ellos además de Rommel Pacheco, Karen Achach y nuestro sempiterno velerista David Mier y Terán hemos visto crecer y, más importante aún, sostenerse en la cima?

Desde esta perspectiva una vez más, y siendo aplicable a nuestro país en todos los ámbitos, el problema es de planeación y de continuidad. Mientras no haya un capitán que defina la meta, los pasos que se requieren para llegar a ella, y que luego trabaje consistentemente para ello apoyándose en otros que estén igualmente comprometidos, seguiremos disfrutando los Juegos Olímpicos a la distancia, emocionándonos con los logros de otras naciones con mucho menor presupuesto (como ejemplo, vean los resultados en natación de El Salvador, y la medalla de oro de Colombia en halterofilia), pero con mucha mayor idea de lo que se requiere para ser un verdadero atleta, de lo que se requiere para llenar de orgullo a un país.

Gerardo Saviola

gerardo.saviola@gmail.com

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