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Mérida de mis recuerdos, Cuadro Cuarto

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Teatro Yucateco

Aristeo Vázquez Delgado

 

Mérida de mis recuerdos

Revista regional y de evocación

 

CUADRO CUARTO

 

Representa varios edificios de las Ruinas de Chichén. Es de tarde. La escena a media luz. Entran con algún misterio el PROFESOR, TEODOSIO, RAMONA Y PASTORITA y de último HONORIO que viene visiblemente cansado.

 

HONORIO: ¡Qué barbaridad, cuidao que me he cansao caminando entre estas xla piedras, lakeex! En mi pueblo camino hasta ocho leguas y ni lo siento,

RAMONA: (Asustada.) ¡Chuch, qué bonito está todo esto!

PASTORITA: ¡Machis, que casas más grandotas!

PROFESOR: Desde aquí pueden contemplar la que fuera madre y señora de las ciudades del antiguo Mayab.

TEODOSIO: ¡Qué hermosura! ¡Qué suntuosidad! ¡Qué bello es palpar con los ojos lo que nos dicen los libros!

HONORIO: Oye Profe ¿y estas casas tendrán lo menos cien años?

PROFESOR: Anda Teodosio, explícale a tu papá eso que pregunta.

TEODOSIO: Papacito, esos edificios que ves, datan de una civilización que se remonta a unos dos mil años o tres mil años.

HONORIO: ¡Machis!

RAMONA: ¡Posible!

PASTORITA: ¡Puchis!

CHETO: ¡Lámparas!

TEODOSIO: Fue un gran imperio que fundaron los Itzáes, una raza de hombres que habían vivido antes en el Petén de Guatemala y que viendo decaer su civilización en aquel viejo imperio, emigraron hasta llegar aquí, en este lugar en donde fundaron un nuevo Imperio Maya.

HONORIO: ¡Ajá!, ¿sí? ¿Y eso quién te lo dijo?

TEODOSIO: Los libros.

HONORIO: ¿Y quién escribió los libros?

TEODOSIO: Los historiadores ayudados por sabios arqueólogos.

HONORIO: ¿Y ellos cómo lo supieron, lo vieron o son puras mentiras?

PROFESOR: No, Don Honorio, ¿viste aquellos signos que están grabados en aquellas paredes?

HONORIO: Si, aquellos como garabatos.

PROFESOR: No son garabatos; se llaman jeroglíficos y era la manera de escribir de los mayas y por esos signos hemos llegado a saber sus costumbres y las fechas en las que floreció este gran pueblo.

RAMONA: ¡Machis! Y qué trabajo les daría escribir en piedra.

PROFESOR: Escribían con cinceles de pedernal que ellos mismos fabricaban.

PASTORITA: Ah, pos yo creía que escribían con lápiz-fuente.

HONORIO: (Extrañado) ¡Lápiz-fuente! ¡Qué bruta! Si no sabes cómo se llama, mejor ni hables, pues así metes tamaña pata. Se dice: Tinta-lá-piz.

TEODOSIO: Se dice pluma-fuente, papá.

CHETO: Bueno Profe ¿no vamos a ver el cenote? Yo tengo ganas de ver el cenote.

PROFESOR: Vamos allá, vamos Don Honorio.

HONORIO: Maistro, si está muy lejos, yo no voy, ya me cansé a caminar.

PROFESOR: Es necesario que usted lo conozca, es la parte principal de estas Ruinas. Se cuenta que en este Cenote Sagrado los Mayas ofrecían a sus Dioses a jóvenes mujeres, vírgenes, símbolos de castidad y pureza que arrojaban al Cenote, como ofrenda al Dios de la Lluvia..

HONORIO: ¿Para qué hacían eso?

PROFESOR: Para que el Dios les mandara lluvia.

CHETO: ¿Y llovía?

PROFESOR: Al menos así lo creían. Tal era el grado de fanatismo de aquella raza que le tenían terror a todo lo que no podía explicarse: al trueno, al rayo, al eclipse, al huracán y creían que con estos sacrificios calmarían la ira de sus dioses.

 

HONORIO: ¿Y de tantas cosas que se botaron no ha habido uno que las saque? PROFESOR: Un señor llamado Míster Thompson revolvió las aguas de este cenote y dicen que sacó del fondo joyas valiosas que mandó a su tierra.

HONORIO: ¿Y qué nos dice usted de esa leyenda que dice que en las noches se ven aparecer en este cenote varios fantasmas que gritan, lloran y creo que hasta bachatean?

PROFESOR: Si Don Honorio; dice la leyenda que en ciertas épocas del año, en noches obscuras y tempestuosas, ojos humanos han visto emerger del cenote, sombras blancas que se cree son las almas de las doncellas que fueron arrojadas al fondo.

CHETO: Pues vamos a verlo, vamos.

TODOS: Vámonos. (Caminan.)

RAMONA: Ea, Pastorita, que se agarren bien de las manos porque dicen que estos cenotes son muy resbalosos. (Hacen mutis con mucho misterio y así cae el…)

 

Telón

 

 

Un rincón de un parque o una avenida. Al alzarse el telón, el PROFESOR solo.

 

PROFESOR: ¡Mérida linda, Mérida de mis recuerdos! ¡Cuántas horas iguales a éstas pasé en estos mismos sitios rodeados de mis compañeros de colegio y de mis camaradas de profesión! ¡Mérida blanca, qué transformada te encuentro después de algunos años de ausencia! (Meditación.)

HONORIO: (Entrando) ¡Hola Profe! Hace rato que le ando buscando a usted; hasta que creí que nos había usted abandonado yendo al pueblo sin que nos dijera nada.

PROFESOR: No Don Honorio; vine a este sitio para estar solo con mis recuerdos. HONORIO: Bueno, pero no se empiece usted a poner triste, porque a mí no me gusta verlo a usted así.

PROFESOR: Precisamente triste, no; es que al venir aquí, vienen a mi memoria las horas agradables que pasábamos viendo el ir y venir de las lindas muchachas que concurrían al templo de la Tercera Orden; de mañana para la misa de cinco, al mediodía, para la misa de once y en la tarde para el rosario. ¡Y había que ver aquellas señoritas; todas vestidas con sobrada decencia: los vestidos que casi arrastraban las mangas de los vestidos hasta aquí ( ); blancas, limpias, siempre oliendo a polvillo de cascarilla…! ¡Cuándo una muchacha iba a ir sola a la iglesia, no señor, la mamá iba con ella llevándola de la mano y si acaso tenía novio, éste guardaba media esquina de distancia, pescando hasta esa distancia alguna seña de la mujer amada!

HONORIO: Casi, casi como se hace ahora: la pareja a media esquina y la pobre vieja a otra media esquina y hay que ver los trajecitos que se tallan… Bueno, pero vamos que se nos hace tarde.

PROFESOR: ¿Y nos vamos a pie?

HONORIO: No hombre, en la esquina tomamos la huahua.

PROFESOR: Ah pues entonces no voy, porque no tengo asegurada mi vida. ¿Cuándo, cuándo como la época en que se encontraba Mérida surcada por sus hermosos carritos…?

HONORIO: ¿Eran eléctricos?

PROFESOR: Carritos de mulas… ¡Esos si eran carritos! ¡Cuándo ibas a ver a una dama de pie, todos se levantaban para cederles su lugar…!

HONORIO: Pues ahora es distinto, porque si la señora se pone peseta entonces es peor. Ya vio usted lo que pasó en la huahua de Chichén: una señora que iba parada dijo recio para que la oyera alguien y le cediera su lugar: “Ay aquí no hay educación. Entonces un hombre de esos muy mal carados le dijo: “Señora, lo que no hay aquí es lugar”.

PROFESOR: ¡Cuándo como en el tiempo de los carritos de mulas, como le decía a usted!

(Se apaga la luz y aparece un carrito de la época de la compañía de tranvías, ocupado por varios pasajeros. En este cuadro puede acomodarse algún número de variedad, como coplas, críticas, pregones, etc., etc. Y…)

 

Telón

Compilación de Fernando Muñoz Castillo

 

Continuará la próxima semana…

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